Gastón Disanti: el río musical

El ex Falcons se adentra en las raíces con canciones despojadas que van del blues al folk mientras despide “Insolencia idiota” con el flamante video de “Barcos fantasmas”.

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Por Ramiro García Morete

“Están los que se van y los que siempre están corriendo/ los que se quedan esperando y los que siempre están volviendo/ Pero no sé si sabías que es de buena madera mi bote”. Punta Lara no es el delta de Mississippi. Pero hay algo en el agua y el modo en el que transcurre el tiempo. Sobre el horizonte que corta ese “río de barro y sueñera”, los barcos parecen pequeñas figuras suspendidas. Como si hubieran estado allí mucho antes que nosotros, como si fueran a estar después. Como si no se movieran y sin embargo, viajando mucho más lejos que cualquiera. Casi como la música que apila en cd´s en una caja de zapatillas, junto al dvd donde repasa historias de viejos artistas cuyas vidas fueron tan fascinantes como su obra. “La nave espacial”, llamará a ese rincón de la casa de Altos de San Lorenzo de su abuela, donde por ciertas cuestiones se vio obligado a oficiar de casero.

Algunas personas son como esos barcos: parecen navegar ligeros, mientras las mareas se agitan por dentro. “Trato de ser tranquilo, pero no queriendo mostrar mi conflicto interno”, dirá con la misma espontaneidad que surgen los versos e ideas que anota en los cuadernillos que él mismo elabora. Al igual que cuando componía para The Falcons (esa pandilla de hermanos que surgió tras su experiencia con lo que sería Hojas Secas), son versos que fluyen con la simpleza necesaria para instalarse y revelar su verdadera profundidad.

Directos y adhesivos como aquellas líneas de bajo, el instrumento que compró cuando a los 12 su grupo de amigos del Castañeda armó una banda para tocar temas de “2 minutos” y cosas así. Las cuatro cuerdas lo habían atraído básicamente por su tío Larry, quien entrados los ´90 tocaba en una banda de Heavy Metal y tenía un cajón lleno de Redondos, Hermética y más. Si bien su padre había tocado el acordeón, el despertar se había dado de la mano de su hermano Mauro y unos cassettes de AC/DC.

Pero sería la acústica Epiphone la que lo cobijaría mucho tiempo después, ya sin banda pero nunca detenido. Quizá fuera inspirado por artistas como Richie Heavens o los maestros de blues. Quizá porque era lo que tenía a mano para “sacarse lo que tenés adentro”. Como cuando le abrieron las puertas en Moby Dick y grabó a la vieja usanza: voz y guitarra a la vez. Luego adheriría en su home studio voces dobladas, armónicas slides y distintos aditamentos que constituirían un repertorio urgente de canciones que oscilan entre el blues, el folk y cierta sensación de psicodelia lo –fi. Canciones a las que sumaría en vivo a Lucio Macchioli (guitarra) y Juani Genovese (batería), “para que hagan lo que quieran adentro”. Siguiendo su propia corriente y capitán de canciones hechas de buena madera, Gastón Disanti.

“A veces uno quiere sacar lo que tiene adentro de la manera más fácil que sea – introduce el músico–. Yo creo que con la guitarra y cantando es algo que lo puedo hace de una manera más sencilla. Y así fue como se dio el disco, un poco más despojado. Con colores acústicos, porque me gusta. Es algo que con banda es difícil de investigar”. También tuvo que ver con las circunstancias: “Más que capturar el crudo, fue la posibilidad que me dieron…cuando te dicen si querés venir a grabar. Y me dediqué a aprovechar el espacio que me fueron dando. Es una manera de hacer catarsis. Más que nada por hacer una catarsis. Si uno compone, lo bueno es sacarlo afuera”.

Desde que The Falcons dejaron de tocar unos años atrás, Disanti se mantuvo activo. “La verdad siempre estuve tocando. Activando cosas. Alrededor del 2016 Teo Caminos presentaba disco, así que  lo acompañé tocando el bajo. Es bueno tocar canciones de otros y aprender a tocar de otra manera. Después, yo siempre estuve haciendo maquetas o tratando de armar música, dando más identidad a lo que estaba componiendo”.

“Estar al frente del escenario es un aprendizaje –analiza Disanti–. Te das cuenta que todo varía según lo que hagas: un silencio, un grito. Es como que tenés un poco más el control. Para mí lo importante es que cantar y tocar la viola es algo que me gusta y me relaja. Si estoy en esa posición es porque lo decido y me gusta. Más allá de que alguna vez sufra una desafinación o no llegue a tal nota. Se arregla practicando. Y cada vez descubriéndose más a uno mismo”.

Otra variante fue cambiar de instrumento principal: “No es lo mismo componer con el bajo con una línea que atraviesa una idea e ir agregando, que la guitarra o la guitarra con la armónica. Cada instrumento te lleva a otro lugar”.

Disanti dice que componer es “como pulir una piedra” y que no tiene fórmula. Como alguien que se reconoce de “vieja escuela”, hay una parte importante de su formación que tiene que ver con el arte perdido de escuchar discos o ver documentales sobre referentes del blues: “Me sorprenden las historias de esas personas. Más allá de la música, esa necesidad de que tenían que tocar para comer o para ser alguien más allá de cualquier éxito. Historias reales respecto a la música”. Y explica el porqué de ese género tradicional: “Es también  volver a las raíces. Algo que pasa con la música. Hay mucha tendencia de lo que está bueno, de lo que hay que escuchar…Pero me gusta estar en la mía, escuchar un disco varias veces, siempre que me lleve a eso. Por ejemplo ahora estoy con una review de ´Let it Bleed´. A veces trato de irme por las ramas sino de afianzar lo que ya escuché. Pero me gusta que me recomienden bandas. Es algo que escucho más por eso: sé de la mano de quien viene. A veces trato de escuchar menos para digerir tanta data”.