Por Ramiro García Morete

“Cringe”, definirán la escena sus amigos y compañeros. Y es posible que al ver el delicado trabajo visual que acompaña los últimos cortes -poblados de arpegios y golpes de pads, hipnóticas notas pedal y cavilados juegos de paneo- no sea la escena más refinada pensar en Fausto comprando un kilo de milanesas. Pero al volver a la casa de barrio norte, encontró a Treps sobre el casi escenario que montaron en esta cuarentena para no extrañar quizá la frecuencia intensa del año pasado. El guitarrista jugaba sobre un beat armado por el mismo cantante, quien al subir encontraría a Juanma practicando teoría en la batería. Y pocos segundos después, al dar click a la barra espaciadora de su computadora sonaría una maqueta propia. Una escena que puede parecer doméstica y frecuente en esta ciudad. Quizá también para los hermanos Córdoba, cuyo padre tocaba metal y ellos mismos armarían White Season. Pero oriundos de Balcarce -donde El Riojano era el único lugar que ofrecía mínimas condiciones- pensar una vida guiada por la música no resultaría tan fácil.

Inclusive con una madre que tenía discos como “Flashpoint” o un padre locutor de la 102.3. Quizá por ello será que a pesar de tocar la batería desde los catorce, Fausto emigraría a Mar del Plata a estudiar gastronomía. Sí: mucho antes de ser vocalista y letrista se dedicaba a golpear los parches… y todo, como buen baterista. Quizá ese sentido rítmico compensaría su modesto conocimiento armónico con guitarra, para pensar las canciones desde un modo intuitivo pero general.

Así sería que cada día de cobro en Alsina, el restorán cercano a la vieja terminal de MDQ, lo llevaría a Hometown. Se trataba de un pequeño estudio, mucho antes de dominar el Ableton o recordar partes de los ensayos con la consola Behringer para imaginar partes o arreglos. Pero ya podía imaginar canciones y allí, sobre la marcha, con amigues e invitados registraría un pequeño disco mucho más cercano al progresivo o su admirado Omar Rodríguez López que a la experimentación post rock  y hasta synth pop. Más cercano a una búsqueda solista que a una banda.

Todo ello vendría después, cuando junto a los hermanos Córdoba arribarían a LP en busca de una atmósfera más propensa. Y tras varios conciertos desperdigados, sería “Atmósfera” la canción que finalmente constituiría la banda. No solo porque en cierto modo engloba las dos grandes vertientes (una más orgánica y rockera, si se quiere; otra más experimental y contemporánea) que confluyen en esta propuesta. Sino porque se afianzaría un quinteto y una identidad colectiva. “Empujar algo en conjunto”, dirá Fausto. Y quizá de eso se trate todo, o al menos la escena doméstica que quería filmar. Esa es la verdad de la milanesa, si se permite la obviedad. Mucho menos obvios y jugando con variantes estéticas, el quinteto integrada por Fausto Tolosa (voz, sintetizador y percusión), Gastón Fernández (guitarra), Santiago Muñoz (guitarra), Gonzalo Córdoba (bajo) y Juan Manuel Córdoba (batería y pad) cambia de forma pero mantiene su identidad: La Piel del Sol.

Recientemente la banda editó “Holograma”, donde se acentúa su costado digital y pop. “Es la primera canción desde siempre en el set en vivo -cuenta Tolosa-. Pero el armado surgió en cuarentena. Lo que tiene de particular es que esto de amigarnos con la tecnología, compartir datos, pistas, es generar esta comunión rara, distinta, pero que se está gestando de todas maneras”.  Y agrega: “Me parece que se pudo profundizar en algunos aspectos más de la producción por el hecho de tener más tiempo. Algunos aspectos se ampliaron. Creo que pasó en todo sentido. En la búsqueda electrónica, pero también el post rock con las guitarras. Cositas que fuimos aprendiendo desde el último verano”.

“Reset” es el nombre y concepto de un disco que se va grabando y presentando a través de singles. De amplio espectro sonoro, el cantante cuenta que todo surge “en base a la canción. Nos dejamos llevar a lo que pide. Dentro de poco estamos por sacar un tema y volvemos a dar este pantallazo synth pop o lo disco. Pero en la próxima se vuelve más orgánico y trip hopero. Es una ida y vuelta. O sea es que es una contraposición entre el low fi y el nueva escuela que nos pareció entretenida”.  Y agrega “Son dos lugares que queremos ir tanto explorando como completando. La idea es que entre tema y tema nos reseteemos y nos pensemos especialmente para la canción. Generar que lo próximo que esperes no sea precisamente lo que se espera”.

Con tres de los cinco integrantes conviviendo, Tolosa celebra el espíritu colectivo que se ha generado: Nos sirve a todos, esa confianza y cuestión íntima que se genera. Es hermoso el feedback y se extiende más allá de lo musical. Se aprende sobre una convivencia y la manera de empujar algo en conjunto”. Y cierra: “Creo que podemos sentir que lo estamos disfrutando todo. Con compartir eso es un montón… Medio es lo de siempre. ¿Viste esa tía te habla de un sueño? Qué sé yo… más que un sueño es gozarla en el momento. Estar ahora pasándola bien. Eso ya es un montón”.