Por Ramiro García Morete

“No quiero que me muestren el guión/ya no me importa/no quiero más que puro deseo/dejar el pie en el acelerador”. No sabemos si fue en la Ruta 2, ese peregrinaje bonaerense que inicia en la asfixia del cemento y acaba en la redención del mar. Tampoco en Chascomús, donde al borde de su laguna no sólo surgiría una criatura mutante llamada Tobny Houston sino también su propio sello. No sabemos si fue en la casa de La Paternal, allí donde tiene montado su pequeño home studio y una sala de ensayo donde la mitad de los instrumentos son préstamos rotativos de amigos. Será por ello quizá que su sonido varía de una producción a otra. O porque sencillamente no le interesa quedarse atado a ningún género. Ni siquiera a la canción misma si debajo de su formato amable no oculta un gesto disruptivo.

Lo cierto es que en algún punto del camino “me comí la curva”, dirá. “La cuarentena, el aislamiento, la introspección y las decisiones que genera esa introspección”, elucubrará de modo más elíptico. Y luego será directo como una buena canción pop: “Te lo resumo en una frase: me separé de mi pareja, nos tomamos una pausa con la banda y me fui de Lagunera Discos, todo durante un mes de la cuarentena”.

Casi como una reacción física -así lo define- se refugiaría nuevamente en los instrumentos y sobre todo el que considera principal: la computadora. Con el Ableton Live y un simple de los Isley Brothers, daría un nuevo giro a la experimentación solitaria de su primer EP llamado “Domiciliaria”. Entre Frank Ocean y Pappo (humorada que celebra) llegaría el adhesivo pero sincero “Ruta 2”. Un tramo más de un recorrido guiado puramente por el deseo y que se revela andando para Fermín Ugarte.

“Es una canción fundamentalmente melancólica -introduce el músico y productor- pero en la que se puede ver un horizonte mejor. Habla un poco del desapego de las cosas con las que se está más familiarizado y de las que sentís que tenés que alejarte para crecer”. A partir de un sample de “At your best”, de una de las bandas históricas del soul, “se construyó la canción relativamente rápido para pasar por Ebar, un productor amigo que trabaja mucho con la música urbana”. Y cuenta: “No fue premeditado encarar este sonido, pero sí hay un sonido que existe en la canción desde el primer acorde. Me pasa mucho que varío mucho los sonidos, porque no me sale pensar en géneros y ni definirme en un solo estilo. Es algo aleatorio. Por eso me cuesta hablar de lo que hago. El día de mañana podría hacer cualquier cosa”. Y agrega en relación a la canción como núcleo: “Todo lo demás es el exterior, es el disfraz, una eventualidad”.

Sin embargo, sobre esa premisa se revela como una persona muy atenta a la experimentación y las texturas. Según cuenta, muchas veces construye canciones sobre samples que luego no quedan en el corte final. “El sample es un disparador maravilloso -define Ugarte-. Lo que me permite es tener impulsos creativos que sean inesperados, que no sean los lugares o instrumentos que ya conozco. Sample es como una vía rápida hacia encontrar cosas nuevas para uno. Me saca de la zona de confort y me plantea preguntas que pensaba responder con música”.

Respecto a la letra, confiesa que “viene de un lugar muy sentido. Me agarró justo… me comí una curva… un momento difícil, por lo que es una suerte de catarsis. Igualmente a las letras le pongo mucho trabajo. Estoy muy obsesionado en la búsqueda de decir cosas complejas con palabras muy simples. Pero también fue producto de un sentimiento muy claro”.

En sus distintos movimientos, más rockeros o más contemporáneos, siempre hay un sesgo pop. Pero aclara: “Nunca me gusta quedarme en la canción pop standard. De ser así, me perdería de aportar algo nuevo a la ecuación. No hablo de ser innovador, pero sí de romper la fórmula de manual. El pop me gusta pero como herramienta transversal, entendido como popular. Llegar a mucha gente como un caballo de Troya. Es una plataforma agradable al oído para decir cosas que no existen en esas plataformas. Salir del lugar común de ´nena te extraño, nena te quiero” y buscar otros matices con simpleza pero que no se exploran dentro del pop mainstream. Lo mismo de lo musical. Algo sencillo, acotado, con pocos recursos, casi minimalista. Pero en el medio poder deslizar por abajo cosas de la norma. O mismo hacer referencias a otros universos musicales aparentemente inconexos”.

Ugarte dice que piensa todos los días en los shows del futuro. Un poco por la preocupación del sistema explotador de las plataformas digitales que generan que el principal sustento de los artistas sea precisamente lo que hoy faltan: recitales. Y otro por el entusiasmo del set solista que ensayó durante un mes y que mañana a las 22:30 se podrá disfrutar por Alpogo.com, con una puesta de Nipkow, dirigido por Inzomnia Films y producido por Mazorca. “El futuro se ve incierto -cierra-. Pero haremos lo posible para que más que incierto sea prometedor”.