Por Ramiro García Morete

Si no puede tocar la idea “primaria y simple” en la criolla, Juan Pedro Lucesole prefiere descartarla. Al menos para un proyecto así, donde las ideas no solo saben llegar desarrolladas sino donde sus compañeros saben interpretar sus canciones. No debería llamar la atención llamarlas así, aunque carezcan de letra o voz: dicen, solo que de otra manera.

Llamativo es que recién conectara con la criolla en los primeros años del secundario, cuando tomó prestada una guitarra de un compañero del Pedagógico. Siete tíos, treinta primos y ninguno músico o aficionado a los instrumentos. En la casa de City Bell sonaba Serrat, Silvio y Jaime, que sobrevivía a cierta apatía por esos sonidos. A decir verdad no fue hasta que su hermano (quince años mayor y hoy fotógrafo) y al verlo sin algún interés particular, le obsequió su equipo Panasonic con una pila de discos. Sería sin embargo aquella compra en Musimundo la que lo volvería loco: “Californication”, de los Red Hot Chilli Peppers. “John Frusciante es mi padre”, dirá con tierna admiración quien también cultiva a Bill Frisell y Nels Cline entre sus favoritos. “Me prendí fuego -evocará-. De cero a cien”. No sabía hacer la mímica siquiera y a la vuelta de su casa tomaría clases no muy fructíferas hasta dar con el profe indicado: Fede Reina. A la par de ganarse unos pesos trabajando para los emprendimientos gastronómicos de su hermana, desde la adolescencia hasta la primera juventud se obsesionaría mejorando su técnica, ya fuera emulando a Van Halen, tomando clases particulares, escuchando desde Rage Against The Machine a Spinetta o asistiendo un tiempo a un instituto porteño. Si bien se autodenominará como un “nerd”, nunca se sentiría atraído por la formación académica.

Tras Pelonius Peter & The Feto Barret (experiencia junto a Gastón Le, de Un Planeta) se encontraría con un dilema trabando su rumbo. Al menos en su  propio parecer, “todo eso estaba buenísimo pero si no encontraba algo propio que identifique o algo más parecido a un proyecto a largo plazo, no me interesaba”. Un equipo artesanal Singleton en una muestra de instrumentos, la no tan dócil Telecaster y desproveerse de pedales no solo significarían un cambio de equipamiento sino un objetivo: hallar una identidad. “Tener cosas que te limiten te obliga a enfocarte en lo que podés hacer como compositor y arreglador”. En medio del espíritu creativo de El Dice -refugio y usina creativa para la zona norte del Gran La Plata- hallaría a Germán Galarza, también de Un Planeta, como compañero para un primera formación que dejaría como saldo su debut homónimo en el 2013.

Sin embargo, luego dedicaría cada vez más tiempo a un trabajo que le recortaría la posibilidad de tocar en vivo. Pero no para dar clases o estudiar durante la semana. Unos años después, “cansado de no tocar”, reactivaría con los socios ideales. Por un lado, Santi Oñate, a quien conocía del barrio e interpretaría a la perfección las baterías. Por el otro, Pitu Minvielle, amigo de su compañera, quien fiel a su gusto más cancionero ejecutaría el bajo sin necesidad de virtuosismo y en pos de la idea. Desde el más espontáneo y heterogéneo “La Llegada” (2017) hasta el breve e introspectivo “Hermanos”( 2019, en el cual se sumaría en teclados Martín Arana), solventarían un repertorio tan cercano como elusivo a la etiqueta de jazz, fusión y rock. Narraciones musicales con más virtud que virtuosismo, motivos de guitarras amplificados por circunstanciales teclas o vientos donde la melodía ejerce la voz principal de una intención narrativa. O simplemente canciones instrumentales. Cuando hay algo que decir, no siempre son imprescindibles las palabras para contarlo. Esto es así, De Acá a la China.

“Cuando creo que tengo una idea, esa idea está bastante acabada -introduce Lucesole sobre la forma de trabajo de la banda-. Porque para mí la composición desde lo instrumental se trata del desarrollo de principio a fin. El relato completo y la dinámica es parte muy necesaria. En términos melódicos y expresivos. Me gusta esa sensación, que tengo en claro, de que la banda le de carácter y cada uno de los músicos lo toque a su manera. Por eso me gusta tocar con músicos que me devuelvan y ahí se abren ideas donde podemos probar y jugar”.

Con dinámica de trío devenido a cuarteto, De acá a la China se despega de los power tríos o de un ensamble de jazz. “De hecho hay temas que ni tienen solos ni momentos de improvisación. Me parece correcto. Creo que los solos son una parte fundamental del jazz”. Y deja en claro: “Yo en ese aspecto soy muy poco ortodoxo. No me importan mucho los estilos”.

El guitarrista repasa los distintos momentos de la banda y sus mutaciones, desde formación a matices. “En el disco anterior se grabó al trío en vivo. Y después con arreglos pensados, laburamos con distintos invitados tecladistas sobre esas ideas que ya estaban grabadas. El año pasado comenzamos a laburar más como cuarteto como parte de la banda. Para mí básicamente lo que aportó es jugar a expandir las posibilidades. A que ciertas ideas en un plan trío implica tocarlas de cierta manera. Cuando tenés un piano o teclado, las idea instrumentales pueden puede tener más riqueza, más diálogo entre la melodía y el acompañamiento”. Y agrega: “Para mí es parte del proyecto estructural, la mutación. Que vaya teniendo distintas etapas como proyecto”

Respecto al formato instrumental, explica: “Para mí si no hay una melodía que te interpele como instrumento principal de la canción, no me interesa para este proyecto. Sí puede haber momentos más ambientales o de más tensión, que parecen descolocados. Pero trabajar cómo puede ser una canción”. Y añade: “Yo las canciones las empiezo en general más desde una cuestión anímica, de una sensación de lo que nos puede generar algo que nos pasó en el día o alguna sensación que tenemos durante un tiempo. En general van a buscar eso. Lo que hago es poner el cien por ciento de eso en esa composición, sentir que lo logré bajar ahí. Es una forma particular, al no tener una letra con un relato. Trato de que la música, los silencios y dinámicas expresen todo eso”.

Parte de esa búsqueda infiere no hacer tanto hincapié en la posproducción sino en la dinámica viva de la banda: “Mi forma en general es más desde lo expresivo del arreglo o la interpretación, que una cuestión de pos o sonora en términos de estudio. Medio que cuando tocamos en vivo es parecido al estudio”.