Por Ramiro García Morete

“Abre el reloj y lo que encontrarás adentro será el color que pronto inundará lo que vendrá” (“La continuidad del tiempo”). De pronto el reloj parecía anunciar horas mejores. El mural de Luxor en la casa de Sicardi –Procrear mediante, obviamente–, ponía de manifiesto los colores que habían faltado hasta entonces. El amor de su compañera y la inminente llegada de su hijo Yaro, se sumaban a la satisfacción de haber concretado un disco tal como anhelaba. Atrás habían quedado muchos proyectos fallidos y sobre todo, casi quince años de tocar covers. De hecho así había debutado oficialmente en su natal Carmen de Patagones, cuando no le importaba que fuera una banda de cumbia de Villa Lynch: él quería tocar la guitarra eléctrica. Aunque también la batería, por lo menos desde aquellas visitas a la casa de Los Hornos donde su tío Diego –que tenía una banda de punk– tenía instrumentos. Enchufar y hacer sonar si saber siquiera acordes representaba la gloria. Curiosamente hoy, al frente ensambles de valiosa composición armónico, sigue basándose en la intuición que lo lleva a recorrer el diapasón.

Sería una Hyundai rojiza a los 12 o 13 la que iniciaría un camino sobre un mundo que lo fascinó desde aquel casete de La La La. Y es que Spinetta y Fito compartirían su altar junto a Charly, Lebón y Serú con el tiempo, aunque también cultivaría a los Cadillacs y los IKV. La decisión de dejar la escuela y costear con el empleo en un depósito su primera buena guitarra lo llevó no solo sumarse a aquella formación tropical sino a asumir una vocación que sería realmente completa a partir del 2011 aproximadamente. Si bien Tutuco era un proyecto de composiciones propias, ahora se acercaba a esa escuela de rock nacional que tanto le gustaba y rodeados de grandes músicos. En cierto modo comenzaban a cerrar algunas heridas, como aquella del 2003 que supuso varias operaciones y un dolor intransferible. Había sido poco antes que había llegado a La Plata. Más precisamente 2001, en el que –entre otras cosas– compondría “Años luz”. Y muchos años pasarían para que entonces algo así como la luz asomara con plenitud. Con ese título y una banda por sobre el solista abrevaría su lado más cancionero sin perder esa “sorpresa” que busca en las canciones. Piezas notablemente compuestas y ejecutadas, con cierto aire redentor y una poética precisa, para tomar tanto de Fito como de Serú y retratar su propio mundo. La firma al pie es de Los Pintores del Sonido y quién soñó esos colores, Juane Skrt.

“Está atravesado por un momento de mi vida que es mucho más luminoso” –introduce Juan Emilio Skrt comparando “Años luz” del 2019 con el debut del 2016–. Es verdad que son canciones, varias más alegres y que también son un poco más canciones. No tanto monstruitos armónicos”. Y agrega con tanto humor como honestidad: “Si yo pudiera componer como Serú lo haría, pero no lo logro. Hasta Como entre mis principales influencias está Fito, que tiene muchas y muy buenas canciones, me inspire un poco en esa estética y no en emular cuestiones spinetteanas y de Serú”. La conformación de una banda (Matías Gómez en teclados Juan, Manuel Baigorri en batería y Diego Jesús Gómez en guitarras) genera satisfacción en el guitarrista y bajista. “El primer disco fue claramente solista. De hecho fue un ensamble de cosas, porque la batería la grabó Juan Manuel Baigorri, baterista de Tropel. Yo toqué la viola y el bajo. Y hay teclados que están medio escondidos a cargo Mauro Cambarieri, es productor. En esa época cuando convoqué fue como cesionistas. Pero la situación del país y que los chicos se empezaron a comprometer con el proyecto hicieron que deje de ser solista y se transforme en una banda. A partir de ahí, nuestro tecladista se hizo cargo de la producción y por eso el disco tiene una inyección de todos. Grabamos lo que tocamos”.

A pesar de lo que se creería, Skrt dice no saber “nada de armonía. Yo compongo más por intuición. Solamente escucho y voy buscando ahí. Por eso algunas armonías que tenemos alguna no son tan habituales porque nacen desde ahí”. Si bien en los discos toca el bajo, “compongo con la guitarra. Este fue el primer año que dejé el bajo y tomé la guitarra. Empecé a sentirme más suelto para cantar. Me parecía un peldaño más es que yo me comprometiera con transmitir lo que estoy diciendo”.

Canciones como “Un arco iris en el inodoro” dejan en claro que su inspiración no solo se basa en su universo privado. “Creo que ahí está bien resumido lo que siento. Siempre voy a criticar a los políticos, al ser humano, a lo que somos. La mirada crítica constructiva tiene que estar siempre. Con el gobierno que pasó, el que viene y los que estuvieron. Criticas y proponer no es desestabilizar. Todo lo contrario. Hay gobiernos que se desestabilizan solos. La obra está atravesada por la realidad política y social. El que busca ese mensaje lo va a encontrar”.

Ya iniciado el lento proceso de un tercer álbum, Skrt disfruta de su presente. “El éxito es lo que tengo ahora. De hecho estoy tocando con músicos de un nivel realmente que no pensé. Estoy compartiendo la banda con músicos… me llena de orgullo y sorprende. Es u mimo muy grande que estén comprendidos con este proyecto y que lo hayan hecho propio. Dejo de ser mío y es nuestro”.