Por Ramiro García Morete

“Yo te vi en los reflejos/pero nunca te encontré”. Un día no aguantó más. Había cortado con una relación algo oscilante y necesitaba enfrentar una situación: tocar en vivo. Habiendo estudiado composición en Bellas Artes y armonía con algunos profes, nunca había subido al escenario. También había pasado por Arquitectura y Letras sin demasiada constancia, puesto que la música siempre ocuparía un lugar predilecto. Quizá fueran los discos de Floyd, Redondos o Metallica que sonaban en la casa del Mondongo y gusto rockero heredado de su madre en contraposición a un padre más afín a los boleros.

“Luces que van, luces que van, en la oscuridad de nuestro mar”. Pero los ataques de pánico inferían una comprensible limitación. Y sus propias consideraciones. Sus canciones gustaban a los cercanos pero tardaría sentir lo mismo. Aquella muestra fotográfica de su madre en el C.C. Patio Alto sería un primer impulso para afrontar aquellas sombras, con apenas una guitarra y su voz. Casualmente, Las Luces (la banda de marcada intención pop) sería la continuidad. «La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo”, escribió Herman Hesse. Aunque más bien serían Bradbury o Kafka las lecturas en su departamento de barrio Monasterio, cuando cada vez comenzó a sonar más el Lo-fi, los beats y las radios temáticas de Youtube. Un tiempo atrás se había adentrado más en ciertas sonoridades, inspirado tal vez por Cerati y discos como “Más bien”. Su amigo Nacho Loza (productor radicado en CABA) lo había incitado a montar un pequeño home-studio, pero aún afecto a la tradición guitarrera no cuajaba del todo.

“Ya no tengo más excusas/algún día tendremos que hablar, /caminando cercanías/es justo donde yo quiero estar”. Sin embargo de a poco los sintetizadores ganarían lugar, a la par del nuevo condenser y la placa M-Audio para maquetear canciones que luego mejoraría Loza. Cuabase mediante primero y Ableton después, la Telecaster y la Yamaha irían cediendo a los beats, los teclados y una sensación más plácida, influido también por la música francesa. De a poco, la oscuridad iría abriendo paso a una paleta más dócil. “Es que una canción te transmite un color”, dirá. Con varios singles atravesando el Lo-fi y el pop llegaría a “Ralentando pasos”, último corte que paradójicamente indicaría un paso crucial, más nunca definitivo. “Nunca me habían compartido tanto una canción o felicitado personas que ni idea quien son. Fue muy loco -confesará-. Va por ahí”. Y por ahí va, sorteando sus propias sombras y encontrando finalmente sus propios colores, Guido Nicolás.

“Ralentando pasos”, como se dijo, no solo es el último corte sino que parece abreviar el proceso personal del músico. “Era un tema viejo que habla un poco de cuando no te animas a hacer algo -cuenta Guido-. Que te tirás para atrás y hacés tu propio boicot. Habla un poco de mí. Muchas veces me boicoteé por querer perfeccionarlas. Al mismo tiempo lo trasladé a una historia de amor”.

Y relata: “Hacía tiempo venía con la movida de la música lo fi. Ponía para estudiar o leer… tiene esos arreglos y armonías medio de jazz. Están copados también los sonidos de viola, medios crudos”. A la par “me venía metiendo en el mundo de los sintes. Siempre toqué la viola. Me empecé a mandar para ese lado y componer desde otro lado”.

El músico evalúa su experiencia con la banda Las Luces sin ningún resquemor, pero con claridad: “Lo que me pasaba es que necesitaba encontrar mi sonido. Y sentía que eso era algo que me faltaba. A mucha gente le gustaban mis canciones y a mí no. No encontraba la sonoridad. La banda quería ir para un lado y yo para otro”.

Desde entonces “cambió todo. Mi forma de escribir, de interpretar, de cantar. Antes no encontraba la manera de expresar lo que quería trasmitir. Para mí fue una cresta que tuvo un pico muy alto. Es como una curva que va en ascenso”.

A punto de sacar “Nada más que yo”, un nuevo corte, analiza sus letras. “La verdad es que antes buscaba hacer canciones rebuscadas y ahora son mucho más minimalistas. Creo que el próximo track habla de ser introspectivo con uno mismo y traté de dejar. Todos estos temas nuevos que estoy haciendo no hablan de reflejar en un tercero o una historia de amor. Busco darle un sentido a la letra, de que si tengo que hablar de mí en primera persona, lo hago”.

Satisfecho con su presente, Guido Nicolás reconoce el sentido existencial de la música: “Yo busco descubrirme a mí a través de la música. Me lleva a lo que soy en este momento. Es un reflejo de mí”.