Por Ramiro García Morete

“Yo ya no quiero ser bachero/ quiero ser negro bachatero/ pasear por todo el mundo entero/ siempre con bocha de dinero”.  Tendría once años y por supuesto vivía en la casa en la que nunca le faltó ni le sobró nada. En Los Hornos, por supuesto. Donde “nunca tuve una vida mala pero uno conoce a los malditos”. Donde vio que uno pasaba de chorro a policía y entendió que es “pobres contra pobres”.  Aún faltaba para ser rolinga (algo que entiende que se es para toda la vida), las tardes de play, los tatuajes y la fascinación por el rock crudo y el punk. El que desplegaría como un incendiario frontman en bandas como Seis Canillas Monocomando o Reales. Aún faltaba para llegar al Bachi (Bellas Artes), para ser bachero y soñar ser bachatero. Tendría once,en Much Music pasaban Gorillaz y la inclasificable banda  de Albarn despertaría sus oídos al sonido rap. Algo que por su “inglés falopa” reposaría mucho tiempo, aunque propuestas más eléctricas como Beastie Boys o Rage Against de Machine irían conformando una familiaridad. Posiblemente la necesidad de explorar, la intensa y renovada vida nocturna platense y un auténtico cambio de paradigma cultural a nivel global conformaron un coctel ideal para alguien que desde siempre gustó de crear personajes. Que no son inventos, sino ficciones o exageraciones de sus verdaderos sentimientos o experiencias.

Quizá así nace este MC que desea que de su boca salga oro, que conoce al que vende keta y al que mete escopeta. “Un blanquito clasemedista bajo, medio oscuro, medio guarro. Como un lado maldito. Pero bien”, dirá entre risas. Con Piti G y Suicide Arce como productores y aliados, este inquieto cantante que remitía a una versión punki de Ian Brown  vuelca todo su desenfado a puros hi hats y beats traperos, con los bajos bien graves como le gusta y rimas que combinan autorreferencia, cinismo y diversión.  Bruno Da Silva es Wannakito. Medio ángel, medio diablito.

“Claramente fue un cambio. Pero quizá no tan abrupto”, aclara Da Silva. Y además de la música que lo fue acercando encuentra puntos estéticos comunes o filosóficos, como ese espíritu descarado del punk que hoy encarna el trap. “El problema de eso es q hay una delgada línea en cuando uno dice las cosas que están mal mas desde el lado «moralista» o como «dar una lección de vida, etica y moral» de como todxs deberían comportarse. En cambio el trap dice directamente los actos que estan mal pero q son inminentes y pasan”.

El estilo urbano obviamente modificó algunas lógicas compositivas: “Empezás a construir todo más desde la rítmica. Yo supongo que ahí nace la famosa palabra flow. Es la persona que sabe meter una buena rima en tiempo clavado  casi pegado a la computadora. Porque uno también no está tocando con manos humanas y al haber un sonido más sintético hay que concentrarse más en imitar casi una computadora sin perder la humanidad”. En ese trabajo destaca a Piti Gy Suicid Arce, de quienes destaca su creatividad: “Son dos variables, dos sonidos distintos, distintos para componer ellos”.  Y cuenta: “Las líricas cambian por el lado del ritmo. Empezas a pensar las palabras y pensarlas en sílabas que encajen con el ritmo. Y empezar a jugar con eso y que encajen a contratiempo del beat. Sobre todo que los golpes de trap son como espaciados”.

El Trap oscila entre la ostentación y hasta la ficción de una vida lujosa y lujuriosa. Wannakito no es wannabe y no cuenta  una vida de ensueño sino que sueña una vida mejor: “Yo creo que en el trap si no sos real y consciente con tu status social, si no sos fiel, seas del status que seas, sos un gil, te regalàs. Pasa que yo soy blanquito clasemedista. No voy a ostentar nada porque no soy rico ni tampoco voy a hacerme el pobre porque tampoco lo fui.  Trato siempre de ser fiel a mi status social. Y  bueno, tengo mi sueño de todo blanquito  de ser rico haciendo canciones y divirtiéndose. Estamos jugando. Si podes hacer plata y encima jugar, sos recontra mil vos.

Das Silva considera que “Wannakito es una búsqueda de un personaje”. Y afirma: “Me siento pez en el agua porque me siento muy seguro de las cosas que digo. Creo nunca estuve tan seguro en mi vida de algo que me gustara tanto. Y cuando uno agarra seguridad el resto llega solo. Cualquiera sea la tarea que desempeñes. Afianzarse y estar seguro de lo que estás diciendo. Y pasar a decir otras cosas. Empecé a decir cosas más personales. Al no tener banda y no buscar una letra en general que abarque una ideología entre todos  sino sentirme más libre de lo que carajo se me cante total me hago cargo yo.  Contar realidades que pasan, cosas que pueden pasar”.

Sus lista de gustos, referencias e influencias en el género va desde toda la crew de Modo Diablo a Slowthai. “Son gente que inconscientemente se me va metiendo un poquito del flow de cada uno. Pero creo que de los collages salta la personalidad de cada uno”.

“Reales anda en que si nos pagan, tocamos” responde entre risas sobre la actualidad de la b anda. Sencillo. Estamos abiertos a cualquier oferta. Somos muy amigos, pero estamos disfrutando de unas vacaciones”. Sin embargo con Lukas Valentino (guitarrista de Reales que también incursionó en el estilo con un par de singles) no solo colaboraron en “La Grieta” sino que  están preparando un proyecto de reggaetón: La Rosa Mística”)

Da Silva tiene muy claro que Wannakito “me representa de una manera exagerada. Es la respuesta más sincera. Una mirada exagerada o poética. Pero sí: todo lo que digo me representa. Si no, no lo estaría diciendo. Ya estoy grande”.