Por Ramiro García Morete

Posiblemente lo escribió allí. Desde los catorce dejaba registro cotidiano, pero no al modo tradicional de un diario íntimo. Más bien tenía un vínculo epistolar con Gabriel, amigo e interlocutor residente en algún lugar llamado Imaginación.  Lo cierto es que de cara a la Fiesta de la Primavera en el Club Independiente de Trelew, la había fascinado aquel vestido “horrible” de color turquesa, flores blancas y voladitos tras la vidriera. “Cada vestido tiene su lugar” rezará un pasaje del libro, pero este no cabía en la apretada  economía del hogar. Exiliados de Chile por la dictadura, su familia recién comenzaban a recuperar algo de estabilidad. Era 1982, fines   fines de otra dictadura (la nuestra) y Malvinas estaba más cerca que en los diarios porteños.

Pero era también la ideología la que impedía tamaño antojo. Basta con mencionar que padre le arrancaba la etiqueta de marca a las prendas para no contribuir a la propaganda de empresas multinacionales. Un estratégico café con la abuela Gerónima y un cuantioso préstamo en dólares permitiría a la quinceañera adquirir el preciado vestido. Esa noche conocería al hombre más lindo del mundo… o el primero de ellos.

Aquel también sería el primer vestido de muchos, propio y ajeno. Y es que hasta el día de hoy esa prenda dirige su mirada hacia las mujeres que habitan debajo. “Me daba una cosa de sensualidad, que abajo hubiera solo ropa interior o nada. Lo fácil de sacar y poner”, dirá hoy. Quizá se trate de eso: como si entre la verdad y el afuera hubiera apenas una delgada capa de distancia, tan frágil como protectora. O como si bajo ese trozo de tela -parafraseando a un escritor- la libertad estuviera agazapada. En definitiva, a veces la ropa habla más de lo que llevamos dentro que lo que somos por dentro que de lo que llevamos por fuera.

Otra pasión que mantendría con los años sería la escritura. No desde lo académico (más allá del paso por Artes Drmáticas que la traerían a La Plata), ya que su ejercicio profesional de la palabra se orientaría hacia la Psicopedagogía. Pero las computadoras y el blog como soporte  le darían un foco a sus textos y microrelatos. “Vómitos literarios”, los definirá. A mediados de los 2000 y en medio de algunas dudas sobre sí misma, recurriría a su admirado Dalmiro Saénz quien con su brío provocador le sugeriría que  había u posible libro en esa idea sobre una mujer que aborda historias de otras mujeres a través de sus vestidos.  Varios años, un trabajo paciente y dos libros después le dio forma a esta “novelle” que atraviesa desde la mirada de una narradora contradictoria  diversas experiencias vitales de mujeres. Con conflictos de carne y hueso, donde desde el aborto hasta la violencia simbólica son abordados pero sin la pureza del marco teórico. En cierto modo parece dirigido a generaciones que tuvieron que enfrentar la desigualdad de género como pudieron. Generaciones que no pudieron escapar al esquema binario donde por presencia o ausencia el hombre deja una marca. “Pertenezco a ese grupo de mujeres, de las que no saben bien cómo se hace”, señala un pasaje.

Pero ella sabe cómo se hace. O cómo se cuenta. Con un tono directo-confesional por momentos-, con personajes complejos pero reconocibles, La Plata como geografía y la historia argentina reciente como telón de fondo, Malena Martinic Magan presenta “El hombre más lindo del mundo”.

El libro se divide en breves capítulos que refieren, en su mayoría, a cada personaje que la narradora Irene conoce a partir de publicar en su blog: “Recibo vestidos que jamás venderías pero que no querés regalar por temor a que se olviden. Arreglamos en acuerdo el monto. Doy garantía”.  “ Se trata de una mina de clase media, muy contradictoria -analiza la autora-. Es una mina rara con muchas preguntas y es odontóloga. Se siente invadida, aburrida, doblegada. No se vuelca a  la militancia ni se replantea un objeto de deseo. Lo que hace es ir a buscar historias de amor. Y todas son fallidas. Por lo tanto no son historias de amor, sino historias de fracasos. De mucha expectativa. De una idealización de esa persona como varón”.

Pero los hombres son apenas un disparador para que emerjan los temas realmente importantes: la represión sexual de las mujeres, la masturbación, la menstruación. “Un poco arranca en la década del 40 y atraviesa varias épocas -relata la escritora-. Se puede ir viendo como de diferentes maneras estas mujeres intentaron hacer algo con su vida y lo difícil que le resultaba. Claramente en La Plata y en los centros urbanos en el 2020, no son narraciones habituales. Quizá lo discutiría en otros lugares. El libro no tuvo la pretensión pero hay algo de lo histórico de la construcción de mujer. Parte de la historia muy ligada la iglesia, a las prohibiciones. Y la abnegación es la clave. Esa la violencia simbólica, la opresión detrás del amor, de las tareas domésticas y cuidar”. De todas maneras también incluye relatos más actuales como el de una cantante de Capital donde se habla de aborto, de poliamor y sororidad.

“De cada personaje sacaría un poco  de lo que pienso, de lo que siento.  Pero también trabajé muchísimo los opuestos”. E hizo importante foco en “la distancia, cosa que no me pasa con el micro relato”. Allí encuentra “un ritmo casi orgásmico, que va in crescendo, explota y cae. Con la novela tuve que correrme mucho de mi ritmo. Salirme de eso fue todo un trabajo. Por eso estoy muy orgullosa. Me costó horas  de estar sentadas. Ya no desde la pasión ni  de la prosa poética. Más de trabajar , de investigas, de  ir a Berisso, a Casquín, hacer  entrevistas”.

“El hombre más lindo del mundo”, puede adquirirse en Malisia, Rayuela y Cambalache Tienda. La presentación será el 15 de marzo en C.C. Estación Provincial donde habrá catorce mujeres desfilando, Sebastián Basualdo leerá la reseña del libro y cantarán Diego Martez y la Nadia Matilde.