Por Gabriela Calotti

Para generar conciencia sobre la importancia de la cuarentena como forma de salvar vidas y poner en evidencia la manipulación informativa de los grandes medios en nuestro país, una y otra vez resulta imprescindible mirar hacia fuera y ver qué está pasando en otros países.

Apenas algunos medios de comunicación se hacen eco en la Argentina de las imágenes que ponen en evidencia la gravedad de la pandemia: cuerpos en las calles en Bolivia, cientos de fosas cavadas en grandes extensiones en Brasil o en Nueva York, ataúdes de cartón corrugado en Perú, pacientes con respiradores sentados en las veredas o en carpas improvisadas en esa nación andina y cifras que producen escalofríos.

«En este momento, las noticias que llegan del mundo del coronavirus son desalentadoras. Son malas. Está viviendo el mundo los días con más infectados a nivel global. Se superaron los 17 millones de infectados y cerca de 700.000 muertos», afirmó el viernes el mandatario bonaerense durante el anuncio quincenal junto al presidente Alberto Fernández y al jefe del Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, respecto de la prolongación de la cuarentena, esta vez hasta el 16 de agosto próximo con las aperturas ya autorizadas hasta el momento.

Tras advertir que la covid-19 «va y vuelve en todos los países», Kicillof fue contundente: «Hay en el mundo una cuarentena intermitente», y enumeró la situación en algunas de las grandes potencias económicas del mundo. «En Estados Unidos hay más casos que en marzo. Y en algunos Estados han dispuesto prácticamente el toque de queda. Lo mismo en Israel, donde ahora volvieron a cerrar restaurantes, tiendas, están volviendo para atrás». En España, Barcelona volvió a una cuarentena estricta o confinamiento, como dicen allá. En Australia, Alemania, Pekín, de nuevo aparecieron brotes y medidas restrictivas. En plena temporada estival en el hemisferio norte, Francia aconseja a sus ciudadanos que no viajen a Cataluña y Gran Bretaña advierte a los suyos que, si van a España de vacaciones, al regresar deberán cumplir una cuarentena estricta.

Todas esas medidas, las que mencionó Kicillof y las que relata la prensa internacional y algún medio argentino como la agencia Télam o medios alternativos, confirman los dichos del gobernador. «Hay quienes venden que la pandemia ya pasó, que es un tema argentino», y no es así.

Las cifras siempre son elocuentes y reflejan las decisiones políticas de los gobernantes. En Estados Unidos la cifra de contagiados hasta el 1° de agosto se eleva a 4.562.170, y la de muertos a 153.314, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore. En España suman 288.522 los contagios y los muertos ascienden a 28.445, y en Francia las cifras son 185.196 contagiados y 30.238 muertos.

Nuestro vecino Brasil registra 2.662.485 contagiados y 92.475 muertos; México, 424.637 contagios y 46.688 muertos. Perú lleva diagnosticados 407.492 casos y 19.021 muertos. Ecuador, 85.355 contagiados y 5.702 muertos. Bolivia suma 76.789 contagiados y 2.977 muertos. Chile es el otro vecino complicado: allí la cifra de contagios trepó a 355.667 casos y los muertos ascienden a 9.457. Dicho sea de paso, en varios de esos países los gobernantes de derecha se dan la mano.

Todos estos datos son difundidos en el llamado Mapa del Coronavirus que publica en tiempo real la Radio y Televisión Española (RTVE) en su página.

En nuestro país, llevamos 191.302 contagiados y 3.543 muertos. El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), que nuclea a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y a cuarenta municipios del conurbano, se lleva la peor parte debido a la concentración poblacional y a la mayor circulación de personas, y en cierta forma también a las medidas más flexibles que adoptó el gobierno porteño del PRO.

«El coronavirus va y vuelve en todos los países. Estamos viendo que aquellos países que parecían tener controlados los contagios, hoy tienen o rebrotes o una mudanza del virus de unas regiones a otras», afirmó Kicillof el viernes, el mismo día en el que la OMS advirtió, frente a la propagación de la pandemia que nada parece detener, que sus «efectos se sentirán durante décadas».