Por Ramiro García Morete

“Pasaron miles de años desde aquel año pasado/pero pasó tan rápido para mí”.  Una canción por día. A comienzos de la cuarentena, Maxi creyó que grabarse y subirlo a una red social era un buen plan. Pero hacer planes es la mejor forma de hacer reir a Dios, dicen. La noche que se anunció la primera de las tantas prolongaciones quincenales, entendió que iría para largo. Al igual que  tantos extrañaría los encuentros. Como lo venía siendo “La Plata Underfolk”, ciclo de cancionistas que venían llevando adelante junto a Nicolás Appolloni y  Mario Nazar.     Al menos tenía en su casa de Los Hornos un pequeño home studio, del cual nacería su disco artesanal “La Espera”. Al escucharlo, ambos amigos por separado le propondrían hacer “algo”. El grupo de whatsapp otrora ligado a armar pequeños shows, devendría en un pequeño laboratorio creativo donde intercambiarían canciones, dos casa uno para ser específicos. Inicialmente la premisa sería intervenir sutilmente el tema del otro. Y a pesar de que Nazar y Appolloni  no contaban más que con un condense inalámbricos, decidieron respetar el confinamiento. Pero la fluidez y conexión lograda confluiría en un álbum breve y casero pero consistente. Con la canción acústica como base, moviéndose entre las coordenadas de que eso que llaman “americana” ( folk, western, rock), mezclando acústicas con armónicas, banjos, slides y  percusiones. Abordando diversos tópicos atravesados por el aislamiento: desde  la amistada en “Vas a venir” hasta la sobredosis virtual en “Era digital”, pasando por la ansiedad  (“Las espinas”) hasta el existencialismo (“El telón”), el nombre del álbum no solo bautizaría un proyecto de álbum sino un flamante grupo. Que anhela poder presentar estas canciones en un futuro no tan lejano o quizá producir nuevo material. Es todo incertidumbre en un mundo cada vez más extraño. Pero hay una certeza: la música será siempre el mejor refugio para Los Días Raros.

Yo creo que el resultado son seis canciones de las que estamos orgullosos- introduce Cabelli-. Es un disco que tiene varias aristas porque cada uno de los tres viene de diferentes palos, diferentes influencias. Del lado de Nico salieron dos canciones clásicas, arpegiadas. Mario su lado más blusero y rockero. Yo de mi lado más cancion rock O  mezcla de folk y rock. Tamos contentos porque lo hicimos a distancia, no nos vimos las caras y suena bien”.

Si bien Cabelli se encargó de la mezcla, edición y master, “el disco está producido por los tres. En mi casa me armé un home studio, tengo algun equipamiento más que los chicos. Fui probando sobre lo que los chicos mandaban. Tuvimos la libertad de cada uno entrara en  la canción del otro. Por ahí yo mandaba la canción con dos vueltas para que ellos hagan lo que sea y surgía un riff con el slide, el tema toma una forma que si cada uno la hubiese hecho solo y producido. Casi todo lo que nos mandábamos quedaba.  Hubo un feeling. No fue por compromiso, casi todo nos gustó”.

Por supuesto, “es un disco emocionalmente atravesado por el contexto.  Las canciones  y el nombre surgieron en cuarentena. Apenas dos llamadas, pero muchísimos mails, intercambiando ideas En un momento pensamos en juntarnos un día, pero dijimos: no hagamos boludeces, si nos estamos ciudadano. Y que salga como tiene que salir”.

El proyecto superó lo musical: “Fue un espacio donde depositar ansiedades, los estados de humor. Somos tres personas que nos hicimos amigos de grande , Muy diferentes. Hablábamos de música y todo un poco. Fue un refugio… Aparte conocernos como músicos. No habíamos tocado juntos, asi que fue sorprendernos con lo que mandaba el otro. Fue  espació que nos ocupó la mitad de esta cuarentena, que nos mantuvo despiertos y conectados entre nosotros y con el arte.

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