Por Ramiro García Morete

“En un tiempo, antes de ser guitarra, antes de que la madera fuera ahuecada, la guitarra fue simplemente un trozo de un árbol…()… Alguna vez la hacharon, alguna vez se cayó y la usaron, la ahuecaron, la pusieron a templar como tabla y alguna vez la formaron. Pero es una madera llena de infinitas vibraciones y de qué vibraciones: miles de horas de canto de pájaros. Y así se formó la guitarra”. Casi como el Génesis, Atahualpa arma su relato. Y es que de eso se trata: la creación del un mundo. O su descubrimiento.

En el suyo siempre hubo instrumentos. La casa de Tolosa estaba atestada de arpas, sikus, mandolinas…y guitarras, por supuesto. Tras formar el grupo de folklore latinoamericano “Los Musiqueros”, el espíritu de sus progenitores se mantendría no solo por los discos de Sui Generis, Beatles, Jaime Roos o Serrat. Su madre seguiría tomando clases con la Yacopi de cuerdas de nylon y su padre enchufando la Ibanez 335 que –según cuenta la leyenda- había pertenecido a Cerati. Esa guitarra de tono oscuro sería una de las tantas que circularían y tocaría hasta comprar a una Faim, a eso de los 15 años. Strato,también por supuesto. Hay algo con los micrófonos de simple bobina, dirá. Por entonces, fascinado por Soda o bandas del momento, hallaría su forma de “rebelarse”. Se trataría de ir a lo de Tomate, “un profe rolinga de Barrio Hipódromo” que le enseñaría -en cierto modo, según asegura  modestamente- lo mismo sigue tocando. Por entonces no imaginaría convertirse en el notable y expresivo guitarrista de una de las mejores bandas salidas de esta ciudad: Mostruo!. Pero pasaría las horas tocando arriba  de unos  cd´s de popes del blues hasta conocer a Vaughan y Hendrix. Sonidos en apariencia distintos a los de Wilco y Televisión que hoy admira, pero con un punto común: la fluidez.

Y es que cada guitarrista contiene un mundo. Y cada guitarra también. Será por eso-o un rasgo heredado de su padre- que cambiaría muchas veces de instrumento y cultivaría el mecanismo de la compra y venta, siempre  al tanto de modelos  y demás etcéteras. Posiblemente buscando algún sonido, con la misma avidez que buscaría su lugar en distintas disciplinas artísticas. Y es que de eso se trata tocar la guitarra. “No de ser un semidiós”, puntualizará. Hay algo más profundo…una suerte de búsqueda. Igual que en la radio. Como cuando escuchaba a Lalo Mir o a Castelo, como cuando confirmó a través de los podcast que lo importante no es el tema sino la pasión con la que se aborda el tema.

Y si bien este (no) locutor de voz  profunda sabe como pocos en La Plata manejar sin obviedades el humor al aire, decidió hablar de lo que le gusta. Con otrxs que les gusta de la misma manera. Acostumbrado a unir mundos (música, radio, poesía, teatro) , guitarristas destacados desentrañan sus propia historia y su personalidad a través de válvulas, pedales y marcas sin reducirse al dato especializado. Porque que si bien para un guitarrista no hay nada mejor que otrx guitarrista, Lucas Finocchi sabe que para un oyente lo mejor es descubrir un pequeño mundo. De eso se trata “Guitarristas”, podcast disponible en Spotify y por el que han circulado artistas como Loli Molina, Niño Elefante (El Mató), Torio Bertamoni (Estelares) , Sol Bassa y Coda (Peligroso Gorriones).

“Tenía ganas de hacer un podcast hacia un tiempo y no me encontraba con la temática-cuenta el músico-. Un día hablando con Richard Coleman, le dije: vos tendrías que hacer un programa de pedales y efectos. Y ahí fue como que se me ocurrió. No me considero un erudito en ninguno de los campos- Pero siempre estuve muy vinculado a la compra venta, cuánto sale, para qué sirve. Siempre fui muy curioso…de preguntar: ese pedal que tenés ¿dónde lo compraste? Y así empecé a intentar reproducir las charlas que tengo con otro guitarrista cuando compartís una fecha”.

Pero el ciclo- que inicia su segunda temporada, con el vital aporte en edición de Gabriel Ricci y diseño visual de Lisandro Castillo- no se reduce a cuestiones técnicas sino que revela personalidades e historias de vida. “Es con lo que me fui encontrando. Cada guitarrista arma un relato. Los equipos y pedales son la excusa para encontrar a la persona. Lo podría hacer con cualquier rubro. Pero bueno…de guitarras y pedales tengo la ventaja de saber de qué están hablando”. Así es que “cada capítulo respeta esa cronología. Algunos más, algunos menos. Hay cosas que son similares para todes y otras que son singularidades que cuentan un poco de las personas”.

Con años de experiencia en FM Universidad 107.5 y  en Beatbox, Finocchi no solo sabe de mucho de guitarras sino también de radio. Y el formato podcast le permite un lenguaje que parece no ser muy frecuente al aire. “. Ahora todo el mundo se está riendo de las tendencias de twiter. En el podcast hay algo más romántico y más segmentado”. Y aclara no sin gracia: “Es real que nadie gana un peso. Tampoco es un laburo. Como todo tiene sus ventajas y desventajas. Si tuviese que ganar plata haría otra cosa. No me sale…”

Más allá de tu trabajo diario y que reconoce algunas referencias actuales como Migue Granados o Futurock, Finocchi sentía “la necesidad de hacer algo más personal. También es un lenguaje artístico. En algún punto lo periodístico se comió todo lo que era la radio. Porque tiene esa maravilla de que es un lenguaje sonoro y te da un montón de posibilidades. Podes crear un universo en un segundo”.  Y reflexiona: “Lo mismo que trato de hacer con el programa de la comida (“El fuego mata todo”, domingos a las 12 por FM Universidad). Así como conocer guitarristas,  conocer cocineros. Necesito dejar de lado eso de que lo último siempre es lo más importante. Toda la gente está viendo como hace para ser feliz. Escuchar a otro que le gusta algo o como hizo, te conecta con esa pregunta tuya . Creo que la radio, puede servir para eso”.

Finocchi intenta definir la guitarra: “Es un instrumento tiene mucha magia. Lo mismo que hablábamos de la radio. Podes ir de un lugar a otro y generar un clima muy rápidamente. Y transmitir una emoción. Los instrumentos donde están el dedo y el vibrato cuentan un montón. Uno termina siendo parte del instrumento. Termina dando la expresividad. Hace que una persona suene distinta que otra. Aparece la mano”. Y sobre el lugar que tienen las seis cuerdas en tiempos de computadoras y programaciones: “Entiendo lo que vos decis.  Hay una camada que no le da lugar, sobre todo con el hip hop. Pero al final en todas las bandas hay una guitarra. Por ejemplo Wos, que  lo tiene Ca7riel . Igual está bueno que se baje al guitarrista de ese lugar de héroe. No se trata de eso tocar la guitarra. No se trata de ser un semidiós. Se trata de crear un relato musical y armar mundo. Todos pueden. Con el triángulo también, eh… ¡Pero con la guitarra es más lindo!”