Por Ramiro García Morete

Desde “Arana” , cuatro experimentados músicos de nuestra ciudad emprenden un nuevo viaje entre la electrónica y el rock.

“Universo de este amor/Que lo vuelves a encontrar”. El rastro de humanidad más próximo se sitúa a tres kilómetros. El cabezal  Hartke de 350 con caja de 410 puede entonces sonar poderoso y ensamblarse con el sub-low  para crear una atmósfera donde la gravedad no solo reside en la frecuencia. El Fender Jazz Bass y la Telecaster dialogan y juegan sobre las oscuras bases disparadas desde el Reason . Una voz corrosiva desgrana versos sobre romances tórridos  o enredados, sobre dolorosas ausencas y viejas costumbres. Cada miércoles desde hace uno o dos años, se lleva a cabo el rito que puede extenderse hasta las 2 am. Sebastián Ferrero no va desde Sicardi sino al salir de Tai Chi. Desde 7 y 62 o por ahí, el Vasco Usabarrena y Hernán Achinelli  emprenden viaje a Arana.

Y es que Rancho Relaxo –tal como llaman la casa del Vikingo o Christian Giampieri – lejos está de la densidad urbana que expiden en canciones de clara ascendencia post punk y ochentosa. Casi como una guarida rural, la escena está montada para dejar atrás estructuras creativas de proyectos anteriores y -por supuesto- la ciudad, sus oficinas, sus horarios.

Justo entre ellas y los pasillos de un  Ministerio, el Vasco y Sebastián ya habían entablado una amistad que alcanzaría a sus familias y el interés por la banda que casa uno integraba entonces: Supernadie y La Pelada, respectivamente. Pero sería apenas dos años atrás que surgiría la inquietud.  Tras la triste partida del Torito, La Pelada también detendría su paso. Por su lado, el Vasco quería experimental algo más allá de su banda de toda la vida.  Los primeros cinco o seis encuentros serían tan gratos como posiblemente infructuosos. Una pausa de casi seis meses recién permitiría la pieza restante. Lugosi tampoco seguiría tocando por lo cual Hernán sería ideal para darle forma a las experimentaciones sonoras del Rancho.

Viejos conocidos de los escenarios, no harían falta extensas charlas como sí las tienen hoy. Primero, lo primero: “Los cuatro somos de la idea de que primero tratemos una conecta energética que es lo que nos está juntando”. Al tercer o cuarto ensayo, todo cobraría forma. Inclusive la canción que bautizaría a la banda que debutó no casualmente en un festival (surgido de tributar a inegrantes de La Pelada) llamado “Día del Amigo Rock”. “Integridad y unión” definirá casi casualmente el bajista el espíritu de un grupo que entiende que lo mejor del viaje no es necesariamente llegar. Que por extenso, no debe ser necesariamente tortuoso. Del mismo modo que “no siempre por ser oscuro tiene que ser lúgubre” y que es “como pintar paisajes oscuros que son bellos”. En ese juego de contrastes o más bien de unir partes, tal como cada uno interviene en el instrumento  del otro y potencia su habilidad, la banda edita “Arana”.  Canciones que concilian rock, electrónica, oscuridad y también un pulso bailable, pero cuyo transito previo es mucho más extenso que lo aparente y procedente de la experimentación y lo lúdico. Ese es el rumbo tomado-parafraseando  a Frost- por el cuarteto: El Camino Más Largo. Y que el verdadero lugar en el mundo- más allá de ese rancho en medio del universo- es la música, cuyo viaje es infinito.

La cuarentena y la necesidad de mantener activa la banda fueron una de las motivaciones para terminar y masterizar el primer disco de la banda cuyo proceso describe Ferrero: “Con el tema de las máquinas, una vez que están delineados los cortes, bajadas, subidas e intenciones, todo queda encerrado en esos compases. No nos permite variar eso y es lo que se mantuvo de las maquetas. Los que sí es que los audios se modificaron y se ajustaron más a la idea que teníamos. La posibilidad de ir a un estudio (Cultura Estudio) con un técnico que sabe más (Gustavo Pronsky) para lograr eso que en lo del Vikingo estábamos cuatro horas toqueteando, a veces hasta intuitivamente”.  Sobre esas bases es suele basarse la composición de la banda. “Se labura mucho en los ensayos. Es una conjunción bastante anárquica. Tocamos mucho muchas cosas, encontrando el swing, el estilo y el espacio. Se van redondeando con la misma tocada. A medida que Hernán trae letras, a veces en  que a veces grandes zapadas. Y después vamos recuperando y van tomando formas. La forma de creación y como empezamos a meternos en cada canción es bastante anárquica”.

Esas formas se asocian en parte al recorrido previo y a las necesidades actuales: “La parte de post punk es la que más nos ha gustado como melómanos. También tiene que ver con que veníamos de Lugosi, más industrial. La idea era seguir con algo similar pero el hecho de que llegue el Vasco, que tiene algo  más de canción y Achinelli  quería desprenderse un poco de esas cosas tan oscuras. Sin perder de vista a artistas como Gary Numan”. Y define. “No siempre por ser oscuro tiene que ser lúgubre. Hay belleza y poesía dentro de la oscuridad. Quizá esa una diferencia con Lugosi. Como pintar paisajes oscuros que son bellos”.

Algo esencial es el vínculo: “No somos celosos de nuestros instrumentos. Todos opinamos mucho sobre lo que tocan los demás. Y además arrancar de cero te permite eso: plantearte para dónde vamos.  Para dónde vamos”. El rumbo, fuera de los detalles musicales, está claro: “Todos la vimos por ese lado. Los caminos largos donde lo lindo no es la llegada sino el camino. No por ser largo tenga que ser molesto sino disfrutable”.