Por Ramiro García Morete

“Estás vivo/no tanto como quisieras pero vas”. Nunca tuvo banda pero tocó junto a AC/DC en medio del barrio Juan XXIII de Comodoro Rivadavia. Bueno, a decir verdad hacía la mímica con una guitarra de cartón que el padre confeccionó, emulando hechizado los videos de Angus Young. Luego llegaría la criolla “de verdad” que estaba en lo de su abuela, aunque fuera muy pequeño para ingresar a estudiar el instrumento en un instituto.

Y a decir verdad también, sí tendría durante la adolescencia una banda. Pero de covers y que nunca se presentó, poco después de cierto culto por el metal y poco antes de que Revolver de The Beatles le explotara y abriera la cabeza. En cierto modo ya lo habían hecho a sus cuatro a través de aquel disco en clave bossa de Rita Lee. Ya fueran esas versiones, el DVD de Woodstock o Invisible yendo en el Gol, siempre se había preguntado de dónde salía ese sonido. No eran solo las canciones… había algo más.

Pero algunas pérdidas propiciarían la composición. Como “Plástico”, aquella canción influenciada por Mac de Marco y una ruptura amorosa, que acabaría en un disco hoy borrado de la faz de la tierra. Hasta entonces se había presentado algunas veces en la disquería Unification del generoso Ema Rodriguez. Pero por entonces –época en la que Syd Barret sería otro referente– no eran más que experimentaciones instrumentales con la loopera y un par de canciones ajenas. Con tangibles emociones por dentro y criterio para conducirla con sus pocos elementos caseros, daría lugar a un breve pero bello disco: “Dolori”. Piezas llenas de atmósferas y un delicado uso del lo fi, con una voz bellamente quejumbrosa arrastrándose sobre ruinas de canción. “Voy a imaginar que todo no está tan mal/que el dia no murió/que el aire me llego/caeré a mi propia muerte”, cantaría con apenas 17 años.

Pero es la propia vida la que se mueve a toda velocidad y a la brevedad –aunque él evocará aquel disco como algo lejano– ya estaría en la ciudad de La Plata para estudiar Composición. Pero quizá por la metodología o por la constante fascinación por el sonido cambiaría a Tecnicatura en Sonido y Grabación. Aunque por sobre todo, cambiaría algunas perspectivas. “Al principio me re asusté –confesará–. Mal. Mi música es downtempo, medio triste. Y acá encontré todos los pibes al re palo, re tecno, con sintetizadores… ¿cómo voy a encajar en esto? Pero después me fui adaptando y me re ceba. De apoco encuentro mi lugarcito entre otros artistas nuevos”. Y con sonidos nuevos como los loops del Adicctive Drums que dispara en “Notanto”, último corte inspirado por la soledad de la cuarentena, ahí por calle 66. Y por la certeza de que el dolor no es más que signo de algo bueno: estar vivo. O algo así empieza a sentir Raybet.

“Notanto es una canción que sale de estar encerrado –comenta el músico–. Yo vivo con dos amigos. Ellos se volvieron y me quedé solo en La Plata. Me enfoqué en eso, traté de englobar el momento con la música emocionalmente y medio que salió como un vómito. No estaba en los planes… eran otros para este año”. Desde lo sonoro, la inclusión de baterías sugiere nueva texturas. Este tema me encontró con un programa de baterías. La re flashé en su momento y empecé a componer con un loop. Depende de las herramientas que tengas te va cambiar el enfoque de canción”.

Respecto al carácter confesional de sus temas, asiente pero aclara: “La mayoría es así. Aunque últimamente no tanto. Hubo un momento en el que pensé: capaz debería parar de desnudarme en las canciones y dar espacio a otras cosas. A inventar historias o cosas que me han contado. Al principio era así: ´si no canto lo que siento me voy a morir por dentro´. Pero últimamente me está pasando de mechar las dos cosas”.

Si bien la canción es esencial, lo distintivo está en ese enfoque sonoro: “Desde chiquito siempre me fascinó esa búsqueda. Me gustan ambas. Soy fanático de decir: ´Tengo esta canción. Voy a hacerla mierda en la compu, ver qué tan lejos pudo llegar, con eso que tengo… una guitarra y una voz. Por ejemplo estoy grabando un tema nuevo. Lo compuse con la criolla a la noche. Y después la hice mierda con batería, sintetizadores. Está bueno, es divertido”.

“Me pasó lo contrario a la mayoría: nunca tuve una banda –relata el artista–. Bah… muy poco tiempo, tuve una banda de covers. Pero nunca en vivo, era para juntarnos. Nunca tuve una banda y arranqué solo. Y recién ahora hice “Oro” junto a Gaby Caniza, la primera vez que compuse con alguien. Me gustó mucho, tengo ganas de seguir haciéndolo”. Con algunas experiencias produciendo amigos, Raybet recuerda que al principio le impactó el contraste con una escena platense con bandas muy bailables como “Fus Delei, Laika Perra Rusa, 2001”. “Me re ceba y me gusta mal. Se está armando una movida variada. Y es interesante buscarle otra onda a lo que está pasando. Mamar de eso e incorporar. Hubo un momento apenas arrancó el año antes de todo el desastre. Estaba preparando un disco que va a ser otra cosa, con más características sureñas… Ahora no sé qué voy a hacer con el disco. Ha pasado mucho tiempo, estoy pensándolo”. Por lo pronto editará un tema en octubre. “Terminada esa canción, quiero meterme de lleno en un disco. Tengo ganas de agarrar y crear algo más extenso y conciso a lo que quiero decir”. Sin embargo lo toma con calma, algo que quizá se vislumbre en sus próximas canciones: “Ahora actualmente no hay tanto de dolor, porque estoy pasando relativamente un buen momento. En el plan de estar vivo y qué es lo peor que puede pasar”.