La Orquesta Latinoamericana de La Casita de los Pibes: música para volar

Desde Villa Alba la orquesta escuela resiste  en cuarentena con clases virtuales y lanzó un video junto al uruguayo Toto Yulelé

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Por Ramiro García Morete

“Todo bien”, respondió el pibe con naturalidad. Facundo Sosa no podía creer estar en pantalón corto en pleno julio. Y mucho menos que la orquesta estuviera en Medellín, en parte por Ibermúsica pero sobre todo por el esfuerzo y colaboración de todo Villa Alba. Hace unos años se había sumado como docente de guitarra a este proyecto, fruto de un convenio entre La casita de los pibes (pilar esencial desde hace veinte años) y el programa nacional Andrés Chazarreta de orquestas escuelas. Pero como tantas cosas, su estabilidad correría riesgo al asumir Cambiemos.  Sin embargo, la orquesta no solo se sostendría sino que grabaría un disco en 2017 y Han grabado su primer disco en el año 2017 y se presentaría en prestigiosos escenarios del país. Y ahí estaba uno de los pibes, lejos del barrio,  tomándolo no sin alegría pero con calma. Y es que abrirse al mundo y sus posiblidades debería ser natural. En parte de eso se trata la música: de abrir nuevos mundos. Como Nayla, que hoy da clases de charando o Alana, que toca en tres orquestas. Chiques  no solo aprendieron en la orquesta sino que hicieron de la música un proyecto de vida.

Pero en el mundo no está “todo bien”. Y es él, con sus políticas excluyentes, el que no se abre. Ahora y antes de una pandemia que agudiza la crisis y que visibiliza deficiencias estructurales. En ese marco La Orquesta Latinoamericana de La Casita de los Pibes significa más que un ensamble musical. Es parte de una idea colectiva y un proyecto de integración y contención. Por eso se celebra cada acción, como el lanzamiento  de un  nuevo video realizado íntegramente en tiempos de cuarentena. Se trata de una versión del clásico tema uruguayo “Candombe de mucho palo” compuesto originalmente por Carlos Barea, con la participación del cantautor uruguayo Toto Yulelé.  “Mucho palo pa’ que aprenda/A no volar a no volar”, dice el estribillo. Y aunque el mundo quiera, los de pie pueden  volar. Con las manos de todes y con la música, claro.

“La pandemia creo que lo que viene a hacer es visibilizar problemas que siempre estuvieron-inicia Sosa, uno de los docentes de la Orquesta-.  Se visibiliza ahora  la precariedad. Y a la vez como  el arte sostiene  un montón de necesidades. En ese sentido y en este contexto, es parte del proyecto es sostener y contener”. Y cuenta que cuando comenzó la cuarentena se preguntaron qué hacer: “Les damos clases virtuales,  pero había había algo que faltaba y era lo grupal que es identidad de estos proyectos y parte de la música. Ahí se nos ocurrió de qué manera encontrarnos: grabar un video- Agarramos un tema que veníamos tocando que es el candombe y , Julián Rossini (Director de la orquesta)  le escribió a Toto Yulelé.  Implicó un laburazo que llevo más de un mes”.

La Orquesta cuenta actualmente con alrededor de 20 chiques y se divide entre los que tienen más experiencia y los que recién toman un instrumento hasta poder integrarse a los ensayos generales. “Hay un momento de goce supremo cuando empiezan a tocar con la orquesta. Yo creo que el disfrute está en la música grupal que  es inexplicable, construir algo en tiempo real y en un grupo grande. Y si es una orquesta es algo mágico”. Tanto desde la instrumentación como desde el repertorio, la Orquesta tiene un enfoque latinoamericano.

Sosa remarca el apoyo de las familias y más en este contexto. “Cuando empecé a proponer con mis alumnes de seguir por medio virtual se engancharon bastante a pesar de dificultades. Se sostuvo que desde la familias y su voluntad. Nosotros somos un grupo y en ese sentido hay una contención que no es poca cosa. Por otro lado hay problemas grosos que necesitan más. Los pibes están contenidos por hay un proyecto  más grande que incluye a las familias.”.

Esa voluntad es general: “Creo que así como los pibes viven el encuentro grupal, los profesores también. Es un proyecto que llevamos todos. Todos le metemos para adelante. Es una sensación compartida. Me lo tomo como un trabajo con toda la responsabilidad, pero lo vivo como un proyecto propio. Como algo que haría más allá de un empleo”.  Y comenta: “Hay un problema es que nos cuesta resolver que es la permanencia. Muchos pibes que entran, están un año y medio, aprenden a tocar algo y dejan. Muchas veces por problemas ajenos. Los que están desde un comienzo son los que sostienen un proyecto. Como integrar. Los ´pibes viejos´ lo transmiten de forma implícita. Como van y acompañan a los pibes nuevos. Generan grupalidad”.

¿Se toca como se vive? Surgida la cita de una nota publicada días atrás en este medio, Sosa responde ante la asociación  de una orquesta y un proyecto de acciones colectivas. “Esa esencia del proyecto. Y del proyecto de la casita. Somos una gran familia. No sé cuanta gente hay laburando y cuanta gente se suma por la necesidad de comer. Hoy solo quedo funcionando el comedor. Es el corazón del barrio. Somos comunidad por necesidad, por elección y por ideología. Se toca como se vive.

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