Por Ramiro García Morete

“Si las canciones que son de alma llegan y se filtran por las ventanas yo estaré esperando a que me atraviesen”. Algunas cosas ocurren con la misma naturalidad que entra la luz. Las ideas de canciones que surgen caminando, graba en el celular y luego recién se montan en el Ableton. El método alfabético para bautizar el proyecto: “Si buscas en Spotify…”.   O el modo en que se formó la banda en dos meses junto a sus amigos y ex compañeros del Normal 2 , tras compartir maquetas en el grupo de WhatsApp sugerentemente llamado “Hacelo firme y parsimonioso”. Alguna cosas, como sus letras, las explica no con liviandad pero sí con simpleza.

Sin embargo, para que las ventanas dejen entrar la luz debe haber cimientos y una casa que la contenga. Como la de El Carmen, en una suerte de frontera entre La Plata y Berisso. Allí donde heredó de su hermano la melomanía y esa discografía de The Beatles grabada en cd vírgenes. Allí donde su hermana, que tocaba el violín, lo acercó a la maravillosa experiencia de la Orquesta Escuela de Berisso que lo llevaría por varios lugares del país y hasta el mismísimo Luna Park.

Por entonces tocaba la flauta y la viola. No la Cort Stratocaster con la que sacaría luego temas por YouTube sino el instrumento que propiamente lleva ese nombre. Como su familia, era Testigo de Jehová. Pero los estrictos mandatos morales no se ajustarían a sus comprensibles y humanas picardías adolescentes. Mucho menos a Korn, System o a Down o Marilyn Manson, el artista que le revelaría una gran afición. No pasaría tanto hasta tocar en Ciprés, donde quizá la edad hizo que las cosas no funcionaran o no se sintiera tan a gusto con ese “quilombo”.

Su hermano devendría en productor y él  comenzaría a trabajar en la compu. “La idea de perderme” sería una frase repetida en canciones y una sensación adolescente, pero no un designio. Así es que las maquetas crecerían y con una pequeña ayudita de sus amigos se conformaría un muy buen repertorio poblado de melodías adhesivas, teclados y arreglos de guitarras precisos, con esencia pop y una combinación de frescura y solidez que hacen de este proyecto (no tan) solista una auspiciosa propuesta de esas que no siempre se encuentran por el discutible algoritmo. Canciones que se filtran y que se tararean por la calle. Como cuando las imagina Leo Benítez, el nombre propio detrás de Aboyd.

Acompañado en vivo por Juanse Maillo (bajo), Juan larrouyet (teclado), Fran Chiabudini (beats y secuenciadores) y Alva Martínez (guitarra acústica), Benítez introduce: “Es mi proyecto solista. Los temas los compuse cuando terminé de tocar con Ciprés. En un momento del 2019 este año, hace dos meses, un amigo me preguntó si seguía tocando con esa banda y que tenía una fecha para armar. Les dije en el grupo de WhatsApp si alguien se copaba en tocar. Como los pibes habían escuchado las maquetas cuando las pasé al grupo, las conocían bien”.

Los temas crecieron con el aporte colectivo: “Todos tenían un proyecto de ellos. Era imposible decirles: vos tocá esto, tocá lo otro. Los chabones podían hacer algo más piola. Que se note un ensamble más conciso en los temas”.

Con bases programadas, el músico imagina sumar baterías a los recitales así como serán bases orgánicas en sus próximas grabaciones. “Como estábamos tocando bastante seguido, me parecía re piola tocar con computadora porque éramos re móviles. Pero ahora pienso meter un baterista y que se forme más un sonido”.

Con un solo tema publicado, Benitez tiene en ciernes un plan. “Tengo nueve canciones que son tres de cada estilo. ´Una luz´ (compuesta junto a Fran Chiabudini) tiene una tristeza suave, un concepto sad. Después está el EP, “La idea de perderme”, que va a tener un single que se llama “Madonna”. Lo compusimos con Germán Vázquez, de La Otra Cara De La Nada. Va a ser más bailable y rockero. Y después va a estar el tercero: “Por hacerme esperar”, con un estilo más synthwave, electrónico”. El músico ya tiene todas las maquetas pero su idea es grabar en un estudio. Entre los sonidos y la canción, busca “un poquito de las dos cosas. Me gustaría que a partir de la canción entiendan una historia que le puede pasar a todo el mundo, como el amor, como una amistad. Una letra que sea familiar. Y con la música que sea un poquito bailable o que tenga un riff que se te quede”.

Con un promedio de veinte años en la formación, Benítez piensa el lugar del rock en una actualidad donde predominan otros sonidos. “Yo creo que a menos en Aboyd estamos mitad y mitad. Mitad secuencia rockera, la otra mitad un poquito de todo. Así que creo que así debemos estar todos”. Y no muy conforme con el destino del under y ciertos ambientes del trap y la electrónica, enfatiza: “Hay que sacar el under para arriba, las guitarras, melodías para andar en patineta o bailar. Que aparezca el under sano… que puedas salir a un lugar y que no tengas a un policía vendiendo falopa en la misma joda”.