Por Ramiro García Morete

El cuarteto uruguayo que comenzó versionando a Extremoduro crece con sus canciones de guitarras criollas y prepara un nuevo disco producido por uno de los extremeños. Este sábado a las 21 se presentan en Guajira (49 e/ 4 y 5).

“Canciones no es mía, cuida de mi”. Corría el 2012, Extremoduro tocaba en Uruguay y Robe -su cantante- respondió al material que le habían acercado con tanta amabilidad como lucidez: “Todo bien, pero yo quiero las canciones de ustedes”. Entonces no imaginaban que terminarían grabando en Bilbao con producción Iñaki -guitarrista- un disco que aún no salió y que al parecer incursiona en nuevas instrumentaciones más allá de las cuatro guitarras. Porque en ellas pensó Paio -quizá influido por el curso de tango con Poli Rodríguez o la riquísima herencia oriental- cuando vio como fluían los temas que improvisaban con Gastón en las giras de Cuatro Pesos de Propina, en los encuentros domésticos matinales o en aquel acampe entre Valizas y Aguas Dulces con Lule y Daniela. Ciertamente no eran fanáticos, pero la banda de “rock transgresiva” les atraía profundamente como para abordar desde una mirada propia canciones como “Ama ama ama y ensancha el alma…” o “So payaso”. Entonces no se trataría de mucho más el proyecto “para los jueves”, ya que los fines de semana estaban ocupados por otros proyectos propios.

Pero la energía viva se iría expandiendo y replicando. Gastón se quedaría en Cuatro Pesos y la formación definitiva sería: Francisco Stareczek, Pablo “Paio” Piñeyro, Matías Rodríguez y Santiago Martínez Pintos. Cuatro voces, cuatro criollas. Como cuando grabaron en toma caliente con Ricardo Di Paolo en Lomas de Sol y Mar, sin metrónomos pero poniendo espejos para verse “las manos y las caras”. Como cuando salen al escenario en línea de cuatro, sin frontman y con la premisa de cantar todos. Como cuando escribieron “Como quieras”, cada uno con una hojita hasta lograr el tema conjunto.

“Esta canción me sabe esperar/esta canción me sale”. Por eso en el 2014 la inusual propuesta de telonear a Extremoduro tendría una condición irrevocable: tocar solo canciones del cuarteto. Si los españoles son transgresivos, estos uruguayos serían “trans-género”: milonga, rock, rumba y otros colores se mezclan en un repertorio de  canciones vivas y adhesivas. Por eso más temprano que tarde llegaría su segundo disco y seguido uno en vivo. Afianzados en su impronta y generando seguidores dentro y fuera de su país, el grupo seguiría creciendo hasta un presente que aguarda nuevo disco y que lo tiene de visita por Argentina. Milongas Extremas… o como algunas canciones traen abrazos que no se buscaban y finalmente salvan.

La banda se presentará este 29 de febrero a las 21 en Guajira (abre Seba Morro) y al día siguiente en el Konex. “El show nos agarra en un momento especial -anticipa Paio-. El año pasado grabamos un disco nuevo, experimentamos formaciones distintas con percusiones, bajos, baterías… Así que en este momento el show es una recopilación de lo que venimos haciendo de estos años: primeros discos, temas no están grabados, reflotar algún temita de los viejos de Extremoduro”. Y enseguida marca el valor de los conciertos y la interacción con el público: “A veces decimos que Milongas Extremas no somos nosotros cuatro, sino lo que se genera el momento del toque”. Y extiende: “El vivo es un punto híper fuerte. O por lo menos lo sentimos así desde comentarios de amigos. El luthier Andrés Mera me dijo el otro día: yo le muestro los discos a la gente y les gusta. Pero cuando van a verlos en vivo quedan más impactados”.

“Acá no hubo la idea de defender un género -refiere a la heterodoxia y al nombre del grupo-. Le pusimos así porque era la conjunción. Y lo que pasó es que se sienten géneros. No sos el primero que dice que escucha algo de flamencos o rumbas. Milonga también, tango, candombe. También hay rock con cuatro guitarras. Y también hay una herencia del Uruguay que es la murga. Transformar una canción a un formato. Pasarlo por un filtro que somos nosotros. Siento todos esos géneros mezclados por lo que nos sale”.

Paio se aclara que siempre estuvieron lejos del concepto de tributo (“nosotros creamos arriba de ellos) y evoca el momento de quiebre desde lo artístico: “Lo loco fue cuando vinieron para acá y los conocimos. Nosotros nos habíamos re apropiado de los temas. Yo pensé: no tiene sentido más seguir con el grupo (risas). Y ahí ayudó a hacer temas nuestros. Fue como un curso, una escuela”.

Para el cantante y guitarrista, componer “fue precioso. Es una manera de conocerse uno y grupalmente. A veces hacés un tema sobre algo que le está costando mucho, para que me ayude a mejorar cosas de mí. Es una cuestión medio filosófica persona. En el proceso grupal, todos un poco hacíamos canciones. Por ejemplo “Alero”, tiene más años que la banda. La hizo Santiago, no la querían tocar. Y yo hice como hacíamos con los temas de Extremoduro: le agregué acordes, letra, estructura. Y ahí quedo la canción. Fue un poco así”.

Respecto a lo que viene, dice que “es muy escuchable. Para los que nos conocen va a costar más. Pero está bueno probar a cambiar. Hay otros colores y otras dinámicas. No es fuerte ni estridente. Es un buen tercer disco”. Pero advierte: “El mejor disco de Milongas aún no vino”.