Por Ramiro García Morete

“Si sabemos que todos podemos perder, ¿cuál es el riesgo que podemos correr?”. La carpeta, que en algún drag and drop fortuito perdería en la papelera de reciclaje, se llamaba “La tensión absurda”. En verdad tenía que ver con las líricas de aquellos bocetos y no tanto con la inesperada conjunción de ritmos latinos y la sofisticación pop. Tampoco con cierta frustración respecto a su banda, la devolución ante un material de calidad pero disruptivo y cierto tiempo o deliberaciones que infiere el trabajo colectivo. Lo cierto es que en aquellos primeros experimentos de Ableton –con Pedro Lacunza como profesor– habitaba una necesidad de expandirse.

Expandirse –término que usará constantemente– es lo que le ocurriría a su infantil cabeza al escuchar “Don´t look back in anger” de Oasis en lo de un amigo y necesitar tocar la criolla de su abuela, esa ex profesora de piano que había perdido las ganas por la música. A decir verdad, en la casa de barrio norte con padres contadores y hermanos bastante más grandes –que estudiarían economía, derecho e ingeniería– no había tanta música. Sí estaban los Beatles, junto a su madre. O aquellos compilados que sonaban en los viajes familiares al sur y que por su tendencia a sentir náuseas, le haría asociar durante años el rock nacional con el vómito.

Algo que cambiaría para el adolescente fan de Blink 182 y de basarse en quintas y octavas sin tantas preocupaciones armónicas, al escuchar El Mató. La sensación de que “se puede hacer rock que me guste en castellano” se acentuaría con su descubrimiento de Cerati. Al punto de hacer no mucho después su propias canciones, oscuras y atmosféricas, entre el post punk y el indie, al frente de 2001.

Nacido muy poco antes de aquel simbólico año en el que nuestro país vivió una odisea, atravesaría como todes este extraño 2020. La pausa de la banda y del mundo lo llevarían de vuelta a su pc y también a Pedro, ya como productor. La velocidad bajaría hasta en los beats por minutos, dejando atrás 130 de la banda para llegar a un 95. Pero no desde la calma, sino desde la necesidad bailable que ya había despertado en él la escena de rock electrónico platense. Tras algunos cortes solistas llega entonces “Mancha solar”, donde el dem bow reggaetonero se fusiona con la telecaster y el delay, donde la voz prueba nuevos matices como el falsete o incursiona en el autotune. Y donde Franche recuerda que es necesario tensionar a veces para expandirse luego.

“Lo de lo latino lo fui debatiendo con la banda y también viendo grupos como Peces Raros –introduce el músico–. Me interesaba cuando tocábamos e improvisábamos con ritmos de otra forma el cuerpo, no tan cuadradamente. Y cuando arrancó la cuarentena decidí profundizar todo esto”. Franche retomó aquellos proyectos perdidos y se metió de lleno con la computadora. “Me nació componer desde el beat, para complementar estas melodías. Se terminaba de crear este concepto”. Lacunza (Las Trampas) –mediante reuniones de zoom– se encargó de elevar el potencial: “Profundizó en esta cosa reggaetonera, y me llevó a un lenguaje más electrónico”.

También se percibe una evolución en lo vocal: “Ahí hice un trabajo que no había hecho que es con los coros. Yo siempre venía cantando a los gritos. Me puse en un tono medio y lo agudo se lo dejé a los coros. Y el autotune me sirvió para entender en qué notas le estaba errando. Me expandió”.

“No escuché mucha gente que haya hecho esta mezcla –cuenta–. Y creo que es arriesgado… tampoco estoy diciendo que soy el primero. Me gusta la idea de jugármela. No ir por lo que está saliendo. Pienso qué va a haber después de esta movida electrónica indie, después de todo este trap. Algo tiene que haber… encontrémoslo. Luego de publicar el tema me encontré con artistas que hacen algo similar o tienen cosas en común. Me expandieron el juego una banda”.

Franche compara la experiencia solista con el funcionamiento grupal. “El lenguaje más digital y de sintetizadores es algo que quería experimentar algo más popero que el frenetismo del rock que hacemos. Siendo solista tengo las ideas claras, voy para adelante. A nivel ritmo y claridad estoy mucho más cómodo. Y el laburo con un productor es algo que no habíamos hecho. Es una figura importantísima”. Sin embargo aclara que 2001 está preparando un tema on line: “Va a ser otra cosa, es un proceso más lento pero que está bueno compartirlo”.