Por Ramiro García Morete

“Cuando la canción deje de ser refugio de mi libertad/tal vez deje de cantar/Cuando la desobediencia ya no contenga dignidad/tal vez deje de protestar/Cuando ya no tenga más para compartir/tal vez empiece a competir”. Después de una década y cuatro discos no querían -dirá- “dejar nada en el tintero”. Con más de treinta años y viviendo en ciudades distintas, si se hace es porque va en serio. Jugársela por algo que no necesariamente es ganar. Pero ¿quién sabe lo que es ganar? Lo cierto es que había tanto para decir y tantas palabras -cada vez más desde aquel momento en que los hermanos se pasaron «El Túnel» o algo de Jack London- qué pensarían en dos lados de cassette.

Como los que César grababa en el Phillips, cuando se quedaba hasta la madrugada escuchando radio. En la casa de Castelli se escuchaba “desde cumbia hasta rock” por parte del padre y “Serrat, Aute, Silvio Rodríguez” por parte de madre. Habría una pequeña fascinación del mayor de los hijos por Soda hasta la explosión Ramones en la década de los ´90. Lo que no había eran instrumentos, aunque es cierto que con unas “guitarritas de plástico o algo así” los tres hermanos ya inventarían canciones desde pequeños.

Por eso sorprendería o no tanto el día que apareció Fernando y de pronto podía tocar “When I come around” de Green Day en la guitarra. Cristian había dejado la Faim Les Paul para probar con un bajo Guild prestado y César acabaría sentándose en la batería Supreme ya que su amigo el Mono parecía más comprometido con su novia que con la idea de armar una banda. En una localidad sin muchos lugares más que La Zona, no sería fácil. “Haz que suceda”, cantarían muchos años después. Con las primeras canciones como “Alejándonos” lo lograrían modesta pero sostenidamente, armando fiestas en clubes. Inspirados por los discos que compraban al viajar a Mar del Plata y La Plata o los que encargaban por correo al sello Ugly (de los Fun People), la filosofía hardcore indicaría un camino distinto al cultivado durante los exitistas noventa. Quizá por ello el nombre surgido casi casualmente de una conversación tenística y una idea reveladora sobre la diferencia entre ganar y ser afortunado.

Todo ello abrevaría en “Sobre Ecos, pájaros y tribulaciones”, un extenso pero consistente ensayo de punk rock melódico, atravesado por distintas influencias y por referencias a escritores como Juan L. Ortiz, Camus y Kafka, así como a anarquistas o eventos históricos. Un sonido orgánico surgido de la composición horizontal y colectiva para alzar una voz cuyo tono político se expresa más desde la sensibilidad que desde el panfleto. Hicieron que suceda César Castillo (voces), Mauricio Drewes (batería), Cristian Castillo (bajo) y Fernando Castillo (guitarras y voces), mejor conocidos como Lucky Loser.

“El disco tiene 14 canciones, con muchas temáticas sociales e históricas -introduce César Castillo-. Y creo que habla bastante de lo que es la naturaleza. Es un poco conceptual ya desde el título. El pájaro es el animal del vuelo, del sueño, de la búsqueda de la libertad. El eco es la historia y cómo somos parte de eso. Y las tribulaciones son algunas de las penas que llevamos”. Yendo a lo musical “es más variado. La banda originalmente es bien punk, pero creo que este disco es más variado. Tiene una particularidad o diferencia notoria con el resto y es que la mayoría de las canciones se hicieron entre todos, en el ensayo”. El reparto de labores generó que Fernando cantara en tres temas y también logra llegar con las ideas claras para resolver las bases de manera más eficaz y práctica. “Mauricio grabó prácticamente ocho baterías en un día. Todo bastante rápido. Pero como en Castelli tenemos una salita de ensayo, fue ahí donde grabamos bajo y voces. Y pudimos probar bastante algunas ideas cuando estábamos los cuatro”.

El componente lírico es esencial en el grupo. “Hay varias alusiones a poetas y escritores. No lo ponemos para jactarnos. Si no porque hemos leído y queríamos transmitir algunas cosas con nuestras palabras, sonidos y haciéndonos cargo de lo que habíamos leído y dejar que forme parte de este tipo de música. Tampoco queríamos o no nos sale demasiado hacer letras directas o panfletarias ni andar diciéndole a la gente lo que hay que hacer o no. Por ahí con esas líricas se puede llegar de una manera mejor”. Si bien hay un ánimo crítico, siempre se filtra un dejo de esperanza: “Quizá un poco vitalista. A pesar de todo, ponerle pilas y superar cosas. Ese espíritu está un poco”.

“Necesitábamos tomarnos el tiempo para quedarnos más conformes -concluye sobre el disco-. Era algo que teníamos pendiente. Quizá llevar varios años y ser grandes nos llevó a decir: tenemos que hacer el disco que queremos y dejarnos de joder”.

Siendo desde hace años parte de la escena platense, la banda sin embargo afronta ciertas complejidades: “Nuestra situación no es común. Bajista y baterista viviendo en La Plata, yo vivo en Dolores, alejado de Castelli. Y la sala la tenemos en Castelli. No tenemos tanta facilidad. Nos juntamos para un disco y alguna fecha, pero a veces teníamos que ir sin ensayar. Tenemos buenas onda. Si en un recital faltaba uno, no pasa nada, nadie va tomar el lugar de esas personas”.

Si bien cuentan con referentes (que van más allá del punk y puede incluir a grupos como Queens Of The Stone Age o Motorhead) desisten de la idea del rockstar. Por eso el nombre, que en el argot del tenis refiere a una situación particular: “Hay alguien que pierde, pero tiene mediante un sorteo la posibilidad de seguir en el torneo. Lo tomamos de ahí, de loser, que tiene mucho que ver con el punk. Pero a la vez afortunado, porque de eso se trata tocar”. Y ese entusiasmo está intacto: “Siempre fue así. Me produce felicidad. Y es uno de los espacios de libertad que tenemos y podemos decir cosas. Podemos vivir lo que creemos y que las cosas funcionen en la banda como nos gustarían. Es un espacio de libertad y sueño”.

https://losluckyloser.bandcamp.com/album/sobre-ecos-p-jaros-y-tribulaciones