Por Ramiro García Morete

La artista lanza «Carrousel», su logrado primer disco a pura canción electroacústica y espíritu de romance

“Te propongo algo aunque suene loco: dame todo lo que tengas”. Serían las 4 de la mañana cuando se arrojó extasiada en el sillón que fue de su abuelo, el mismo que construyó tres carruseles. Alguien o algo habían hecho de aquella noche del verano pasado una maravillosa sensación que no podría contener al llegar al castillo de 3 y 125. Sí, un castillo.  Nacida y criada en Flores, pasa desde siempre las temporadas estivales en el pequeño parque de diversiones que su familia tiene en Villa Gesell. De pequeña supo -al ver que sus compañeritos se quedaban en la colonia- que aquello no solo no era normal sino que era una bendición. “Tuve una infancia del carajo, creando historias”, dirá y puede que por ello sonría con tanta frecuencia. Lo cierto es que esa noche no tenía a mano ninguno de sus tres cuadernos (el rayado, el cuadriculado ni el de frases motivacionales) por lo que escribió de un tirón una letra que a las pocas horas, cuando había amanecido, musicalizó con la misma fluidez.

A decir verdad escribía desde los 15, al ingresar a  la exigente  escuela de comedia musical de Julio Bocca.  Y es que desde siempre había tenido un impulso por el escenario, ya fuera cantando con el cepillo de dientes o protagonizando todos los actos escolares. Sus padres, comerciantes, no eran muy melómanos pero aquella vez que actuaron en su jardín la obra de Hugo Midón  su pequeña hija quedaría fascinada. Una y otra vez sonaría el cassette de “Vivitos y coleando” en el Aiwa que con el tiempo daría pasó a reproducir las canciones de “Chiquititas” o “Casi Ángeles”. Su padre le mostraría cosas de Sui o de Serú, pero básicamente se formaría escuchando la radio. “Nunca fui de escuchar discos enteros”, confesará. Ella simplemente quería cantar. Como cuando con 16 se subió a entonar “Nada es para siempre” de su admirada Fabi Cantilo en El Nacional de Gessell. A la noche siguiente la volverían  a llamar y desde entonces comenzaría una pequeña carrera cantando covers.

Pero la carrera que realmente necesitaría coronar no sería Periodismo, ni actuación en el IUNA ni el Conservatorio de Avellaneda: era un disco propio. Y al ver el resultado de “Dame”, que no solo le gustaba a su incondicional amiga Cami sino a muchas otras personas, comenzaron a brotar temas . El llamado de su amigo Pinky (talentoso y carismático baterista de Las Armas y Juani Saullo, entre otros) encaminó todo. Ariel Giordano (Los Sincronizados) se sumó y entre los tres pergeñaron la dirección.  Canciones  honestas y adhesivas para una voz dócil y expresiva, con fluidez radial pero composición de vieja buena escuela, con sonido pop pero orgánico y pequeños toques de blues o hip hop.  “Brillo, existo y voy”, canta y así fue. “Carrousel”, esa palabra tan familiar y que tanto le gusta, bautizó a este disco debut que considera “mi título universitario”.  Y María Eugenia Taboada lo firma con el nombre que el registro le impidió a su madre pero que al cumplir 18 retomó desde su cuenta de Facebook: Lola.

“Estoy muy emocionada-cuenta la cantante sobre su primer material-. La verdad es que es superior a lo que esperaba. Me sorprendió mucho la repercusión que tuvo, la buena onda”. Y remarca: “Creo que fue cruzarme a la gente indicada en el momento indicado. Escribo hace mucho pero nunca me había animado a mostrarlo”.

Lola, que según cuenta primero escribe las letras “y después voy jugando con acordes”,  es honesta respecto al estilo musical del disco: “Cero intencional. Se fue perfilando a medida que fuimos maqueteando el disco.  Como si el género me hubiera elegido. Ni loca dije quiero hacer canciones de tal tipo. Es lo que me salió. No quise llevarlo para ningún lado”. Y remata con risas: “Es muy naif y muy autobiográfico”.  Luego extiende: “Habla mucho de cómo soy yo. No escondo nada. Me sale escribir de mí. Es lo que escuché toda mi vida. Ese tipo de música de radio. Ahora haciendo el disco me obligué a escuchar muchas más cosas. De cuna tengo mucha radio, la música del momento”.

Con Juan Ponche Abraham en las perillas de Nakao (precioso estudio ubicado en el Gilardo Gilardi), el álbum logra un pulido  sonido electroacústico en sintonía estética con artistas como Natalia Lafourcade o Mon Laferte, con  precisos arreglos de pianos y vientos. “Soy cero de indagar en lo electrónico por el momento. También por el lado desde el que lo compuse: la guitarra y yo.Joaco y Ari  me guiaron mucho. Me preguntaron y fue en conjunto. Primero quería algo más acústico y luego  fue subiendo con un montón de instrumentos”.

Formada en comedia musical y canto en general, Lola dice que no trabajó tan conscientemente a hora de abordar su propio repertorio: “La verdad es que no sé si lo pienso tanto. Pensé que en vivo iba a ser más complicado, ya que  algunas canciones son muy personales. Pero es más el goce de estar haciendo mis temas que pensando si  el tema fue escrito en tal o cual momento. Disfruto de por fin estar cantando canciones mías”.

Lola presentará “Carrousel” (si las medidas sanitarias de público conocimiento lo permiten) el 9 de abril en La Tangente.