«Nos sostienen las redes feministas». Esa fue una de las consignas que se replicó este miércoles en las redes sociales, junto con una batería de reclamos que esta vez no saldrán a las calles pero se hacen oír en la virtualidad que traen estos tiempos. Desde 2015 a la fecha, el 3 de junio quedó fijo en el calendario argentino, luego de la masiva movilización que marcó un antes y un después en los feminismos de nuestro país.

En 2015, el Congreso de la Nación fue el epicentro de una movilización que tuvo sus replicas en todo el país. El femicidio de Chiara Paez impulsó a miles de personas a una concentración sin precedentes, que superó toda expectativa. Si bien los feminismos en Argentina tienen una larga historia, la masividad se comenzó a consagrar ahí mismo, diciendo Basta a la ola de femicidios.

La agenda de los femicidios comenzó a instalarse, el grito de «Vivas nos queremos» sumó otras demandas históricas, que tuvieron su momento cumbre con una masiva marea verde que llevó a más de un millón de personas a reclamar en las calles de CABA por el aborto legal y la autonomía de nuestros cuerpos.

La agenda se institucionalizó y de la mano del gobierno de Alberto Fernández llegó el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad Sexual que hoy tiene al frente a la abogada feminista Elizabeth Gómez Alcorta, asumiendo el desafío de traducir en políticas públicas las demandas históricas y haciéndole frente a las consecuencias de una pandemia y un aislamiento que incrementa los peligros para las mujeres que conviven con sus agresores.

Vale destacar que en estos cinco años, según el observatorio Ahora que sí nos ven, se cometieron 1.450 femicidios, uno cada treinta horas. Este año ya van 117, 55 de los cuales ocurrieron en cuarentena.

Para Gómez Alcorta, el primer #NiUnaMenos «cristalizó esa lucha histórica del movimiento de mujeres, de la diversidad, contra la violencia por motivos de género. Una fecha a la que dijimos basta a los femicidios, basta a los travesticidios, a los transfemicidios y a las violencias».

La ministra destacó que «no existen formulas mágicas» frente a las desigualdades y ponderó el rol del Ministerio para jerarquizar la agenda de los feminismos. «El Ni Una Menos exige reducir las brechas de desigualdad de género tanto en las casas, trabajos, economía, educación, política, en nuestros cuerpos. Esa es parte de la agenda que tiene el ministerio», señaló.

«Tenemos la convicción de que las políticas públicas se construyen desde el territorio, con redes, con un entramado que nos permita articular con provincias, municipios, la sociedad civil, porque no hay forma de trabajar contra la violencia estructural si no es hacerlo de manera colectiva», concluyó.

En la misma línea se pronunció su par bonarense, Estela Díaz, quien consideró el primer #NiUnaMenos como «momento bisagra en el reclamo y en la visibilidad de la violencia de género, la discriminación y las desigualdades». «Nos encontramos en un contexto de enorme excepcionalidad, pero en nuestro caso estamos construyendo el primer Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, lo cual es un desafío enorme que es heredero de esas movilizaciones enormes, de la revolución de las pibas y de la gigantesca resistencia que se hizo desde el movimiento de mujeres a las políticas neoliberales», dijo.

«Hoy estamos con toda esa historia y esa fuerza trabajando como se puede en este contexto de excepción para prevenir, erradicar y atender las situaciones de violencia», manifestó, y añadió que «ese es el compromiso militante enorme y de política pública».

El colectivo Ni Una Menos en su habitual documento puso el foco en el «aumento de las violencias machistas, los femicidios, travesticidios y transfemicidios», repudió que las «compañeras trans y travestis son desalojadas de sus viviendas en hoteles por la voracidad inmobiliaria» y manifestó su dolor por «la muerte evitable de Ramona Medina». Pidió por «las niñas que en Santiago del Estero y Corrientes» que necesitan aborto legal y por las violaciones de niñas y jóvenes», y repudió «la violencia institucional que sufrieron compañerxs Qom» en Chaco. «Venimos a insistir en que nos sostenemos en las redes feministas, internacionalistas y transfronterizas, afrofeministas e indígenas, porque son nuestra fuerza, y desde ahí venimos a insistir que la deuda es con nosotras y nosotres», remarcó.

«Cuando decimos que vivas, libres y desendeudadas nos queremos, sabemos que otras gargantas se tensan en el mismo grito y eso nos da fuerza, nos estimula el deseo, nos ofrece la certeza de que vamos a cambiarlo todo. Que somos capaces de parar el mundo en huelgas feministas que trascienden las fronteras y se extienden desde las montañas del Kurdistán hasta las selvas tropicales de nuestra Abya Yala, haciendo visible que nuestra potencia y nuestros trabajos sostienen el mundo y que queremos y exigimos que gire en otro sentido».

«Queremos y estamos construyendo, con estas redes feministas, un mundo otro en el que todas las existencias tengan espacio, en el que la memoria viva de nuestras ancestras, de las luchadoras de otros tiempos, nos renueve la fuerza y la imaginación, en el que las niñeces y las vejeces sean dignas, sin violencias ni estereotipos, y en el que podamos pensar las crianzas y los cuidados como una relación recíproca y comunitaria», dice sobre el final el documento.