Por Ramiro García Morete

“Te vi jugando sin miedo/entre vagón y vagón. /Chico de las vías dormidas,/pensaste en la revolución./Pueblos de sonrisa perdida,/muevan el tren y su canción”. Le explotaban las uñas de rasguear sin púa. En los fogones es difícil tocar suave. En cierto modo hay que imponer y a la vez invitar. En el rock también, o al menos eso aprendería de Jagger, Daltrey y esa clase de frontman. Tendría alrededor de diez años, pero no sentía pudor de animar las noches de aquellos viajes que su padre -profesor de educación física- hacía junto a estudiantes a distintos puntos del país como  Córdoba o el  Lago Mascardi. Muchas veces en tren y alguna quizá en el Falcon ’72 cuyo pasacassette haría sonar en la adolescencia el “Golden Hits” de The Beatles.

Para el pequeño de Tigre aquello infería más que ser la “mascota” de alumnos generalmente mayores: era un entrenamiento. Con la criolla que a habían encargado a un luthier de San Fernando,  repasaba el cancionero de Sui Géneris y otros artistas del rock nacional. En su casa no había mucha herencia musical; apenas algunos discos de Sergio Denis o alguna orquesta. Pero a los cinco años ,durmiendo en carpa en Catamarca,  había recibido en el día de los Reyes Magos  un obsequio tan simple como revelador: una flauta “de afilador”.“Eso me marcó en cuanto lo que iba a ser después”, sentenciará.

De entonces todo sería música. Como las noches en las que sus padres y familias amigas se juntaban a comer con otras familias y cuando lo mandaban a dormir, se quedaba espiando a Fito Recchia, foklorista y comensal de aquellas reuniones, tocando la guitarra.

Faltaría bastante para asistir al Instituto Herrera, donde sus tíos daban clases de folklore y  danza. Allí mismo donde su primo Adrián tenía el altillo y subía de vez en vez a tocar temas de Pappo. Armar una banda sería cuestión de tiempo y “Alcohol de mis  venas” (escrita en 198), la primera canción de una discografía numerosa que oscilaría entre el blues, el folk, el rock& roll y la psicodelia. Igual que los cuatro temas que preparan hoy, treinta años después.

Un ratito antes de la explosión “rolinga” en nuestro país y  un buen rato antes del auge del rock vintage a nivel mundial, la banda de Zona Norte apostaría al sonido valvular y el rock de los 60 con los Rolling Stones de Brian Jones como eje. Pero abrevarían también ecos del rock nacional o  bandas como Black Crowes.  Sin el alcance masivo de otras formaciones locales influenciadas por sus Majestades Satánicas, lograrían sí sostener un camino genuino e influyente para muchos músicos de generaciones venideras.

Más de treinta años de ruta que el documental “Olé Olé Olé” de tour latinoamericano Rolling Stones resumiría todo en esa mirada cómplice y de silencio entre ambos primos tras conocer a Jagger. Como si el círculo cerrara, casi como en un fogón. Como si hiciera falta recordar que el rock&roll nunca se trató realmente de fortunas o rankings. Que quizá se trate simplemente de romperse las uñas, la voz y el alma porque hay un fuego que no se apaga. Seguramente Gaba Díaz, voz de Blues Motel, lo sienta así.

“Me propusieron los chicos -introduce Díaz sobre el set solista con el que compartirá show junto a los platenses Cabeza de Cabra-. Yo accedí a grabar una canción con ellos y entablamos una amistada, aunque ya nos conocíamos. ´Venís a cantarla cuando la presentemos´ me dijeron y luego me propusieron hacer algunos shows solo. Serán canciones con acústica y armónica. El 80% se trata de canciones que compuse para Blues Motel, le sumo algún cover y siempre hay algún invitado amigo”.

Gaba  rememora aquellos años de fogones y viajes: “Nunca fui virtuoso. Tenía poco talento para la digitación. Pero sí me gustaba mucho rasguear”. Y aquella experiencias aún se filtran en el cancionero de Blues Motel : “Se mantuvo. Lo plasmé enseguida en las canciones que escribo yo. Es lo que viví y lo que me sale más fácil.  La naturaleza, el tren…”.

Aquello también lo formaría para encarar una audiencia: “Es fundamental. Podes ser virtuoso,  tener una banda re contra afilada ensayando, la cosa bien rebuscada, rítmicamente re complejo. Pero si no tenés ese carisma, eso que hace que la gente mantenga el ojo… no sé.. Es lo que se necesita en el rock. Quizá no tanto en otros géneros. En el rock había que hacer algo más: bailar, la performance, la conexión”.

Cabeza de Cabra suele emplear el témino “elegante stone” para referirse más a un culto por la música de los londinenses y no tanto a que cierta liturgia local devino casi en un estilo musical.”Bluesmo” sería más stone que rolinga, si usamos chabacanamente las etiquetas.  “Se entiende. Y es así. Quizá nosotros entramos a los stones por la época de Brian. No solo con los stones, Beatles, The Who, Entramos justo ahí en la psicodelia. Pasa que hubo toda la movida rolinga a partir  de los videos de She’s so cold o Start me up.  Pero nosotros estábamos pensando en nuestra banda y encontrar algo personal”.

En esa búsqueda, la banda optó por una estética sonora que no era tan frecuente en los 90: “El sonido vintage. Por el blues y  también por los métodos de grabación. Éramos pocos los que estábamos interesados en ese camino. El sonido valvular. Nos dimos el lujos de explayarnos en los métodos de grabación, más analógico, tomando  los trucos de las bandas que nos gustaban”.

Desde entonces hasta ahora, más allá de las exploraciones, el sonido de Blues Motel se ha basado en guitarras y eso que se llama rock. Díaz reflexiona sobre el lugar del género dentro de un escenario musical que apunta a otras tendencias: “También hubo otras épocas donde se corrió para otros lugares y fueron cobrando protagonismo otro estilos por llevar la bandera de la vanguardia. El rock ya es un estilo de hace muchas décadas, tiene su desgaste y se  retroalimenta”.

Pero celebra a los artistas jóvenes: “Los que toman la posta y están en otro tipo de estilo, de referencias, de sentirse identificados y  con otra actitud. Hay que aceptarlo, como nos pasó a otras bandas cuando fuimos reemplazando a bandas de décadas anteriores. Es el juego y hay que respetarlo.  Mientras haya  gente que le siga gustando estamos conformes. Se sigue formando bandas de rock y es algo que no lo haces por elección: es por sentimiento”.

Con más de treinta años y planes de un EP que sacarán en tandas, Díaz entiende el éxito de una manera sana: “Hacés un balance. No está tan mal. No hubiésemos llegado hasta acá. Buscás la parte buena, que conformarse con lo que uno logra. ¿Qué es el éxito? Estamos en un plano de  más tranquilidad, bien con las adicciones, no entramos en esa, hemos apostado a la familia. Por ahí el éxito tiene que ver con esto, seguir con la música que te gusta, un grupo de gente que te sigue y  que se siente representado».