Por Ramiro García Morete

Entre el pop, el punk y el dark, en “Menos mal”  el ex Canoplas logra sonido de banda y le cantar a las relaciones sentimentales con más dramaturgia que dramatismo (Ph: Pepe Mateos)

“Menos mal, menos mal… menos mal, menos … menos mal…” Sobre una calma pero oscura base que conjuga el caro de la banda y la inteligencia del productor, la frase repite. Y sin embargo, parece decir algo distinto cada vez.   Con porte de frontman y astucia vocal,  este sutil narrador pronuncia esa frase tan sencilla de modo que primero esperamos que diga algo más, luego creemos que es un alivio y por último suena a un ruego. En un gesto tan simple parece abrevar gran parte de su talento: la expresividad por un lado y por otro, la capacidad de sintetizar el relato pero multiplicar el sentido. Se trata de un letrista los suficientemente lúcido como para desprenderse de la pretensión. Su goce parece ser privado, como un “nerd del rock” que juega y se divierte con las palabras y donde el humor no es un chiste sino la resultante de un ser tan optimista como sus melodías pop y tan cínico como su herencia punk o dark. Nuevamente logra canciones que parecen ser diálogos o fragmentos de ellos, donde el los vínculos sentimentales son asumidos sin dramatismo pero tampoco con ligereza o la políticamente correctos aires de superación. Y vaya que este baluarte del rock platense podría dárselas de superado. Y entre otras cosas entiende que nadie puede solo. Por eso hace diez años- cuando decidió volver al ruedo  tras varios años inactivo pos Las Canoplas- trabajó reflexivamente en armar un espíritu de  banda. Y ese espíritu fue creciendo no solo hasta grabar dos discos  sino hasta crear un sonido y una voz colectiva. Como esos coros punk rockers al unísono que le dan un aire caluroso a estas diez canciones de oscilan entre el éxtasis y la desilusión, entre bajos punzantes y baterías precisas, entre La Plata y Manchester. Pero básicamente entre el ritmo y tener algo que decir. Javier Beresiarte siempre tiene algo para decir, pero lo hacen en banda y por eso se llama El Milano. Tiene algo para decir y por eso no dice de más. El Milano tiene algo nuevo para decir…menos mal. Menos mal que hay disco nuevo del Milano: más espíritu y menos mal.

“Vamos a tu casa/y que se pregunten/porque nos juntamos,/porque somos tantos” («Tu Casa»).  “Yo ya soy un tipo grande, a que básicamente le quedan pocos años-bromea fiel a su estilo Milano, sobre el raro asunto de editar un disco hoy en día-. No soy factor de riesgo por un par de meses”. Pero enseguida apunta: “Si terminé tocando y sacando estos discos porque no fue casualidad: fue una misión. Una  terapia, un tratamiento y método de escape. Fue un gran túnel volver a tocar y  poder escaparme. Ya sé cómo son las cosas a lo largo del tiempo. Tengo un disco que grabé hace treinta años. Te da una noción.  Grabar un disco es quedar esculpido en el bronce. Yo valoro editar obra”. Y agrega: “No sos el mismo después de grabar tres discos o cinco discos. No es un curriculum: es conocimiento. Uno crece, aprende a usar el estudio, a tener imaginación. Ya sabes cómo suena bien y compones pensando en eso”.

Precisamente, desde aquel “regreso” hasta hoy, hay algo que se destaca y es el sonido grupal que logró con Diego Morales (bajo), Nicolás Colli (guitarra) y Roberto Morgadi. Y que sostendrá con las recientes modificaciones (Ale Racu Pérez entra en viola, Gabriel Buffone va a la bata y Eli Urbina suma voces) “Se nota cuando es una banda o cuando simplemente acompaña. Tiene que ver con diferentes sonidos, no diferentes formaciones. Esto sería el segundo disco de lo que sería mi carrera solista. Pero es una piel de cordero para poder tener una banda en acción. Es el método de labura de Las Canoplas: todos componemos. Así firmamos y así suena mejor”.

Milano habla de coros “como brasses” y de voces que “laburan el ritmo aparte de la melodía”. Y comenta: “No soy un gran cantante ni mucho menos. Se me hace que con la voz hay que buscar la variedad con la música. Una coartada que tengo es que cada tema tenga gracia propia, un mundo propio y hacerlo llegar a la voz”.

Si bien la composición es colectiva ya que cada uno aporta,  la lírica-más allá de alguna sugerencia- corre por su cuenta. Estoy en todo esto porque me gusta escribir letras. Esa fue mi entrada a todo este asunto. Después vino el mundo del bajo casi continuamente. Entre por el bajo un eslabón perdido entre  la percusión y las cuerdas. Un ritmo para meter una copla  arriba. Para todo lo demás dependo del resto. Yo te hago una baguala con el diseño platense suficiente. Ese el chiste que me gusta darle a la letra. Y cumplo con los elementos homologados del rock platense”.

Nuevamente, la grabación, mezcla y producción estuvo a cargo de Alfredo  Calvelo. Por lo que evoca Beresiarte,”Trueno Naranja” fue más de “vamos, grabamos”. “Este es un señor segundo disco. Se nota que los mismos tipos volvieron al estudio, les dieron posibilidades y volvieron mejor para aprovecharlo”. Y define: “Yo quiero hacer discos bien de estudio. Con el tiempo les da lindos añejos. Discos que no les pones mayor presión. Vos tenés que hacer un lindo disco,  ahora que estás haciendo un lindo disco”.

“Me divido en dos, yo, me divido/Uno que se va con vos, otro que se queda/Y yo que me quedo,con lo que me quede/Yo me ocupo del que queda…” («Me divido»). Yendo puntualmente a las letras de “Menos mal”,  “son segmentos de charlas, de discusiones, de llamadas por teléfono, son sensaciones que tenes durante la charla. Una parte de uan charla en la que te soltaste. Sensaciones que pintan un situación que pasaste”. Pero esas charlas tienen más dramaturgia que drama: “Primero y principal está el sentido del humor, que viene de nuevo del punk y de antihéroe. Soy re optimista y re cínico”.

“Yo estoy hablando de desilusiones-continúa Beresiarte. Qué haces con una desilusión o qué haces con el  éxtasis. El  material o alfarería son las emociones. Tenemos que monta run nivel de identificación…Una vida espiritual…Puede sonar raro si no sos enamoradizo. Pero  no en términos de picaflor sino de un lindo día , de un buen vino o una compañía. No dejas de poner en valor el mundo de las relaciones sentimentales. Con la Eli estamos cantando un montón de temas de relaciones y son culebrones. 50 % de festejo y arrime, 50% despecho, desengaño. Tango y bolero”. Y el tema se suscita solo: “En cuestión de género inconscientemente no escrito mucho con género. Por supuesto me debe salir casi naturalmente. Soy criado en el interior en una cultura conservadora. Nunca me sentí identificado, todo lo contrario. Estoy muy en sincronía a ver esa dificultades…Podría estar en dificultades si tuviera un enfoque chotanga. Sería un Cacho Castaña. Pero si  hablamos de relaciones sentimentales  está la parte sentimental y la parte de relaciones. O sea que estamos hablando de una ética y un modo”.

Con el disco en las plataformas digitales, no sobredimensiona el efecto de la cuarentena. “La cuestión hubiera sido parecida. Se me hacía cuesta arriba, no había ambiente ni guita. Tenemos que aprovechar a renovarse y salir a animar el cabaré de posguerra que tendremos ahora. Animarle la vida a los primeros locos que se animen a salir de nuevo”.  Además de la crisis, otra tendencia que acontece con o sin pandemia es la de pensar que el rock ya no es tan preponderante. “Yo soy un nerd del rock. Uno dice rock y se me viene un movimiento cultural universalista que antecede la globalización. Uno de los grandes logros que le deja a la humanidad es la civilización afroamericana, que debe ser la última de importancia. La mezcla del ritmo que tienen la sangre con la puta situación que vivían y viven.  El rock es el folklore del planeta. Es  la puesta en valor de la música, de ritmo y disfrutar de la vida a través de la música. Es espiritual”.