Por Ramiro García Morete

Estas diez historias son, en realidad, once historias. O más. O quizá una sola. Pero la suya seguramente no le resulte relevante o al menos lo suficiente como para interponerse en otras. Y que desde su adolescencia en Olavarría-esa ciudad en el centro de una provincia que ofrece más que llanura e hilera pueblos dormidos- se vio fascinado por las historias.  Ya fuera por aquellas revistas Selección o algún libro de historia. Nunca desde una pretensión de erudición, ni de ningún tipo. Por leerlas, por  escucharlas y también por contarlas.

Como cuando comenzó a hacer sus primeros programas de radio en la ciento siete punto algo de su ciudad, igual que hoy en día cuando desde la mítica señal universitaria de nuestra ciudad repasa la historia oculta del periodismo cultural impreso. Y es que sí: hay cierta fijación por los pequeños y ocultos universos que cobijan no historias solo mínimas sino también extraordinarias. “Cada relato-dirá el prólogo de Ximena Pascutti- es puerta a un mundo enrarecido: pueden ser las estrechas catacumbas de la antigua París empapeladas de calaveras o la búsqueda de fantasmas en un castillo abandonado que alguna vez fue reformatorio. O el pasado masón de la ciudad de La Plata. O los monstruos ocultos en la vegetación del bosque italiano de Bomarzo. El tema es la mirada”.  Y “el combustible de la caminata son las historias”, dirá un pasaje.

Y en el camino  de tantos años de oficio, el periodista recordó alguna noche un texto no publicado e indagando en carpetas sueltas, asoció de una crónica a otra con una década de recorrido.Textos publicados en medios como Página/12, Brando y Rumbos (de Argentina), Gatopardo (de México), Séptimo Sentido (de El Salvador), entre 2009 y 2019. Periodismo, literatura, no ficción…No parecieran importarle tanto esas categorías como sí las palabras. No porque haga un despliegue sino por todo lo contrario. Su voz narradora -al igual que en la conversación- será austera pero amena, lúcida pero sin petulancias, honesta pero no ingenua. Sus crónicas están llenas de datos pero no abruman, al igual que las impresiones y los juicios personales quedan postergados en pos de la historia y sus protagonistas. Como una suerte de lenguaraz o guía, señalará clara y casi pedagógicamente el recorrido pero sin ser imperativo.   Si bien escribir puede ser un salto  al vacío como arrojarse en paracaídas, se encargará de caer suavemente y aterrizar en pie. El cómo está en el libro. El cómo en su narrativa y el cómo que no abandona las “cincodoblevé” sino que la profundiza.

Como cuando diez años atrás escuchó sobre una pareja que había naufragado en el Río de la Plata y se le grabó hasta finalmente reconstruir el relato, detrás de cada noticia o historia hay un cómo. La noticia es que  está en “Lado B, Historias desde las fronteras de la realidad” (editado en conjunto por la Facultad de Periodismo y Comunicación de la UNLP  y la Facultad de Ciencias Sociales Unicen).  El cómo es lo que intentaremos que nos cuente su autor, Sebastián Benedetti.

“No tengo ese ego de todos los día revisar lo que hice. Uno se va olvidando.  Pero un día me puse a mirar notas que había publicado- introduce Benedetti-. Me di cuenta que había muchas que iban medio naturalmente hacia eso que terminó llamándose Lado B. Estaban las que había escrito porque te encargan, porque es laburo. Pero las que había elegido hacer, o había propuesto, iban para ese lado que se corría del día a día, de la agenda mediática. Personas, lugares y situaciones que estaban por fuera de lo común. Esos lugares que se mantienen por fuera del lado A”. Y define sus intenciones: “Sobre todo, contar historias. Tiene que ver con un pasito más allá para conocer un costado que está más oculto. Son historias de lugares donde pasaron cosas que se corren de lo habitual, gente que hizo cosas que se corre de lo cotidiano. Es el tipo de periodismo de contar historias que son mínimas pero nos dicen algo. El mundo del periodismo está yendo a una velocidad muy grande y corriendo detrás de algo que nadie entiende bien que es. Informando sobre todo, todo el tiempo y nadie sabe para qué. Tenemos una agenda cargadísima todo el tiempo. Un “Lado B”a eso: parar la pelota y escuchar”.

Si bien a lo largo de una década las crónicas varían según el medio, las posibilidades y demás se mantiene una estética o voz: “Es el estilo que me interesa a la hora de contar. Es simple. No me interesa sobre cargar las notas. Inclusive la narrativas como la del exorcista tienen un ritmo, pero intento ser despojado. Y de las diez notas, solo tengo protagonismo  en la del paracaídas. En ese sentido, la gracia es pensé: “tengo vértigo, soy cagón y me voy a tirar solo para contarlo”. Pero me interesa escuchar a los demás y no tanto meterme demasiado. En ningún caso son de opinión. Me gusta ir, mirar, preguntar y contar sin que sea una nota informativa.  Tampoco es pirámide invertida. Hay una mirada y ahí está: me interesa escribir sobre esto”.

Del mismo modo, propone “perderle el miedo a los libros. Este libro es para picotear porque es un libro que recopila. Y a quien le interese leerlo entero, agradecido”. Pero se aclara de destacar las ilustraciones de Eduardo Cejo: “Son bastante despojadas. Cuando surgió la idea, cada nota tenía su foto. Pero en vez de usar esas imágenes, le pasé los textos y en base a eso hizo ilustraciones que le dan unidad”.

 

LINK DE DESCARGA:

https://perio.unlp.edu.ar/archivoperio/sites/default/files/lado_b_pdf.pdf