Ante la profunda crisis social, política y económica que vive Ecuador, Contexto entrevistó a Pabel Muñoz, un destacado dirigente ecuatoriano que integró el gobierno de Rafael Correa entre 2007 y 2015 y que se desempeña como miembro de la Asamblea Nacional.

¿Cuánto ha cambiado aquel Ecuador que dejó Rafael Correa en 2017 en relación con el actual, gobernado por Lenín Moreno?
Es claramente otro país. En el año 2017 dejamos un país con una senda de desarrollo claramente marcada. En aquel momento Ecuador era uno de los tres países con mejores indicadores en América Latina según la CEPAL. Dejamos un país que estaba segundo en infraestructura, después de Chile. Dejamos un país con la más alta inversión pública desde el regreso a la democracia. Dejamos un país donde el número de pobres había bajado, la brecha entre ricos y pobres también había bajado, y donde el número de la clase media y su nivel de consumo habían aumentado.

Hoy tenemos una realidad totalmente opuesta. En la actualidad, Ecuador es el país de América Latina que menos ha invertido de cara a la pandemia. Tenemos hoy 600.000 nuevos ecuatorianos engrosando la pobreza. Un millón de ecuatorianos están desempleados (en el marco de una población económicamente activa de poco más de 7 millones de personas). El incremento de pobreza, el desempleo y el subempleo es alarmante. Todo ello hace que el contraste entre cómo dejamos el país y cómo lo encontramos hoy sea brutal. El país que tenemos hoy es una pésima copia del país que teníamos en los ochenta y noventa, durante esos años neoliberales.

«Andrés Arauz es hoy un referente del progresismo en Ecuador, y como presidente será un referente del progresismo latinoamericano y se sumará a este esfuerzo que hoy se hace desde México y desde Argentina (y que ojalá también se pueda hacer desde Bolivia) para recuperar el proyecto progresista para América Latina»

¿Cuál es la situación política de Ecuador?
El país se encuentra con un proceso de persecución política reforzado. Recordemos que lo que ha pasado en Ecuador ha pasado en otras latitudes. Pasa y pasó en Argentina, en Bolivia y en Brasil. Desde mi punto de vista, tenemos al menos cuatro aristas de esta persecución política: la administrativa, que funciona generalmente desde las contralorías o jueces de cuentas; la judicial, que funciona desde fiscalía y jueces; la comunicacional, cuando los grandes emporios de la comunicación entregados a las élites de poder sentencian diariamente en sus titulares, más allá de lo que digan los tribunales, y finalmente, el intento de proscripción de los líderes políticos y de sus movimientos. Esto se ha constituido en una receta de «copio y pego» en los distintos países. Así como en Brasil se buscó proscribir a Lula (da Silva) y en Bolivia se busca proscribir a Luis Arce y al MAS, en Ecuador buscan proscribir de Rafael Correa y a la Revolución Ciudadana.

Nosotros hemos presentado la candidatura de Rafael Correa para la vicepresidencia de la República, pero sabemos que la obsesión de no dejarlo participar es tan grande que están violentando la ley, violentando la independencia de funciones, violentando el reglamento que permite que los ciudadanos puedan asumir una candidatura, para impedirle participar.

«Las experiencias progresistas en Bolivia, Ecuador, Argentina y Brasil dejaron una lección muy importante: administrar el Estado no es no es cambiar las relaciones de poder de nuestras sociedades»

En ese contexto, ¿cómo avanza la lucha para que Correa pueda ser candidato?
Cuando existe Estado de derecho, la disputa la dirimen los jueces con base en los mejores argumentos legales. Cuando no existe Estado de derecho, ganan la disputa legal los operadores de la persecución política.

Nosotros hemos dado la batalla legal en todas las instancias necesarias, pero en Ecuador no existe Estado de derecho, por lo cual no gana el que tiene la ley de su lado, sino el que tiene el poder de su lado. Por eso, por ahora, se está imponiendo la tesis del gobierno como el principal operador de la persecución política.

Vamos a seguir peleando hasta último minuto. Entre la noche de este jueves y el viernes tomaremos una última decisión, la cual será que el terreno jurídico nos permite continuar con Rafael en la papeleta o, eventualmente, advertir el riesgo que tenemos y, por lo tanto, la decisión sería que sea nuestro candidato presidencial (Andrés Arauz Galarza) el que asuma la posta única para las elecciones de 2021.

A quiénes desde Argentina no lo conocen, ¿cómo les explicaría usted quién es Andrés Arauz?
Andrés Arauz será el presidente más joven que tendremos los ecuatorianos. A los 35 años será presidente de la república. Será un presidente con altísimo nivel de conocimiento y preparación sobre los temas económicos. Será un presidente que va a retomar nuestro proyecto de desarrollo. Un proyecto de desarrollo que tienen características parecidas a la que tuvo y que ahora vuelve a impulsar Argentina; un proyecto de desarrollo nacional y popular. Nuestra apuesta es que todo el país crezca, que todos los sectores puedan estar en una senda de desarrollo, pero amando a Ecuador, con el sector privado invirtiendo en nuestro país, generando empleo, aumentando la riqueza de los ecuatorianos y no invirtiendo afuera, ni fugando el dinero o aumentando la riqueza de los paraísos fiscales.

Andrés Arauz será un presidente convencido de que el aparato productivo, el aparato bancario financiero, la educación superior y la ciencia y la tecnología deben estar en procura de aumentar el bienestar de los ecuatorianos y las ecuatorianas.

Andrés Arauz es hoy un referente del progresismo en Ecuador, y como presidente será un referente del progresismo latinoamericano y se sumará a este esfuerzo que hoy se hace desde México y desde Argentina (y que ojalá también se pueda hacer desde Bolivia) para recuperar el proyecto progresista para América Latina. Un proyecto que tiene como objetivo que las decisiones públicas beneficien a las grandes mayorías y sirvan para su bienestar y su prosperidad, y no solamente para las minorías acomodadas de nuestros países.

«En la actualidad, Ecuador es el país de América Latina que menos ha invertido de cara a la pandemia. Tenemos hoy 600.000 nuevos ecuatorianos engrosando la pobreza. Un millón de ecuatorianos están desempleados (en el marco de una población económicamente activa de poco más de 7 millones de personas). El incremento de pobreza, el desempleo y el subempleo es alarmante»

La figura de Lenín Moreno parece totalmente desgastada. ¿Hoy la derecha tiene un candidato para enfrentar a la Revolución Ciudadana?
La derecha tiene malos candidatos, pero tiene secuestrado al poder político del Estado. La derecha tiene malos candidatos, pero monopoliza el poder económico. La derecha tiene malos candidatos, pero son los dueños de los medios hegemónicos de comunicación. La derecha tiene malos candidatos, pero articula con la lógica imperial que se cierne sobre el continente. La derecha, en términos de candidatos, no tiene nada, pero tiene todo lo que es útil para esos candidatos.

¿El progresismo, la izquierda, los sectores nacionales y populares, hoy se encuentran unidos para enfrentar a esa derecha?
Todavía es necesario un trabajo arduo para ello. Un trabajo que hay que hacerlo de cara a las elecciones y también luego de ellas.

Las experiencias progresistas en Bolivia, Ecuador, Argentina y Brasil dejaron una lección muy importante: administrar el Estado no es no cambiar las relaciones de poder de nuestras sociedades. Si volvemos a ser gobierno debemos administrar el Estado y cambiar las relaciones de poder de nuestras sociedades. Esto implica poner en primer lugar a «los descamisados», como dicen en Argentina, a los empobrecidos. Lo fundamental es hacer que el pueblo organizado sea el principal defensor de las conquistas que se consiguen a favor de ese mismo pueblo.

En Ecuador cometimos un error de creer demasiado en la institucionalidad. Creímos que el Estado que concebimos y aprobamos con la Constitución de Montecristi (Reforma constitucional de 2008) representaba a la institucionalidad que iba a defender los logros conseguidos en el país en los últimos años. Pero nos demostraron que, cuando el Estado es secuestrado por los intereses corporativos, la institucionalidad es utilizada para defender esos intereses.

La izquierda ecuatoriana tiene los mismos defectos de la izquierda latinoamericana. Mientras el capital y los sectores de la derecha se unen por sus intereses, el progresismo se divide por sus ideales. Este es un momento en que nuestros ideales nos tienen que unir y nos tiene que unir una suerte de claridad y conciencia histórica de que solamente juntos vamos a vencer y solamente juntos vamos a sostener los logros sociales que construyamos desde que seamos gobierno en 2021.

«La derecha tiene malos candidatos, pero tiene secuestrado al poder político del Estado. La derecha tiene malos candidatos, pero monopoliza el poder económico. La derecha tiene malos candidatos, pero son los dueños de los medios hegemónicos de comunicación. La derecha tiene malos candidatos, pero articula con la lógica imperial que se cierne sobre el continente»

¿Cómo vislumbra el camino desde aquí hasta aquel febrero en que serán las elecciones?
A la derecha, ante la falta de argumentos, lo que le queda es la supuesta «venezolanización» de la política. Así atacarán a nuestro candidato. Como no tienen argumentos, lo que les queda es hablar de un supuesto «pánico de los capitales o de los inversionistas».

Para esta campaña electoral, los titulares de la prensa en Ecuador ya fueron escritos. Es un libreto que se repite. Los titulares serán los mismos de las campañas electorales de 2015 y 2019 en Argentina, los mismos que se usaron en Colombia para atacar a Gustavo Petro durante la campaña de 2018, esos titulares ya fueron escritos en Bolivia para perjudicar la campaña de Evo Morales en 2019 y de Luis Arce ahora. Es un guión que se repite en todos los países. Van a decir que nuestro candidato no genera seguridad jurídica, van a decir que espanta a los inversionistas, aquí llegaron a la ridiculez de decir que si en un hogar de clase media hay dos habitaciones y una no se usa, se la quitarán para dársela a un venezolano o un cubano. Ese libreto ya está escrito. Lo que debemos hacer nosotros es enfrentar eso con trabajo, hablarle a la ciudadanía y no a los medios de comunicación y buscar que la confianza se instale en la cabeza y en el corazón de los votantes. Así ganamos ya catorce elecciones y así esperamos ganar esta también.