Por Carlos Barragán

Clarín, sigo escribiendo Clarín después de todos estos años. Y otra vez voy a tener que escribir 678 después de tantos años. Al final entre ellos formaron un binomio que no se ama pero que no se divorcia porque el más poderoso no quiere porque le conviene. Esta vez es Félix Crous la víctima de este par monstruoso, el hombre designado para estar a cargo de la Oficina Anticorrupción. Un tipo con una vida profesional que se puede definir de intachable si nos da pereza andar buscando otro adjetivo que hable de largos méritos y virtudes. Lo intachable, la falta de tachas, de manchas, de defectos, es evidente para Clarín también, sin embargo, el diario le encontró una gran mácula, un pecado de los grandes, un hecho que lo hace sospechoso de corrupción, vileza, venalidad, bajeza y largos etcéteras: Crous iba como invitado a 678. Y tiene las pruebas del delito y las muestra. En un solo día hace dos publicaciones ( https://www.clarin.com/politica/nuevo-titular-oficina-anticorrupcion-asiduo-invitado-678_0__K_4ZjUa.html y https://www.clarin.com/politica/video-felix-crous-agradece-final-ciclo-678-2015_3_P3HHnJog.html) que informan de esta situación que quién sabe si no debería inhabilitarlo para tareas que se reservan para personas probas.

Sinceramente, no tuve ganas de leerlas. Es fácil saber de qué se trata con solo ver los links: en uno es un asiduo invitado y en el otro agradece a 678. Crous, visitante demasiadas veces, demasiado amigo del programa, es evidentemente otro secuaz corrupto, cómplice de aquella fechoría imperdonable. Así llegamos a 2019, ganamos las elecciones reivindicando nuestro ideario, nuestras políticas, nuestras militancias, nuestros doce años en el gobierno, y entregándole a Clarín la victoria sobre nuestras convicciones al respecto de qué es una comunicación democrática y plural. Para no enojar de más a nadie, se decidió que 678 sería una especie de prenda de paz. Quizá no fue una mala idea, pero resultó ser una prenda de paz inútil, porque Clarín no conoce la paz ni el perdón ni la tregua. Clarín no se conforma con que le entreguen a nadie ni a nada. No por maldad, aunque la tiene, sino por la lógica que rige su actividad: la acumulación y la dominación. Dominar para acumular y acumular para dominar. Clarín no es una persona con quien se pueda conversar, tampoco es un país ni una empresa. Clarín es el enemigo de la democracia, el enemigo del bienestar, el enemigo de la paz, el enemigo de la información, el enemigo de la comunicación, el enemigo de todo aquello que le sirva para hacerse cada vez más grande, y el enemigo de todo lo que nos signifique más derechos y más libertad. Porque Clarín no es el gran diario argentino, sino la gran amenaza que el capital ejerce sobre la Argentina. Y esto lo saben muchísimas personas que eligieron confiar en este gobierno, las mismas personas que confiaron y confían en 678 y en quienes lo hicimos. Las mismas que saben que no hay muchas personas tan decentes como Félix Crous y que ahora deben ver cómo esta entidad mafiosa con terminales en mafias globales lo tatúan con los tres números de la infamia para ponerlo en remojo. Muchísimas personas, militantes, compañeros, y muchos no peronistas que simpatizan con las causas justas verán lo que está ocurriendo. Clarín y su máquina de picar gente digna –como Crous, como cada uno de quienes hicimos el programa– sigue andando a todo vapor mientras nuestros dirigentes calculan que es más barato olvidar esa batalla perdida. No entienden que esa batalla no la dimos las caritas que estábamos en la televisión; esa batalla perdida que dejó un aprendizaje que vale más que el oro la dieron millones de argentinos y argentinas. Esa batalla fue tan valiosa y avanzó tanto sobre el enemigo de la democracia que todavía hoy recuerdan el programa con un odio fundamental como el que solo le tienen a Cristina.

La política tiene una desventaja frente al poder real, el poder real nunca se deja amedrentar, nunca da un paso atrás, y si negocia es porque ya tiene planificada la traición y el contraataque. En cambio, la política necesita calcular y calcularse todo el tiempo, mira al poder y calcula el propio contrapoder, que siempre es menor. Y en esa dinámica insoportable ocurren errores, como fue el no poder ver dónde está y estuvo el contrapoder más eficaz y potente en estos años. Y dónde siguen estando otras claves y códigos secretos que sostuvieron a nuestro pueblo para poder llegar hasta acá. En algún momento yo también creí que era una buena idea esconder 678, porque finalmente irrita demasiado. Pero nada se puede esconder con Clarín, que es quien decide qué sale a la luz y qué queda oculto. Y ahora vemos que negar 678 es conceder que gente como Crous sea lo que Clarín dice que es. Y así será: cada uno de nosotros será lo que Clarín diga si lo dejamos en paz, creyendo que la paz le importa algo.