El 15 de julio de 2010, Argentina se convirtió en el décimo país del mundo en reconocer el derecho al matrimonio de personas LGBTIQ+. A diez años de esa sanción histórica, Contexto repasa la militancia y el activismo y su rol clave para construir consensos, de la mano de un Poder Ejecutivo conducido por Cristina Fernández de Kirchner y un Poder Legislativo que tuvo como uno de los protagonistas a Néstor Kirchner.

Con un fuerte diálogo con las organizaciones de la comunidad LGBTIQ+, la diputada por Encuentro Popular y Social, Vilma Ibarra (hoy secretaria de Legal y Técnica del gobierno nacional), uniendo fuerzas con la socialista Silvia Augsburgeren, ya tenían en 2007 un proyecto. Sin embargo, a falta de consensos, la iniciativa no llegó a tratarse sino hasta 2010, cuando el activismo y la militancia, a fuerza de movilizaciones y más de cien amparos para que se reconozcan sus derechos, lograron instalar el debate en la sociedad. Con el compromiso de diputadas del oficialismo y el visto bueno del Ejecutivo nacional, el proyecto fue enviado al recinto.

«Nosotros sabíamos que contábamos con el apoyo del gobierno en muchos sentidos. Desde el principio, de alguna manera. Tuvimos en su momento una primera reunión con Aníbal Fernández (ministro del Interior por ese entonces), que nos manifestó no solamente el acuerdo con Néstor y Cristina, sino que el Estado estaba a disposición para generar las condiciones», recuerda María Rachid, fundadora de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) y actual titular del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de CABA. «Yo no entendí mucho en ese momento a qué se refería, pero después fue claro: había que generar las condiciones para no llegar a la Cámara de Diputados y de Senadores y perder la votación. Y eso implicaba un debate social, que es donde el Estado nos acompañó en todo momento. El rol de Néstor y Cristina, fundamentalmente, fue muy importante», agregó.

En este marco, el debate incluyó numerosas voces. «Había muchos prejuicios. Sabíamos que los rehenes iban a ser los niños; qué iba a pasar con la familia, qué iba a pasar con la adopción, que ‘pobre los niños que cayeran en manos de parejas del mismo sexo’ y todas esas cosas», recuerda César Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), organización histórica e impulsora de la normativa.

En este escenario, se buscó que diferentes personas de diversos espacios pudieran derribar estos prejuicios en comisiones: referentes no solo de la comunidad LGBTIQ+, sino también del arte y la cultura, la Universidad, la ciencia, la religión, los sindicatos, las organizaciones políticas y de derechos humanos, entre otros espacios, se manifestaron a favor de la iniciativa en todo el país. Mientras, la Iglesia católica, de la mano del por entonces obispo Jorge Bergoglio, hizo un fuerte lobby por la negativa, en pos de «la ley natural y la ley de Dios».

En la vereda de enfrente, el discurso era claro. «Dice Vilma Ibarra que una de las cosas más exitosas de la estrategia por el matrimonio igualitario es que nos quedamos con las palabras más lindas. Ellos hablaban de tragedia, del fin de la familia, de cosas espantosas, y nosotros hablábamos de cosas muy lindas: de la igualdad, del afecto, del amor, del placer», destaca Rachid.

En la Cámara de Diputados, la votación comenzó el 4 de mayo de 2010. «Teníamos muchos votos de diferencia, vimos lo mismo que pasó el 28 de agosto de 2001 con la ley de unión civil [antecedente del matrimonio igualitario, presentada por la CHA], que empezaban a sonar los celulares de los diputados, sobre todo del Frente para la Victoria, con los obispos de las provincias llamando para decirles que de ninguna manera voten la ley. Se nos estaban cayendo los votos», expresa Cigliutti.

Cuando reinaba la incertidumbre, Vilma Ibarra y la diputada oficialista Diana Conti buscaron calmar la situación y destacaron que pronto llegaría al recinto Néstor Kirchner, recientemente electo como legislador en la Cámara Baja. «Cuando entró no dijo nada, pero alineó la tropa: se conquistó casi por la presencia de Néstor como diputado. Fue la única ley que votó», recuerda Cigliutti. Horas después, la normativa obtendría la media sanción con 126 votos a favor frente a 110 en contra y cuatro abstenciones.

En el Senado la tensión fue aún mayor. Allí, uno de los aliados resultó ser el hoy macrista Miguel Ángel Pichetto, que por ese entonces pertenecía al Frente para la Victoria. Una de las voces más fuerte en contra fue la macrista Gabriela Michetti y la justicialista Teresa Negri de Alonso, ligada al Opus Dei, que logró conseguir un dictamen en minoría, lo que generó una fuerte incertidumbre el día de la votación y una gran movilización popular frente al Congreso.

«Teníamos una incerteza total. Cuando finalmente dijeron ‘por 33 votos a favor, 27 en contra y 3 abstenciones, se aprueba la ley’… Ahí ni terminamos de escuchar y la plaza explotó en alegría, en besos, en llanto, en abrazos. Era la noche más fría del año y se nos fue el frío. Fue un momento que me emociona cada vez que lo recuerdo», cuenta Cigliutti.

«Lo que más recuerdo fue la alegría del momento de la votación. Lo que nos valió de muchísima alegría después de tantos años de esfuerzos», recuerda Rachid. «Lograr esa ley que no simplemente implicaba el reconocimiento de derechos concretos para nuestras familias, muy importantes para la vida de una familia, lo más importante que nos reconocía esa ley -y no era solo a las personas que querían casarse, sino a toda la comunidad LGBT- era la igualdad jurídica, esta igualdad como mensaje del Estado que es una herramienta fundamental para trabajar contra la discriminación y la violencia», agrega.

La promulgación llegó apenas unos días después, el 21 de julio. «Hoy somos una sociedad un poco más igualitaria que la semana pasada», dijo la por entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. «No hemos promulgado una ley, hemos promulgado una construcción social, transversal, diversa, plural, amplia y que no le pertenece a nadie», agregó en la Galería de los Patriotas Latinoamericanos del Bicentenario acompañada por una gran cantidad de organizaciones.

«A mí me resulta muy emotivo, porque después de que terminó el acto yo lo fui a buscar a Néstor Kirchner y él estaba sentado. Le dije ‘párese, que lo quiero abrazar’. Le dije ‘muchas gracias’. Él me respondió: ‘no no, gracias a ustedes’. Eso es uno de los grandes recuerdos que tengo en mi alma», rememora Cigliutti.

El matrimonio igualitario, una bisagra para la comunidad LGBTIQ+

En diez años la sanción no solo permitió 20.000 casamientos, sino que tuvo un fuerte impacto en la sociedad. «Después de que se aprobó ese mensaje que dio el matrimonio igualitario tuvo un efecto político, social y cultural enorme, se abrieron áreas de diversidad en todos los ministerios nacionales, muchas de las leyes que nacieron después tenían algún artículo que reconocía derechos de la diversidad […] Esto tiene que ver con esta igualdad, con ese mensaje del Estado. Con ese tenernos en cuenta en todo lo que el Estado iba desarrollando como política pública», explica Rachid.

La Ley de Matrimonio Igualitario habilitó otros debates impulsados por la comunidad LGBTIQ+. «Después de eso, a los dos años se conquistó la Ley de Identidad de Género y se aprobó casi por unanimidad, con un consenso impresionante tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado; después, la Ley de Fertilización Asistida. También nos posibilita ahora estar trabajando en proyectos como una Ley Nacional de Cupo Laboral para Personas Travestis y Trans, adelantar el tratamiento de la Ley Antidiscriminatoria (que todavía no incluye la orientación sexual y la identidad de género) y la Ley Nacional de Sida», explicó Cigliutti. Al respecto de esta última normativa, el presidente de la CHA dijo que, si bien fue una ley de vanguardia, hoy se necesitan otros temas, como el tratamiento de las hepatitis y de las enfermedades de transmisión sexual.