Por Noella Durante

Afrontamos estadísticas que alarman, la pandemia de femicidios no baja nunca su curva, son cada vez más los casos de mujeres y disidencias asesinadas en este nuevo contexto de confinamiento. Desde que inició la cuarentena hasta hoy hubo al menos 57 femicidios, de los cuales el 71% ocurrió en las viviendas de las víctimas, según el último informe realizado por el Observatorio de Femicidios Adriana Marisel Zambrano, de la asociación civil La Casa del Encuentro, en el que además se indica que el 65% de los femicidas eran las parejas o exparejas de las personas asesinadas

Los ministerios de las Mujeres y Diversidades nacional y provincial están repensado su trabajo para poder atender las nuevas problemáticas derivadas de la pandemia. Pero la intervención del Estado sola ¿alcanza?

Como sociedad debemos entender que los cambios deben ser culturales, debemos reconfigurar nuestras costumbres, repensar los mensajes mediáticos, reforzar la Educasión Sexual Integral (ESI) en todos los niveles; en definitiva, resulta imperioso reconfigurar la cultura patriarcal.

El mundo antes de la pandemia se desarrollaba en el espacio público, en el afuera, en las calles, oficinas, fábricas, plazas, instituciones estatales, privadas, estadios, cines, teatros, escuelas, clubes, etcétera. A partir del avance del COVID-19, el planeta se ha tenido que recluir en los hogares. El confinamiento parece ser, por ahora, la única vacuna efectiva.

El patriarcado, cuya organización social impone al hombre como autoridad, ha establecido a lo largo de la historia un orden en el cual la mujer ocupa espacios que le son de su competencia y exclusividad: el cuidado, el hogar, la educación, entre otros (pocos).

En este paradigma los varones han tenido el rol de proveedor. Como tales, se han visto obligados a dar sustento económico a sus familias. Por lo tanto, el trabajo y la producción han sido constitutivos de las identidades masculinas. Esas masculinidades que solo ocupaban el hogar como refugio de descanso. No podemos negar que la mayoría de los hombres llegan, o llegaban, a sus casas luego de la jornada laboral a descansar; sin embargo, las mujeres, en una inmensa mayoría, llegamos a casa luego de la jornada laboral para seguir trabajando. Hoy, con la carga extra de vernos ante la necesidad de hacer todo en el mismo espacio y sin horarios definidos, trabajos desde casa, al mismo tiempo limpiamos, atendemos a nuestros hijos, hacemos las compras, y la lista de etcéteras se suma.

Quedarnos en casa como única forma de cuidado ha transformado, y sobre todo alterado, el orden social, donde el hogar como territorio femenino es ocupado irremediablemente por hombres también, ya sean hijos, padres, abuelos, amigos, concubinos, entre otros. En este nuevo escenario se plantean nuevas necesidades, por lo tanto, hay roles que indefectiblemente deberán alterarse. Pero ¿cuántos de esos varones han sido capaces de perder algunos de sus privilegios machistas en esta pandemia? ¿Cuántos de esos varones han sentido perder su poder dentro del hogar?

Sabemos por las cifras que el confinamiento ha recrudecido la violencia machista.
Desde el Estado se trabaja sobre la construcción de otras masculinidades. El Ministerio de la Mujeres y Diversidades de la Provincia, desde la Dirección de Promoción de Masculinidades para la Igualdad de Género, que tiene como director a Ariel Sánchez, realiza un trabajo integral sobre la construcción de otras masculinidades, que no estén ligadas a la vulneración de otras personas, que no se basen en los mandatos establecidos, y a la vez realizan tareas de prevención y protección.

Sánchez nos cuenta que desde la Dirección buscan trabajar para que las masculinidades estén «más ligadas a la empatía, a la construcción de relaciones más igualitarias, ya que hay otras formas de habitar las masculinidades, que ponen en cuestión el modelo normativo. Hoy lo que se está poniendo en jaque es el modo binario. El modo de ser varón cisgénero heterosexual no tiene que vulnerar a otras personas. Que lo que implique ser varón socialmente no implique expresar formas violentas, y que esas masculinidades no respondan a los mandatos de masculinidad de fortaleza, de ser proveedor, del ejercicio de la sexualidad, a nunca demostrar cierta fragilidad».

¿Cómo ha impactado el aislamiento en las diferentes masculinidades?, ¿por qué vemos un aumento de femicidios durante la cuarentena?
El confinamiento pone en crisis la relación con el espacio público que es nuestro principal espacio donde se despliegan estos mandatos de masculinidad. Y no se les ha enseñado a responder ante situaciones que los pone en un lugar de fragilidad. ¿Cómo presentarse como sujetos frágiles? La pandemia nos fragiliza a todas las personas: seas lo que seas, hay que cuidarse. Dentro de los mandatos de masculinidad no está el cuidado, no solo de las otras personas, sino también el cuidado de uno mismo.

La respuesta, en muchos casos, para seguir replicando esos mandatos de poder, hace que se recrudezcan las formas de violencia, como respuesta ante ciertas situaciones de incertidumbre. Por esto es vital que los varones repensemos nuestros lugares dentro del hogar. ¿Qué lugares tenemos dentro de nuestras familias, cómo respondemos ante eso? Tenemos que poder desarrollar emociones más relacionadas al cuidado y la empatía y no tanto al control, a la rabia.

No saber responder a situaciones de incertidumbre, con otras emociones que no sean violentas, tiene que ver con que toda la vida se ha criado hombres que no expresan sentimientos o emociones de fragilidad, lo que de ninguna manera le quita responsabilidad al violento, pero que en este contexto de pandemia queda mucho más en evidencia.

Ustedes trabajan con hombres que han tenido denuncias ante la Justicia por violencias. ¿Cómo es ese trabajo?
Desde la Dirección trabajamos fundamentalmente sobre dos ejes, uno más vinculado a la promoción y prevención, como campañas vinculadas a la modificación de estas prácticas y mandatos de masculinidad. También el desarrollo de materiales y documentos educativos para la ESI. Por otro lado, trabajamos con diferentes municipios y asociaciones que ya tenían dispositivos de abordaje de grupos de varones que ejercen violencia, que han sido denunciados por violencia de género.

Desde la gestión pública buscamos un lineamiento y fortalecimiento de estos espacios. Hoy se ven modificados por la virtualidad, pero se busca mantener y fortalecer.

«Es vital que los varones repensemos nuestros lugres dentro del hogar. Tenemos que poder desarrollar emociones más relacionadas al cuidado y la empatía y no tanto al control, a la rabia»

Aclaro que estos espacios de acompañamiento a estos varones que han sido derivados por la Justicia no quitan ninguna responsabilidad civil o penal, sino que implica hacer un trabajo para que no vuelva a suceder. Quien fue denunciado, además de cumplir con su condena, trabajamos con ello para que no vuelva a ejercer violencia. Se busca poder reconocer la violencia, después poder construir otras prácticas, y poder empezar políticas reparatorias.

Estas masculinidades deben entender que los feminismos reclamamos igualdad de derechos y que no es una guerra de sexos, como intentan plantear desde los sectores más conservadores y reaccionarios. Pero, por sobre todo, deben entender que no es posible seguir defendiendo sus privilegios a base de violencia y muerte. Basta de violencia machista, Ni Una Menos, Vivas e Iguales Nos Queremos.