Por Ramiro García Morete

“Nunca volvió al principio, nunca sintió lo mismo dos veces/ su color era lo interesante”. Hace apenas un verano, el Camping de Ingenieros de Mar Azul estaba abierto. Como todos los años, como otros veranos en los que hizo amigos que son como hermanos. “La gente de vacaciones está feliz. Y después te cruzás en otro ámbito y te da un abrazo”, dirá con espontaneidad. Pero el verano del 2019 -asegurará- lo cambió. “Mi personalidad entera”, sentenciará. Las cuerdas de la guitarra Lion quedarían gastadas “como cuando el cobre se sale y parece alambre”. Amor, confusión y mil fogones, contextualizará en cierto modo sobre esos días en los que en la parada del micro encontró un libro de Julio Verne y otro sobre controlar mentes que leyó porque entendió que era “una señal divina”. Con la energía a flor de piel, se dedicaría a tocar “me escuchen o no”. Algunas canciones propias y muchos temas del cancionero popular supiera o no los acordes. “Cantás mejor porque cantás todos los días”, comparará casi con una pretemporada de fútbol este joven de espíritu fresco e inquieto que no usa auriculares porque “la música del mundo está ahí”.

Con Charly, Spinetta y los Rolling Stones siempre presentes, ya no sería el mismo. Como cuando su sobrino le cambió para siempre el nombre. O como cuando su fallido paso por la carrera de Cine le disparó una crisis que lo volvería -contrariamente a la sensibilidad y seguridad adoptada en esos fogones- más introvertido. Pero no inerte. Con El Bondi (su banda de rock) estacionado, arrancaría a estudiar guitarra y a retomar temas que no habían entrado en el repertorio grupal. Con ayuda y producción de Facundo Irigoiti prepararía un material electroacústico del cual ya se puede disfrutar dos canciones (“Rosa China” y “Las películas”) que exponen respectivamente su lado más pop y su “flash” más oscuro o experimental. Con voz clara, bellas melodías y líricas bien construidas, Valentín Macchi es el Tío Valen. Otro nombre y otro color para imaginar nuevas películas.

“Son dos canciones extremadamente diferentes entre ellas -introduce Macchi-. Una muy larga y con muchas partes. Y las otra dos partes que se repiten. Entonces medio que elegí estas dos porque resaltaba una de la otra”. Y con miras a un disco en junio, define: “Estos dos son como un simple. La onda era hacer algo antiguo, con inspiraciones de músicos antiguos… nada de lo moderno”. Con los temas ya hechos, se juntó con Facundo Irigoiti (guitarrista de los B-Sides): “Apenas llevé los temas, se tiró unos arreglos y era uno mejor que otro”. Y remata con una risa: “El proceso fue eso: decirle que sí a todo”.

Macchi distingue su registro compositivo: “Con la banda apuntamos a unos temas más movidos. Siempre compuse lentos, tranquis. Tengo una pilita de temas de ese estilo, que me reservé para mí. Igualmente ‘Las películas’ es un lento con partes violentas, que explota. Generalmente me salen de un tirón. Pero este lo laburé como ningún otro tema”.

En un formato que requiere mayor exposición, reconoce su evolución: “Siento que cuando toco me meto en el mambo y no presto atención a quien mira. Obvio que la energía corre y te puede hacer tocar mejor o peor o ponerte nervioso. Pero ya curtí esa parte”. Y cuenta que lo que busca es lograr intimidad. “Que sientan que están en una pieza o ronda o fogón… Me gusta susurrar, te hace sentir que estás más cerquita”. De todas maneras, Macchi ya estuvo ensayando con otros músicos y prevé una futura formación que no deje de lado mayor volumen.

Los cambios se dieron también desde las líricas: “Dejé de pensar en el significado de la canción e irme y que el significado se abra. No es que lo abandona: se hace más grande. Jugar con la sonoridad de la palabra. Usás palabras inesperadas”.