Por Ramiro García Morete

De Burdeaux a Agouleme, atardecía en aquel agosto. Con algún brebaje encima y las noticias cruzando el océano alguien gritó entre risas: “Argentina lowcost”. Como tantas cosas que pasan de un juego a algo serio, acabaría en una potente denuncia a pura guitarra y velocidad. La música y las bandas saben ser eso: un juego que se convierte en un asunto vital. Los pasajes cuestan caro pero el viaje -por citar una publicidad- es algo que no tiene precio.

Lucas debe saberlo. Un día antes del show de fin de año está frente al calor del plotter preparando las remeras para la fecha y para una nueva gira en el viejo continente. Dice que no usa la remera de su banda, pero no piensa la vida sin ella. “Es el lugar donde uno expresa lo que siente”, dirá sobre este sueño que nació más de dos décadas atrás entre Parque Saavedra y La Legión.

Si ya a los cuatro años Galo -quien sería el vocalista durante diez años- tocaba timbre en casa de Lucas, donde sonaban cosas como The Beatles. Hasta que llegaron The Ramones o Bad Religión. “Cuando uno elige su propia música y se pone una camiseta de una banda, lo querés mostrar al mundo”, dirá y entenderá que tocar esas canciones fue la motivación para tomar una guitarra.

Ya de adolescentes, edad en la que “jugás al fútbol o armás una banda de rock”, Santi (Casiasesino, actualmente) conseguiría un bajo, Galo tomaría la batería y su hermano Corin le prestaría a Lucas una eléctrica. Vendrían tiempos donde la rebeldía también se mezclaba con un ánimo festivo como una versión hilarante de María Elena Walsh.

También serían tiempos de clubes y autogestión, por lo cual puntos históricos claves como el 2001 y Cromagnón le propiciarían obstáculos para la continuidad. Cada vez más adentro del espíritu contestatario, las humoradas quedarían cada vez más relegadas por versos como tu cuerpo es tuyo/igual la decisión”. Aunque “Y que siga la fiesta” (2012) serviría como una gran celebración con grandes invitados de la escena punk nacional (y en eso incluiremos a Osvaldo Bayer). La partida de Galo y algunos cambios de formación no detendrían una marcha que finalmente “es una forma de vida”. La que comparten Lucas Sánchez (voz y guitarra), Ramiro Curras (voz y guitarra), Ricardo Fernández (guitarra y coros), José Coyette (batería y coros) y Juan Sakal (bajo y coros). Con las manos limpias, la boca llena de ideas y el corazón contento, Korso Gomes.

Lucas se muestra muy entusiasmado por la experiencia previa y la próxima de tocar en Europa: “En París tocamos en un lugar La Comedia, que es el barrio donde se crió Manu Chao, súper punk, muy copado. Ahí fue sorprendente para mí, porque vas a tocar y el idioma es una barrera muy fuerte. Pero la gente fue increíble. Este año tenemos 16 shows y la gira será con una camioneta compartida entre los franceses Kylt y El Sótano, banda también radicada en La Plata.

“Hay otro palo con la cultura rock, se respeta y se garpa. No te van a garronear una entrada o la remera. Y no sé si es una cuestión económica. Tienen otra mirada sobre la cultura. No digo que acá es una mierda y allá está todo lindo. Los chalecos amarillos están todos prendidos fuego. Pero tienen una mirada distinta sobre la cultura under”.

Como uno de los géneros o subculturas más importantes del siglo pasado, el punk sobrevive ante los nuevos sonidos: “Siempre estuvo al costado del sistema. Quizá en los 90 se puso de moda con Ramones. Pero después del 2000, sigue en la misma. Y los pibes hoy escuchan y hacen otra cosa. Hacen trap, beat box, se juntan en las plazas. Está buenísimo. Los tiempos cambian y está bárbaro. El rock no sé si es tan masivo como antes. Tiene que ver con el contexto económico, cuando no hay un mango y está mal deja de salir a comer o ver una banda. Querés ir a un barcito a ver una banda, te tomás dos birras y te sale una luca. Es complicado. Eso es muy fuerte. Y se notó en estos cuatro años de declive económico”.

A la distancia, el guitarrista y cantante analiza el contenido discursivo de la banda y aquellos gestos de humor. “Era otra época, éramos más pendejos. Pero el lado contestatario lo tuvimos siempre”. Y remata con risas: “Ya nos pusimos más grandes, ya no estamos para boludeces”. La formación actual (Jose en batería, Ricky en viola, Juan en bajo y a veces Ramiro en guitarra) propone algo “bien punk. Nuestra idea es ese punk tipo Bad Religion o NOFX. El disco anterior ya decidimos este camino y lo dejamos claro”.

“Para mí es una forma de vida -define el músico-. Siempre está ese momento que decís: no tengo ganas de ensayar, qué paja. Pero después cuando estás ahí es lo que amás, es lo que te gusta. Viajar y conocer gente. A mí la música me dio absolutamente todo. Amigos, mi pareja actual. Conocí gente de un montón de países. No concibo mi vida personal sin tocar. A esta altura de la vida… no pienso la vida sin Korso Gomes”

Tras su gira europea, el 22 de febrero Korso Gomes estará abriendo el show que Ska-P dará en Neuquén por Xanon.