Por Ramiro García Morete

“Hace tiempo vengo alucinando este momento/ solo es que recién lo veo” («Así mejor bailo»). Sobre un laboratorio, por la zona de Plaza Malvinas, tenía su mono-ambiente. En él no cabían setecientas plantas de tomates como en la huerta que hoy tiene en la casa de San Carlos, esa que fue de sus abuelos y en la que ahora vive. Pero sí sus “juguetes electrónicos”: la samplera roland sp404, el sinte op1 de Teenage Engineer, el Ultranova de Novation, una caja de voces Voicelive 3 de TC Helicom. Y la guitarra, la misma cuya frase “algo brasileña” sería el puntapié para un beat y luego una canción que abriría el disco, sin rastro de aquel rasgueo acústico inicial.

“Los medios para producir te van condicionando y yo voy buscando sonidos que más me gusten”, dirá. Tras “Jau Jau” (2015), «Bochorno» (2016) y mucho años de darle entidad colectiva a sus canciones, había regresado al trabajo solitario. Después del otro (la docencia) regresaba al atardecer y con “esa cocina” proyectaba bases o jugaba sobre beats para acompañar sus shows solistas. Una vez mudado a la quinta y con los temas avanzados, recurriría -subsidio mediante de INAMU- a Carlos Loarte Flores, Hernán Biazzoti y Juanito el Cantor (además de invitadxs como Amparo Torres) para empezar a terminar su forma en el verano pasado.

Un relato sonoro dominado por el pulso, donde las palabras y las melodías se fusionan lúdicamente entre efectos y capas. Desde ecos electro pop de los 90 y música digital a la herencia rioplatense, «tan producido como artesanal, tribal y moderno, local y global”.

“Dubai” sería el nombre escogido para este notable álbum construido como una ciudad inventada, llena de paisajes y pasajes, de baile y melancolía, de pretensión y fragilidad. Un disco que tiene lógica de laboratorio, pero cuya raíz es orgánica como la huerta que Tomás Casado (Tototomás) trabaja cuando no está haciendo música.

“Este disco como que lo venía gestando desde que terminé de tocar en banda. Fui sacando siete simples y mientras tanto iba haciendo esta música, más acorde a la forma de componer con máquinas. Jugando con todo eso, que tiene el foco más puesto en el beat”. Casado reconoce que en etapas de bandas acústicas y números sin embargo ya estaba eso: “Siempre hay un pulso, un ritmo. Hay un beat quizá más ligado a lo acústico. Acá está más prediseñado. Está bueno porque te ordena, no es ni bueno ni malo, son experiencias distintas. Jau Jau implicaba tocar con nueve personas, con esa dinámica que incluía tres percusionistas. Acá soy yo solo, improvisando con juguetes electrónicos, con bases que sampleaba”.

Fue quizá “Iulé” (track 5) el tema que indició el camino. “Lo tenía hace tres años. Grabé con el teclado Ultranova de Novation. El tema ese le gustaba a todos mis amigos, me gustaba esa estética. Vislumbré una estética más digital, pero tiene algo de África. Me gustó que sea digital, pero que no sea algo prediseñado. Que tenga una emotividad, que sea disruptiva”.

Con melodías adhesivas y deliberadamente lúdicas, Casado acentúa las palabras al punto de deformarlas en pos de la sonoridad. “Priorizo eso y hay canciones que no tienen letras, que son voces que hacen melodías y cantan sonido. Lo que más me interesa es darle una forma, una intención, pero eso no tiene una carga semántica. Y eso hay gente que lo entiende y gente que no. Forma parte de la estética. Para no tratar de adaptarse a un canon. Hay un montón de músicas y consumos que no entendés lo que dicen el o la cantante”.

“Dubai” es “más que un lugar: lo que representa. Es una creación humana. La pretensión y la potencia del hombre sobre la naturaleza. Sonaba a algo de oro, pero que esconde un montón de miseria. Y este disco suena pretencioso, tiene muchos sonidos. Y ella yo solo con mi pretensión de hacer música con lo que tenía. Y me gustó la idea de que es como una ciudad inventada, porque el disco tiene un montón de paisajes”. Casado asiente que las sonoridades del disco tienen un enfoque que no está anclado a una geografía: “Es algo bastante global. Esos sonidos pueden ser de cualquier lado. Estamos atravesados por un montón de data”.