Por Ramiro García Morete

No es un fanzine: es un libro. Cuando en alguna de las ferias -esos encuentros devenidos en trincheras- la gente cruza el catálogo se sorprende. Ella explica que sí, que son breves, que no tienen lomo, que como máximo llevan una costura y detalles técnicos. Hay una zona que es gris pero no plateada, bromeará. La definición fría señala que un fanzine es una publicación hecha por una o un fan. Y puede que ella lo sea, ya fuere por aquellas publicaciones en plaza Santa Martín o los aproximadamente cincuenta ejemplares que tiene en su biblioteca. Sin dudas ha sido fan de la música y el rito de escuchar discos leyendo las letras con Spinetta en un lugar ponderado. Puede que de allí emerja su necesidad de escribir y comunicar: como periodista, como poeta o como editora. Y es que a la par de cursos sobre encuadernación y técnicas varias, vio cómo su propia obra iba conformando un catálogo. Rodeada siempre de artistas con ideas, como cuando ayudo a editar a les alumnes de su compañero y fotógrafo Fede Barrios, sintió la necesidad de llevarlo más allá.

En el verano y con la idea de acompañar la publicación de “Eva” (de Carmen Sánchez Viamonte) con un cancionero, se acercó a Romina Morbelli. La diseñadora y artista visual no solo había colaborado con su libro “Las Somatizaciones” sino que era la socia ideal para aplicar a un subsidio posible. El matrimonio por conveniencia devino en “amor real”, bromeará y el número diez que había soñado (tanto como participar de Tranza) fue arañado con nueve loables y preciosas publicaciones. Foto, diseño y poesía en pequeñas piezas de colección que sirven de nexo entre la urgencia de la era virtual, la austeridad que impone el señor liberalismo y la experiencia incomparable de tocar un objeto surgido del amor. Otra definición indica que amateur no es el que es profesional sino el que hace por amor. Quizá sea más adecuada que fan. Y es que lo que brilla no es el dinero sino La Plata, ciudad que aman Juliana Celle y donde el arte ofrece resistencias tan pequeñas pero poderosas como un fanzine de Plateada.

“Es una publicación gráfica, urgente, artesanal, barata/accesible” define la presentación formal de Plateada.  “Siempre pienso en las publicaciones para que sean baratas -constata Celle-. Suelen ser tiradas chicas y algunas las hemos hecho pensando en los residuos de papel, tratando de aprovechar los pliegos”. Y agrega: “Cuando fue el incendio en Amazonas, pensé: seguimos haciendo libros…”. Pero otros incendios atestaban a nuestro país a la par de la llama urgente que invocaba a activa: “Yo tenía el deseo de tener una editorial de fanzines, porque venía haciendo mis propios fanzines, de poesía y foto. Ganas de aunar mis producciones bajo un sello, pero en un momento ya había reciclado mi material de archivo. Y como todo el tiempo estoy rodeado de amigues artistas, que tiene cosas guardadas que pero materializan por cuestiones económicas y porque falta una mirada externa para cerrar un concepto o definir qué material es publicable. Todos tienen algo para decir y ahí es donde encuentro una nueva faceta de ser comunicador”.

Celle dice que el fanzine abreva “urgencia e inmediatez. Y tiene espacios de circulación que a veces se toca con la industria editorial independiente pero también con otras ramas de la gráfica que me interesan”.

“Creo que hacer el objeto físico por fuera de compartir una obra digital genera un encuentro real de cuerpos. No solo con el artista a poder producir sino de encontrarse con el público de una manera más directa, en una feria, trabajando colaborativamente”. A crédito personal, considera que este proyecto fue encontrar otra veta del ser comunicador. Decidí abandonar el periodismo. Después de diez años en una radio comunitaria, años en comunicación y prensa, me quemé un poco la cabeza. Pero no se me apaga el deseo de difundir a la gente que hace cosas que son increíbles, operando creativamente sobre la materia prima de otra persona”.

Plateada cuenta con propuestas diversas en contenidos -que pueden consultarse en su cuenta de Instagram-, pero cohesionadas bajo ciertos parámetros estéticos. Hay poesía de Glenda Pocai y Martina Dominella, fotografía (Violeto, Federico Barrios y Juliana Celle), un collage de texto e imagen (Romina Morbelli) y “la que es la particularidad”: los cancioneros. Carmen Sánchez Viamonte, Juan Pedro Dolce y Leticia Carelli ponen en papel sus canciones.

El catálogo completo se puede obtener en Ramos Generales (67 e/ 22 y 23), y esencialmente en ferias.