Por Ramiro García Morete

Loreta Neira Ocampo y Victor Borgert viajan y crecen por el mundo de la mano de bellas piezas pop que concilian poética latinoamericana y beats contemporáneos

“Hay una parte de ti/y una parte de mi/que viven en otra ciudad/Hay algún rincón de aquí,/alguna fiesta por ahí/que nos invita a vivir”. Casualmente o no, finalmente vivirían en la misma ciudad. Loreta Neira Ocampo había decidido dejar su trabajo en la Fundación Mercedes Sosa e irse un tiempo al DF mexicano. Ya hacía varios años que había llegado desde Santiago de Chile para estudiar Artes en la UBA y escribía para medios independientes. De hecho, así lo conocería a Víctor Borgert , una noche en Niceto B, cuando fue a cubrir un concierto del uruguayo Franny Glass. Por entonces, el nacido y criado en La Plata formaba parte de Tototomás.  Desde esa noche habían construido un vínculo donde las coincidencias irían más allá de la música. Loreta tenía sus canciones y algún proyecto, pero  sería Pitucardi quien los uniría con Expediciones Científicas.

“Para siempre es mucho”.  Sin saber que se convertiría en la dinámica que hasta hoy conservan, la canción compuesta a pura guitarra sería trabajada luego con sintes y baterías por Victor. Tampoco presumían que aquella sociedad musical y afectiva se convertiría casi en un plan de vida. Por eso es que -casualmente o no-  vivirían en el DF cuando llegó la invitación a Tototomás para participar en el Vive Latino 2016. Desde entonces, no habría marcha atrás.  Diversos trabajarnos, como regar plantaciones o dar clases de música en una cárcel ubicada en una Isla hará de la estadía en México un primer y sólido paso hacia una confirmación reveladora. Esa vida era posible.

Al menos eso sentiría Victor cuando hicieron su primer viaje a Europa  en el 2017, ya con “Canciones dispersas” y entre cd´s virgnes que vendían y actuaciones en barcitos hallaban el modo de subsistir y aprender.  Yendo y viniendo, con el equipaje necesario: la Olds Ambassador con sordina, Yamaha con cuerdas de nylon, el cuatro, el clarinete, samplers, sintes, cables, mixer y todo lo que entre en la carry on bag. Y un curriculum de viajes, festivales y conciertos tan interminable como su nombre que al día de hoy incluiría España, Portugal Ucrania, Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Alemania y República Checa.

Más allá del carácter trashumante y el delicado trabajo sonoro que se nutre de beats y sintetizadores, las canciones nunca perdieron la raíz latinoamericana y una poética que se nutre de reflexiones sobre las relaciones y experiencias humanas. Todo envuelto en un sonido tan pop y fresco como -en cierto punto -existencialista . “El Movimiento del Error”(2019) da crédito de ello y de su mano-sumado a un par de sencillos- emprenderían una nueva gira que se vio interrumpida por la pandemia. Con base en Bratislava, donde quedaron varias de sus pertenencias, el dúo se resguarda en Alemania hasta que puedan regresar al movimiento sin importar el error, la fama o el destino. Y es que de eso se trata Helado Infinito: no de una carrera por correr sino de un camino que invita a vivir.

Quizá por tanto recorrido, la estética y sonido de la banda decanta solo. “Nunca lo nunca lo charlamos demasiado- asegura Loreta-. Naturalmente, cuando le muestro las canciones a Víctor con  la guitarra tienen cierto espíritu y  nos conocemos tanto, que  cacha al toque como puede ser el beat.Cuando no pasa eso, las canciones no siguen. Si cuestan mucho, si es muy dura a cosa, si no fluye, no forzamos”. Y Víctor agrega: “El estilo de lo que nos gusta escuchar es parecido, como un ideario. Al fin y al cabo imaginamos cosas que a los dos nos gustan. Es una idea y vuelta constante, pero no con un plan preciso”.  Con modestia, Loreta cuenta: “Para nosotros tocar en vivo es muy lindo pero muy difícil. Ninguno se considera muy músico. Tocamos por gusto, pero no es que toquemos muy bien”.

Respecto a las líricas, “me gusta especialmente la poesía-cuenta la cantante-. En ´No sé” hay una cita a Bolaño. También cito a Vicente Huidobro. Frases que me quedan dando vueltas y son disparadores.” Con mucho mate y camino de por medio “todas esas charlas  se van plasmando en las libretas-cuenta Loreta. Así surgió el nombre del disco. Nos gustó  poner la cosa del error, bien fuerte. La filosofía o cómo actuamos es como tirarnos a la piscina. Aprendiendo en el camino”. Y se explaya: “Nos gusta este estilo de vida,vivir de algo que nos gusta, que nos hace bien y crecer todo el rato. Y estar cuestionándose muchas cosas todo el tiempo.  Me gusta ir conociéndome en la música, en muchos aspectos. No tengo para nada una expectativa de fama o mucho más público”.  “Y a la vez, han llegado cosas increíbles-acota Víctor- . Lo cual me hace relajar. Si sigo haciendo las cosas así y no necesito otras, es relajante. La ambición de ciertas cosas no hace bien a los proyectos”.

“Nosotros vamos siempre con los ojos bien abiertos- cuenta Loreta respecto a lo social y político-.  Ponemos foco en conocer y la misma gente te va contando experiencias. Le damos bastante espacio para ahondar más en esos temas. En Bratislava, gente de lugares diferentes nos contaban experiencias con la educación y la salud. Tenemos un par de canciones  sobre lo que nos pasaba con el estallido que hubo en Chile y que estarán en el disco nuevo. Las cosas que te atraviesan siempre van a aparecer. Es difícil ser indiferente”.  Y  Víctor aclara: “No nos ha pasado idealizar Europa. Tampoco es que acá es mejor”.