Cicco: «El miedo de la cuarentena es el miedo a que la vida cambie por completo»

El periodista y escritor Emilio Cicco (ahora Abdul Wakil) habló con Contexto sobre la necesidad de recuperar la espiritualidad en medio de la cuarentena. Un repaso por la fe, los miedos, las trabas de la vida moderna y su propia experiencia con el encierro total.

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«Lo que se necesita para emprender un camino espiritual es estar aburrido. Pero no cualquier aburrimiento. Tedio pesado de bolsa de papa, hastío ineludible de cuarentena que no se cubre ni con maratón de Netflix. Tufillo penetrante a sin sentido. Ese aburrimiento es buena señal. El bodrio es tierra fértil, trampolín para hacer la gran Buda: dejar doncellas, bufones y el móvil, y espiar con los ojos cerrados, por la cerradura que mira para adentro», escribió el periodista y escritor Emilio Cicco, quien años atrás se sometió a su propio aislamiento a través de la seclusión, ritual que deben atravesar al menos una vez en la vida todos los devotos del sufismo, rama mística del Islam a la que él mismo se convirtió hace once años.

Tras escribir artículos y crónicas sobre la seclusión –cuarenta de encierro y meditación sin contacto exterior– y publicar el libro Rock and Roll Islam, la conversión menos pensada, Cicco, ahora reconvertido en Abdul Wakil, conversó con Contexto sobre el peso de la fe en tiempos de cuarentena obligatoria, las ataduras a distracciones banales y la oportunidad de usar el confinamiento para, como él mismo definió una vez, «sacudir la modorra espiritual».

¿Qué propósito tiene la seclusión y cómo puede vincularse al aislamiento que hoy viven muchas personas en Argentina?
La seclusión, llamada “khalwa”, dentro del sufismo es la práctica más intensiva. Los maestros dicen que al menos una vez en la vida hay que hacer una. Los objetivos del khalwa son muchos, pero el primero, el más superficial, sería no distraerte. Ahora, esta cuarentena también te obliga a no distraerte, más allá de que puedas ver series o películas. Te tenés que quedar guardado en tu casa, donde tu cabeza comienza a volverte loco. Es abandonar un modo de ser y cambiarlo por otro completamente nuevo. Ahora, por ejemplo, cuando salgas a la calle no te vas a poder ni rascar la nariz como antes. Muchas cosas que están en piloto automático hay que desarmarlas. La gente puede salir de dos modos de esta cuarentena: o más loca –que creo será la mayoría– o más iluminada, que esperemos sean muchos.

¿Por qué generaría eso el encierro?
La cuarentena, por más que suene feo, es como un anuncio de muerte. Cuando vos estás cerca de la muerte, se te muere un ser querido, padece una enfermedad o te pasa muy de cerca, te hace un replanteo fuerte de la vida. O te podés hacer el boludo. Entonces, es como un llamado. Si le das bola a ese llamado, vas a tener que actuar en función de eso. Todos los maestros dicen que lo primero que tenés que hacer es hacer algo con tu espíritu, y es lo primero que olvidamos. Preferimos ver una maratón de Vikingos que ponerte a meditar. Esto, de algún modo, ayuda a que se entienda qué es lo más importante. No es ni la serie que vas a ver, ni las zapatillas que te vas a poner. Es algo más importante.

el miedo es a que la vida cambie por completo. A romper el cascarón. Y lo tapamos poniendo todo el día Netflix, haciendo cursos o comprando barbijos de Louis Vuitton.

¿Es una oportunidad, entonces?
Esta situación es una invitación a que la gente experimente la espiritualidad. Que explote lo que tiene dentro. Está todo el campo de juego armado. Pero está la tendencia a procrastinar lo importante con cualquier boludez por miedo. Y el miedo es a que la vida cambie por completo. A romper el cascarón. Y lo tapamos poniendo todo el día Netflix, haciendo cursos o comprando barbijos de Louis Vuitton.

Hablaba con un amigo y me decía que todo el mundo se está anotando en cursos de cualquier pavada, de canto, de teatro, se siguen llenando de cosas que quizás no les sirva en absoluto. Es otra distracción más. Están todas las condiciones dadas para averiguar qué carajo vas a hacer y, aun así, la gente le sigue encontrando la vuelta para no verlo.

Puede no ser fácil o directamente inaccesible para muchas personas, hay quienes no pueden resguardarse en el aislamiento por muchos motivos.
Si realmente se puede hacer algo por ellos, está perfecto que lo hagas. El tema es si eso no es justamente otra distracción. Todos los maestros indican que hay que ser un poquito egoísta para después ser más solidario que antes. Primero uno tiene que resolver dónde tiene la manguera anudada y no sale agua. Hay mucha gente que ahora se ofrece «si querés hablar conmigo, si estás deprimido, estás solo». Pero andá a saber si justamente me interesa hablar con ese. Quizás no tiene nada para darme.

El Islam dice que a aquello que pensás que te hace bien hay que tenerle cuidado, porque puede ser lo que hace mal.

Están en boga muchos cultos alternativos o discursos de autoayuda sobre esa idea.
Esto sirve para ayudarte a vos mismo, pero no como creías antes, comprándote un libro o una linda camisa. Eso es ayudar a una parte de vos que va a morir, superficial. ¿Por qué circulan tantos libros de autoayuda, tantas técnicas que suenan buenísimas y a nadie le funcionan? Hay gente cada vez más loca. Hay un montón de terapias y la gente está cada vez peor. Hay una necesidad de no volverte loco por no tener la distracción. Es como a los nenes que les sacás el chupete. Y cuando se lo sacás, te va a recontra putear. Pero es el paso necesario para crecer y ser adulto. Mucha gente quiere seguir con el chupete. El Islam dice que a aquello que pensás que te hace bien hay que tenerle cuidado, porque puede ser lo que hace mal. Esta situación está sacándonos el chupete y la gente tironea para volver a metérselo en la boca.

A simple vista suena muy básico y fácil. ¿Por qué es tan difícil y nadie lo estaría viendo?
Todo el mundo nace con un estado natural, algo que en Islam se llama «fitra», que es el propósito de la vida. Vos sabés para qué fuiste creado, qué tenés que hacer. Pero eso mismo se va olvidando por elegir otros caminos. En el camino del sufí te hacen reconectar con esa fitra. Yo lo llamo el «natural mystic», como la canción de Bob Marley. Es la mística natural. Algo que ya está. Pero eso es lo más difícil. Está ahí, está tan cerca que es difícil buscarlo. Como la pastillita de Matrix, cuando te le dan a elegir. No quiere decir que lo que veas vaya a ser más bonito, pero es más real de lo que se veía antes. Te das cuenta que estabas en una borrachera. Y cuando salís de la borrachera podés ver la borrachera del mundo también. Lo que pasa es que se olvida. En el árabe, la palabra «hombre» es de la misma raíz que la palabra «olvido». Entonces, en el hombre su naturaleza es olvidar. El camino sufí es el del recuerdo. Recordar para qué estamos acá.

¿A vos cómo te afectó ese proceso?
Hay cosas que se desmagnetizan, que antes te magnetizaban. Por ejemplo, a mí me gustaba la literatura, ahora ya no pasa. Regalé muchos de mis libros. Lo mismo con mis discos: antes veía las reseñas de discos de la Rolling Stone y me los bajaba todos. Ahora no me interesa más. Y no es porque alguien me diga que ya no puedo hacer más eso. De hecho, lo puedo hacer cuando quiera. Pero se me desmagnetizó. Como cuando sos pibe y estás con los muñecos. Un día ya no sentís más nada. A mí me gustaban los juguetes de He-Man. Y un día te sentís medio boludo, ya no sentís la misma aventura de antes. Encontrás algo mejor. Cuando te enamorás de una chica o un chico, dejás la barra de amigos a la mierda y no te importa. Te dicen «este se volvió loco, es un pollerudo». Pero es porque encontraste algo más fuerte. Quienes se quedan en los muñequitos ven al adulto como un nabo, como un aburrido.

es la verdadera rebeldía […] Una vez que aceptás que Dios existe, todo el resto pierde poder, todos los ídolos, todas las figuras. Es casi hasta punk.

¿Se puede explicar lo que sucede durante la seclusión?
Es una experiencia que tiene que hacer cada uno. Se abren puertas que no se esperaban. Porque uno puede decir: bueno me encierro cuarenta días, me quedo haciendo determinadas prácticas, te podés aburrir mucho o poco. Pero hay ciertas cosas que se abren para las que no estás preparado.

¿Por qué el camino del Islam y no otro?
Es la espiritualidad del futuro. Tiene que ver más con el mundo moderno que las anteriores. El Islam es como el IPhone de las religiones. El Islam es la verdadera rebeldía. Sería interesante en Argentina, sobre todo, donde somos todos rebeldes y nos agarramos de cualquier rebeldía. Una vez que aceptás que Dios existe, todo el resto pierde poder, todos los ídolos, todas las figuras. Es casi hasta punk.