Ticky: motivos para seguir cantando

El músico platense lanza un nuevo video y continúa con un cancionero que oscila entre el pop, el reggae y un mensaje optimista.

651

Por Ramiro García Morete

“Tara-ra-ra- rá…tata- ra- tara- tara-rá…” Puede que escrita resulte ilegible. Pero la melodía de “Love story” es tan universal como reconocible. Y mucho más en el pequeño teclado Casio de dos octavas. Por alguna razón, sus deditos de nueve años tocarían eso. Hay música que sencillamente se instala y circula. “Creo que las canciones no son mías ni nuestras”, dirá en algún momento. También había sacado a pura intuición “Beso a Beso”, de La Mona. Aún faltaban algunos años para que se llevara el doble cassetera Sony a su cuarto y gastara una cinta del recién fallecido “Potro” Rodrigo. En la casa de Los Hornos, su madre siempre había escuchado mucha música: Arjona, Ale Sanz, Cristian Castro pero nadie tocaba nada.

Sin embargo, al ver la facilidad para sacar esas canciones, su tío sugeriría que tomara clases de piano. Cerca de lo de su abuela paterna, por Barrio Hipódromo, no solo aprendería para usar su flamante Casio de cinco octavas sino que advertirían su capacidad para las seis cuerdas. Desde entonces sería el instrumento esencial para componer y para viajar por el país y fuera de él. Si bien las teclas siguen siendo la base y con ellas gira junto a Cruzando el Charco, hay algo en la guitarra que parece canalizar mejor esas ideas que en no más de quince o veinte minutos bajan. Mucho antes de la Yamaha que se ven los videos o la criolla Alpujarra con la que viajó con su hijo y su entonces compañera durante un año por Colombia, también habría una eléctrica. Sí: la Accord distorsionada e inspirada por Blink 182 pero también por el rock nacional como La Renga.

Mucho antes también de “Magia”, gobernado por la influencia jamaiquina, sería en el colegio San Cayetano que tendría la revelación. Agustín Acevedo (“éramos culo y calzón”) le haría escuchar Nompalidece y tras preguntar de qué se trataba, conocería la palabra: reggae. A la par de lecturas anteriores y posteriores que entre otras cosas lo llevarían a ser Reikista, la música pasó a ser algo más que la razón para plantear con su grupo de amigos formar esa banda que fue Iwoka. Sin practicar el rastafarismo, si sería una fuente filosófica que marcaría a este joven cuyas canciones se fundamentan en un mensaje claro. Como “Simple”, ese álbum donde apeló a la desnudez de una guitarra y que al igual que todo su repertorio apunta a canciones amenas, reflexivas y espirituales. “Me entrego más a la canción que al género”, definirá desde su guarida en pleno La Loma, rodeado de los instrumentos con los que graba íntegramente muchos de sus temas. Igual que a los 9, Damián Rodríguez o Ticky recibiendo y emitiendo “melodías que transmiten una fuerte vibración”.

“Nublado frío” es una balada pop rock que adelanta material que proyecta publicar a lo largo del año. “El ultimo single que compuse explica como una persona extraña cuando tiene lejos a alguien y cuenta los minutos para el reencuentro”, introduce el músico. Pero lejos del título y la angustia, es luminosa y optimista. “Siempre voy para ese lado con las canciones”, responde y luego define el sonido. “Es lo que busco desde hace mucho. Sonar con un formato banda. A veces por cuestiones de presupuesto y movilidad no se puede. Por eso opto por el camino acústico. ´Magia´ lo hice todo en mi casa: batería, bajo, guitarras…¡de manija! Después busqué encararlo lo más simple posible. Podría subir a un micro, viajar y tocar por todo el país. Ahora no tengo una banda para el vivo, pero tengo amigos que para grabar van a estar presentes”.

Respecto a la canción como norte dice que “eso es parte de mi acercamiento a la música. Siempre escuché varios estilos. Nunca le hice asco a ningún género. Salvo con cosas como la cumbia villera o con mensajes que no me gustan. Si el mensaje es copado, escucho o puedo componer del género que me esté influenciando en el momento”.

Su forma de componer es veloz: “Me inspiro o viene algo de la canción a mí. En 15 o 20 minutos la escribo completa. Es un flujo de la canción. Después paro un ratito, teniendo en cuenta ser claro con lo que quiero decir. Que tenga un mensaje positivo. Cosas que te mantengan ahí, que no te la baje en ningún momento. Voy buscando la forma de decir que sea de un lugar sano y que te copes. Aunque digas que la extrañas, no te pongas a llorar. Que no sientas la tristeza, que te dé fuerza”. Y refuerza el concepto: “Creo que las canciones no son mías ni nuestras. No son de nadie. Yo creo que las canciones son información que baja y nosotros como artistas estamos con el canal abierto y receptivo para traerlo a la tierra. No son una creación nuestra sino que forman parte de una mente universal que existe. Bajamos ese pedacito. Y decimos lo que hay que decir para que la gente lo escuche”.

https://www.youtube.com/watch?v=NTtYkZbhaw8