Clases virtuales en la Universidad: cómo funcionan y qué dificultades se destacan

Docentes y estudiantes describen cómo atraviesan esta especial etapa para la educación. Opina Mariana Maggio, especialista en tecnología educativa.

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Las clases en modalidad virtual llevan más de un mes en la mayoría de las facultades de la Universidad Nacional de La Plata. Las dudas iniciales de docentes y estudiantes fueron saldadas, al menos para comenzar y no perder el cuatrimestre. Sin embargo, las complejidades en los usos y aprendizajes son amplios, ya que nadie previó la llegada de la pandemia y las apropiaciones debieron hacerse a las corridas. A eso se añade la incertidumbre sobre el tiempo que resta de educación a distancia, de acuerdo con cuánto avance el virus sobre la población y, por lo tanto, el aislamiento social.

Sebastián da clases en la Facultad de Humanidades, en el anteúltimo año de la carrera de Educación Física. Nunca antes había usado la plataforma virtual y, a pesar de que las clases de este modo son «posibles» -señala-, aún se encuentra en la búsqueda de las mejores plataformas y modos virtuales para desenvolverse.

«el principal problema es no saber cómo reemplazar el dispositivo clásico de persona a persona»

«La utilización fue forzada. En la cátedra anteriormente no habíamos usado la plataforma virtual, siempre acudimos a la modalidad clásica. Esto nos obligó a rearmar los programas de prácticos y teóricos, y armamos un programa combinando los dos y respetando la organización previa de las comisiones». Y añadió que «el principal problema es no saber cómo reemplazar el dispositivo clásico de persona a persona». En sus prácticos recurre a la aplicación Zoom y salda dudas mediante el chat de la plataforma de Humanidades.

Otro docente de esa casa de estudios coincidió en cómo suplantar lo presencial. Cada docente recurre a sus herramientas. «Una alumna no comprendía y pidió un intercambio más dinámico y cercano que los foros y vía mail. Entonces iniciamos las videollamadas en pequeños grupos para atender esas dudas puntuales, pero son casos particulares», detalló.

«la educación a distancia tiene su especificidad y lo estamos aprendiendo mientras avanzan las clases»

Cada herramienta nueva que van sumando las y los docentes a sus clases requiere una instancia de apropiación que implica tiempos y adaptaciones. «Esto requiere una formación. La educación a distancia tiene su especificidad y la estamos aprendiendo mientras avanzan las clases», afirmó Sebastián.

La aplicación Zoom es la más utilizada para dar clases sincrónicas, mientras que para el envío de materiales e intercambios de consultas son frecuentes las redes sociales (grupos en WhatsApp y Facebook), mails o sitios web de las cátedras. También la plataforma AulasWeb, común a toda la Universidad.

Los docentes también remarcaron los obstáculos en cuanto al acceso. Por un lado, en relación con los elementos: por falta de notebooks, netbooks o PC, muchos estudiantes deben recurrir únicamente al celular. En segundo lugar, la conexión, que impide ingresar a clases sincrónicas.

Cómo lo viven las y los estudiantes

Nahuel estudia Diseño y Comunicación Visual en la Facultad de Bellas Artes. Dijo que en líneas generales la comunicación con las y los profesores y las clases «funcionan bien», pero precisó que no se siente cómodo con Zoom porque «las clases se cortan una vez cumplidos los cuarenta minutos, y ahí hay un intervalo que dificulta seguir con la línea de la clase». También porque «el docente transmite de una manera comúnmente que no puede hacerlo en una clase de cuarenta minutos y mediante una cámara donde se le ve solo la cara».

Soledad, estudiante de Artes Audiovisuales, explicó que tiene dificultades porque cursa muchas materias y no hay una plataforma única para las cursadas. «No existe una plataforma que unifique. Cada materia se maneja a su modo, con blogs, mails, Dropbox, Facebook, eso hace las cosas bastante dispersas», y agregó que solo unas pocas materias coinciden en AulasWeb.

Las carreras tienen sus particularidades a la hora de estudiar virtualmente. Otra estudiante, de Inglés (Humanidades), dijo que «en Fonética se hace complicado porque depende de sonidos y movimientos de la boca. No sabés si lo estás haciendo bien y no hay posibilidades para interrumpir una clase para preguntar».

El desafío para profesoras y profesores

Mariana Maggio, licenciada en Ciencias de la Educación, especialista y magíster en Didáctica y doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires, dialogó con Contexto sobre cómo impacta este proceso de clases virtuales en la docencia universitaria y cuáles son los desafíos del campo.

«En esta transición tenemos que hacernos el tiempo para formular las preguntas pedagógicas que corresponden a este momento de la historia, como cuál es el significado de tener un encuentro en vivo o sincrónico», sostuvo. «No puede ser la repetición de lo que sucedía en clase, de dar un teórico cuatro o cinco horas. Esta es nuestra oportunidad para avanzar en una propuesta pedagógica renovada y aggiornada, que tenga sentido en ese contexto tan difícil que estamos viviendo».

«Las trabas están en nuestra propia cabeza, tienen que ver con una cierta lógica clásica que en muchos casos todavía persiste en la clase universitaria»

«En cierta medida, las condiciones se están rediseñando en la pandemia. Se trata sobre todo de un cambio de enfoque, de poder volver a pensarnos como Universidad y como fuerza que resiste a la expulsión, y para eso tenemos que generar prácticas de enseñanza contemporáneas y profundamente inclusivas. Esa es la cuestión central. Después podemos decidir en qué casos son presenciales y en qué casos a distancia», definió la especialista en tecnología educativa.

«Las trabas están en nuestra propia cabeza, tienen que ver con una cierta lógica clásica que en muchos casos todavía persiste en la clase universitaria. Venía proponiendo la desarticulación de ese enfoque y estas circunstancias lo que hacen es poner sobre la mesa la urgencia de hacerlo», concluyó.