Por Ramiro García Morete

“Ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos”( J.R. Tolkien). En quinto grado, Emiliano escuchó “Ji ji ji”.  Entonces le gustaba la cumbia  o lo que sonara en la casa de Olmos: folklore, Jairo. La radio…y aquel tema de Dragon Ball que su padre le grabó de canal 9 para que escuchara constantemente. Si bien no había músicos en la familia (madre docente y  padre electromecánico de una fábrica), no dudaría en pedir tomar clases de órgano cuando vio un  aviso a la vuelta de su casa.  Lo cierto es que sin la remota idea de quiénes eran los Redondos, aquel tema le “voló la cabeza”. Fue gracias a Pablo, un profesor de música. Justo el oficio que él –recibido en Música Popular- ejerce hoy en secundarios.  También le abrió la puerta a los  Stones y una tradición de rock clásico o vintage que hoy se filtra en sus composiciones.

Fue justo con los Redondos, una de esas bandas que saben conciliar la calle con los libros. Por eso Tolkien sería referencia cuando mucho tiempo después pensó en una banda de funk. En todos esos años había pasado por distintas bandas (desde Sin Regreso a Dr. Macumba pasando por varias otras como tecladista invitado) pero algo no cambiaría: ese grupito de amigos del San Miguel. Se trataba de su hermano Leo, Facu y Juan. Desde La Salita a El Retiro, los compañeros de escuela mantuvieron lazos y llegaron a formar Entrecables.

En ellos pensó y si bien salió  “De nuevo en tu red”,  aquel primer ensayo en lo de Juan no fue lo que esperaba: fue mucho mejor.  Sin perder el groove marcado que la joven y notable dupla de bata y bajo,  el blues y el rock comenzaron a emerger con citas a Doors o Zeppelin. Y el barrio. Pero lejos del estereotipo o lo que el prejuicio espera. Sino desde el orgullo de pertenecer a un lugar, pero poder mirar más lejos.

Se definen como una banda de la periferia y ¿de qué otra cosa se trató siempre el rock sino de eso? De estar un poco afuera de todo y a la vez, bien adentro de lo genuino. Con un sonido vivo y crudo, con buenos riffs y un teclado que colorea la base rítmica, la banda logró 7 temas 8 en horas para “Bienvenidos a la comarca”. Pero sobre todo el punto de inicio para un camino promisorio que sumó a  Ivana (“La Teacher”) para darle mayor heterogeneidad musical a un grupo “donde nadie está de relleno”. Ni nada. Lo que suena es lo que se toca.  No es humo lo que sale de La Pipa de Bilbo.

“Bienvenidos a la Comarca se llama así porque justamente marca el inicio -introduce Emilaino Pianelli, tecladista y voz de la banda que completan Juan García en batería, Facundo López en bajo, Ivana Freydank en voces y Leonardo Pianelli en guitarras -. Está bastante lejos del sonido actual de la banda. Pero fue un punto de partida necesario que quisimos tener para emprender el camino”.

Y describe: “Es más que nada un disco de rock con raíces barriales pero una influencia claramente vintage”. Grabado en Estudios London, la banda apostó -por presupuesto pero también por estética- al vivo: “Es una banda de rock, pero no vas a ver pogo sino gente bailando. Tenemos una raíz negra, porque hay funky, blues. Bastante blues en el medio… la pentatónica está mucho. Y a nivel ritmo, se ve ese swing, ese groove… es parte de la esencia”.

Tan lejos de la demagogia como de despegarse, Pianelli explica el espíritu del grupo: “Nosotros somos, en primer lugar, una banda de amigos. Nos conocemos desde hace un montón de años. Somos un grupo de amigues que hacen música. Y nuestro público son más amigos. Así que cuando tocamos se da un clima familiar, de pasarla bien, de gente bailando. Si bien somos la banda, estamos en una posición no súper horizontal  pero tampoco arriba de un trono. Bajamos y tomamos una birra con ellos. No vamos a andar escondiendo. Somos una banda de la periferia platense, pero que no hace referencia la estereotipo de banda de rocanrol”. Aunque a la vez saben que “El árbol de la vida” de Viejas Locas es un tema que suman a un repertorio influenciado por Charly, Doors y ensayos donde suenan de Gorillaz hasta Illya Kuriaki.

“No hay un solo camino de composición -refiere al proceso-. Hay temas que salieron del piano. Esa cosa más armónicas o de canción. Pero otros salieron de la viola y se nota que son de ellos: son re rockeros. Algunos son temas de esa época en que tocaban con Entrecables. Otros temas que salen de la sala. Yo hago las letras y tomo decisiones en cuanto a la armonía con mi hermano, que es la otra parte. Juan y Facu tienen mayor  incidencia en lo rítmico. Pero no tenemos un solo camino, por suerte hay varias fórmulas. Y nos podemos adaptar a todas”.

A la hora de las letras están aquellas sobre noches y relaciones, pero también “describir momentos o  situaciones de auto superación. También hay algunas con guiños cinéfilos. Uso frases de películas como disparadores y luego se va ramificando”.  Pianelli dice que si bien no se juntan a ver películas, son cinéfilos y que la banda bien podría ser una película de Burton (“como El Gran Pez, por eso de contar historias buscando la vuelta de rosca”) o “Trainspotting…según la noche que tengamos (risas)”. Pero  ante todo “los Simpson: eso une a los cinco; son la columna vertebral, todos chistes hacen referencia a ellos”.

El inminente “Tertulia inesperada Vol. I” será no solo la primera entrega de un saga sino también un reflejo más certero de la actualidad de la banda. Entre otros cambios y evoluciones, el ingreso de Ivana fue esencial. “Con una voz femenina son más funky con la voz de Ivana. Le dio uan frescura terrible. Y le dio heterogeneidad..  Si bien es corista, hace muchas contra-melodías. Los cinco tenemos roles activos. Ninguno está de relleno en la banda. Nos encanta que haya una mujer que sea protagonista.. Antes los coros era el punto más flaco de la banda porque estábamos más metidos en los instrumentos. En esta segunda etapa le damos mucha pelota a las voces”.