La variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de febrero fue de 2%, la más baja en dos años. El congelamiento de las tarifas de los servicios públicos y la estabilidad en la cotización del dólar marcaron una desaceleración inflacionaria, en comparación con los índices del segundo semestre de 2019.

La desaceleración comenzó en enero, cuando la inflación había sido de 2,3%, inferior a los guarismos de diciembre (3,7%), noviembre (4,3%) y octubre (3,3%).

El dato alentador para el gobierno fue la baja de dos puntos en Alimentos y bebidas no alcohólicas (de 4,7% a 2,7%), a pesar de que continúa liderando la lista de los doce rubros del relevamiento. Esta división tiene una mayor incidencia en el nivel general y a su vez significa el principal consumo de los sectores más afectados por la crisis.

La baja en los precios de los alimentos es uno de los objetivos que se planteó la gestión de Fernández. Modera el impacto en los bolsillos más vulnerables la entrega de la Tarjeta Alimentaria, que apunta a garantizar el acceso de las familias más vulnerables a los productos de la canasta básica. Según el Ministerio de Desarrollo Social, a la fecha se entregaron 1.100.000 tarjetas. También impacta el Programa Precios Cuidados, que compensa el efecto inflacionario de la reposición del IVA a los alimentos.

Por otro lado, Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles (0,6%) y Transporte (1,6%) se mantuvieron en niveles muy similares a enero, debido a la política de congelamiento de precios del gobierno nacional para las tarifas de los servicios públicos y de transportes (en este último caso, en la zona metropolitana).

Además de Alimentos y bebidas no alcohólicas, los otros índices que superaron el nivel general fueron Restaurantes y hoteles (3,7%) y Recreación y cultura (2,2%). Esto se debe a su estacionalidad, ligada a los consumos estivales.

Por último, en el primer bimestre del año, el Índice de Precios al Consumidor acumuló un alza de 4,3%. Mientras que en doce meses avanzó 50,3%.