El juicio por el feminicidio de Lucía Ríos Muller que comenzó el pasado 9 de diciembre ya se encuentra llegando a su etapa final. Este lunes, los jueces Ramiro Fernández Lorenzo y Hernán Javier Decastelli y la jueza Cecilia Sanuchi escucharon los alegatos de la querella, la defensa y la palabra de la fiscal a cargo, Leyla Aguilar, quien destacó que el acusado es un «hombre particularmente violento», pidió perpetua y que se considere el caso como un feminicidio.

Los hechos se dieron en la mañana del 16 de septiembre de 2016, cuando Gustavo Arzamendía se hizo presente en la casa de Lucía, ubicada en Melchor Romero, donde la joven vivía con su familia luego de haberse separado de él, con quien había convivido alrededor de un año y medio. Allí, el hombre, doce años mayor que ella, insistió en retomar el vínculo, en que vuelva a vivir con él. Ella se negó y decidió ingresar nuevamente a su vivienda, pero dos disparos por la espalda la hirieron de muerte. Él escapó en su vehículo, pero fue detenido horas después. Aún conservaba consigo el arma.

Aguilar explicó que fue clara «la relación de desigualdad y de dominación del imputado sobre Lucía», por la edad y por el género.

Este lunes, Aguilar pidió para Arzamendía la prisión perpetua bajo la carátula de homicidio calificado, triplemente agravado por el uso de arma de fuego, por el vínculo y por tratarse de un feminicidio. En su exposición, la representante del Ministerio Público pidió que en la sentencia «quede claro que Arzamendía mató a Lucía por ser mujer», al tiempo que enumeró una serie de hechos de violencia física y psicológica tanto a la joven como a J. otra expareja que prestó testimonio. «Es un hombre particularmente violento», sostuvo la fiscal, quien detalló que ya había utilizado el arma para amenazar tanto a su exesposa como a Lucía.

En esa línea, Aguilar explicó que fue clara «la relación de desigualdad y de dominación del imputado sobre Lucía», por la edad y por el género, así como también la visión «estereotipada» del hombre, sobre la joven. «Quería que tenga un rol de mujer de casa, a la que ella se resistía», dijo la fiscal.

Por su parte, Sofía Caravelos y Sara Canepa, las abogadas de Claudelina, la mamá de Lucía, ratificaron los episodios de violencia previa, que incluyeron golpes y amenazas que no llegaron a denuncia. «Sabemos que no sirven para nada», le dijo Lucía a su madre cuando le descubrió moretones en su cuerpo.

Según destacaron las abogadas, en línea con lo expuesto por Aguilar, había una «idea de pertenencia» de Arzamendía sobre Lucía, en el marco de una relación de poder por el género y por la edad. En este sentido, el imputado le exigía a la joven que se quede en su casa y que abandone la escuela, pero ella se decidió por el estudio y culminó la relación.

En este escenario, Canepa ratificó la necesidad de que se aplique la pena máxima e hizo hincapié en «el efecto reparatorio de la sentencia en la familia de la víctima» y «el efecto pedagógico para la sociedad». «La muerte de Lucía Ríos Muller fue femicidio y en esos términos tiene que quedar en la sentencia», concluyó.

Por parte de la defensa de Arzamendía, en tanto, buscó descartar el vínculo de pareja, así como el contexto de violencia de género, al no haber denuncias. Al mismo tiempo, se afirmó que el hombre posee una «psicopatía» que le genera problemas para relacionarse, no con las mujeres «sino en vínculos de cualquier otro». En este marco, se exigió una pena temporal.

Sin lugar a más material probatorio y con los alegatos ya desarrollados, el 26 de diciembre a las 12 se conocerá la resolución de los magistrados, mientras que el 30 se hará lectura de la condena dispuesta.

«Fue femicidio. Es morir por ser mujer»

El 16 de septiembre de 2016 la noticia de la muerte de Lucía Ríos Muller sacudió a La Plata. Ese día sus compañeras del Liceo Víctor Mercante, que salieron a las calles para conmemorar un aniversario de la Noche de los Lápices, sumaron entre sus banderas lazos negros y pidieron justicia por Lucía. Hoy Zoe, Ludmila y Abril son las que encabezan, con la familia, el pedido de que sea caratulado como feminicidio.

«No tuvimos tiempo de parar y largarnos a llorar. Ese día salimos a marchar con la cinta de duelo y fue algo muy fuerte y no tuvimos ni tiempo para procesarlo», explica Zoe en las puertas de Tribunales a Contexto, con una remera que pide justicia por Lucía.

«Llegamos todos al colegio para marchar ese día y yo me acuerdo exactamente cómo pasó y me acuerdo que me crucé a ella (Abril) y le dije ‘me estás jodiendo’. Ella se enojó en el momento, pero fue mi primera reacción, porque no lo entendía. Y llegamos a la marcha y los que nos pudimos quedar nos quedamos y los que estaban mal se fueron, pero así como estábamos salimos a comprar cinta negra y salimos a marchar, y cuando llegamos al acto nuestras representantes [del Centro de Estudiantes] contaron lo que había pasado hacía apenas horas», agrega Ludmila.

«Nuestro pedido de justicia por Lucía lo estamos reduciendo a dos consignas: perpetua para Arzamendía y el cambio de carátula a femicidio»

En este intento de transformar el dolor en lucha y exigir justicia, las jóvenes motorizaron una masiva movilización en las calles de La Plata. «Organizamos una movilización con el Centro de Estudiantes de ese momento, una marcha que fue multitudinaria, de siete cuadras, para pedir justicia por Lucía. El apoyo que sentimos fue hermoso y emocionante. Hoy, como todos los días, justicia por Lucía», explica Abril.

Las amigas de Lucía piden a los magistrados que el asesinato no quede impune y que sea juzgado como un crimen de género. «Nuestro pedido de justicia por Lucía lo estamos reduciendo a dos consignas: perpetua para Arzamendía y el cambio de carátula a femicidio. Nos parece fundamental con la situación de violencia de género que sufrimos las mujeres. No podemos seguir invisibilizándolo; no podemos decir homicidio con el agravante del vínculo, porque fue femicidio. Es morir por ser mujer», concluye Ludmila.