Por Ramiro García Morete

“Es lo mismo, pa… Pero en lugar de instrumentos, es con una pelota”. Con esa mezcla de lucidez e intuición propia no solo de un niño sino de cualquiera que se anima, el pequeño Luca lo alentaría a dirigir las infantiles de Tricolores. Por supuesto que haría el curso de técnico, ya que a la iniciativa hay que sumarle conocimiento. Cuestión de tiempo, como todo. La  música -esa misteriosa forma de tiempo, según un célebre escritor- no es fútbol. Aunque dirá no sin razón: “Quienes hicimos deporte colectivo entendemos mucho sobre los roles”.

Y desde que tiene memoria jugaría con ella y para ella. No solo por esa foto de bebé con auriculares junto al Kenwood, ese equipo tan gigante con perillas enormes que bajaba la tensión de la casa. Ahí mismo, detrás del comedor, donde una hermana tocaba el piano y la otra hacía danza. Con una madre profesora de ese instrumento, la música clásica sería predominante pero por alguna razón no simpatizaba con ella. “A un nene le das dos palitos y le pega”, dirá. “Es lo primero con lo que congenias con la música. Desde que te hacen arrorró y te palmean”. Puede que precisamente clásica no fuera el estilo más propicio. Si bien su padre siempre armaría bandas orientadas al folklore y la música romántica, cabe darle el crédito a una bisabuela por el bombo legüero que tocó en algún temprano acto escolar. Aunque rodeado de guitarra, acordeón y demás, lo fascinaría la música toda. “Si pudiera tocaría hasta el bandoneón”, contará. “Yo soy feliz tocando dos acordes con la guitarra y cantando algo”, dirá y con humor reconocerá que si escucha música instrumental se pregunta cuándo entra la voz. Siempre la canción y para la canción. Ese es su rol.

Pero no casualmente sería la batería la que definiría su rumbo. La Colombo armada para los ensayos de su padre y la invitación de Cachito Miguez a sentarse en ella, resultarían irresistibles. Más allá de que a mediados de los noventa y en plena adolescencia Attaque o 2 Minutos lo incentivaran a golpear fuerte. Sin embargo, cassettes como aquel de Juan Luis Guerra que la familia gastó en el Renault 12 sembrarían un gusto por la percusión y “lo latinoamericano”. La murga Tocando Fondo y el influjo de Daniel Buira de Los Piojos lo inspirarían mientras se cimentaba una banda fundamental de la ciudad: Don Lunfardo y el Señor Otario. Iniciándose el milenio y tomando clases con Micky del Pozo, sería su amigo Fede Garese quien despertaría su instinto docente: “¿No me enseñas?”. A la par de su crecimiento como alumno (luego con Potolo o con la carrera de Música Popular en Avellaneda) y como músico (Encías, Son Perú, La Cumparsita, Línea de Tres y múltiples proyectos) haría de la docencia un oficio y sostén. Casi como un ensamble de sí mismo, potenciándose.

Y en ese devenir de animarse y aprender, uno de los mejores percusionistas de La Plata da un paso más, motivado en parte por esta cuarentena pero también por incursionar y transmitir. “Acompañar el recorrido en la iniciación musical” es la consigna del flamante canal de YouTube (producido por Nicolás Cervantes Toso para @wishusarg) con tópicos y enseñanzas en un tono cálido y descontracturado. Como buen músico, sabe que todo se trata de tiempo y espacio tanto como que en el arte -y la vida- siempre nos estamos iniciando.

“La idea surgió de hace rato -cuenta Giusti-. Venía juntando material demandado por alumnos. Por una cuestión de comodidad, en vez de grabarlos y mandarlos por WhatsApp, empecé a guardar y subirlos ocultos en YouTube. La pandemia ayudó a tomar la decisión de empezar a compartir. No es que era por canuto. Me daba un poco de pudor, pero recibí algunos empujoncitos para que me anime. Y arranqué viaje”. La experiencia en escenarios y dando clases se suman, “la caradurez ayuda (risas). Es un combo de los tres. Dando clases me siento cómodo porque es una de las cosas que hago constantemente”.

La idea del canal es “acompañar el recorrido de la iniciación. Ese el objetivo. Más que nada para principiantes, que es lo que me siento más cómodo y es lo que menos hay en internet. Tomarse la paciencia de cosas que hicimos en un principio y que nos sirvieron más rápidamente”. Y destaca que hace hincapié en ser “percusionista de canción”. Así es que prepara contenidos con músicos amigos para ver la percusión en su contexto natural. Por eso el recorrido “tiene cuatro patas -explica Giusti, quien también se dedica a producir-. Primero el entrenamiento rítmico, importante para encarar cualquier tipo de instrumento, inclusive más que lo armónico. La segunda es la cuestión analítica y técnica, el sonido de cada tambor. Luego el lenguaje musical, iniciación en las figuras, reconocer pulso y división. Y la última pata es el rol del percusionista y el instrumentista dentro del formato canción. Los que hicimos deporte colectivo entendemos de roles. No podemos ser todos número 9. Si toco el huevito y es el color que tengo que hacer, hacerlo bien. Podes tener una bolsa de ejercicios y virtuosismo, pero que a la hora de llevarlas a cabo no encuentres el espacio”.

“Tanto la percusión como la voz no se estudia: brota”, asegura apasionado y luego aclara. «Uno puede perfeccionarla. Es el primer elemento, el que más tenés a mano para manifestar tu cuestión artística. La percusión es más popular. Es lo primero con que te iniciás en la música, apenas nacés o escuchás un ritmo o apenas te hamacan, te cantan arrorró, palmeándote y caminando al mismo tempo. Están despertando cuestiones rítmicas. El mismo latido del corazón… en fin, miles de cosas te marcan el tiempo y eso se desarrolla”.