Por Ramiro García Morete

“Se te vino encima la maroma de los pibes/ la noche del domingo que te subiste al pingo por rezongón,/ y te tiraste al piso, y pensaste que zafabas”. La noche del domingo 22 de noviembre, Luciano Novillo llegó a su casa de 2 y 48 con un mal augurio. Había fiscalizado en la Italiana y si bien lo presumía, los resultados de primera mano no alentaban sus esperanzas. Militante desde siempre, había pasado tres noches casi sin dormir y los mensajes de texto suscribían a la sensación que despertaba la pantalla. Aquel ballotage por una cabeza y el baile en el balcón -que definirá como burlón- del flamante presidente no solo lo irritaba sino que confirmaba la sensación de que nos esperarían cuatro años a cargo de alguien no muy apto. El pensamiento surgió instantáneamente. “El pensamiento”, precisamente, había sido la partitura que lo había fascinado a los 12 años cuando su madre compró el piano vertical. Nelly, su profesora, aceptaría que lo sumara al repertorio para su prueba y en cierto modo iniciaría el vínculo con un género al que volvería ya rondando los veinte, cuando Andrés Roa lo convocó para una formación que decantaría en El Batacazo. Este docente de música se hallaba entonces en su noche triste y con la picada atragantada, digiriendo el batacazo neoliberal. “Te mandaste la gambeta de tipo alegre y entrador/ y una parte de los pibes ni la cumbia te creyó./ Dale, dale inflate el globo, con suspiros y rezongos/ y llenale el buche al buitre carroñero igual que vos”. Una vez escrito el primer tango, Novillo leería la situación: se vendrían años de resistencia. Y la música sería un lugar de resistencia cuando los volantes y los carteles no habían podido contra los grandes medios.

Más específicamente desde el tango, la música que nació de las orillas y la emergencia social. Como la cumbia en los 90, comparará. Javier Mezquita en guitarra y Javier Li en violín se sumarían para darle forma a un repertorio de tangos criollos que remiten a los veinte y treinta, pero con sutiles (y no tanto a veces) alusiones a la coyuntura y un posicionamiento político con un léxico más contemporáneo. Desde la convicción más que desde la afrenta al bando contrario, el nombre -dirá entre risas- “va acompañado de una exhalación nasal, casi como resignación”. Pero no para bajar los brazos sino para tomar aire y seguir para adelante: Que lo Tiró.

“Es un grupo que utiliza el tango como herramienta para decir las cosas que tenemos ganas de decir, para expresar mediante la música, sea la letra o instrumental -introduce Novillo-. Queremos dejar bien manifestados nuestro ideales y posturas frente a cosas coyuntura. La política atraviesa todo lo social que tenemos a nuestro alcance”. Por el momento, el grupo tiene algunos temas que se pueden ver en YouTube o escuchar en Spotify y la idea no es editar discos, sino ir produciendo de a simples.

La elección del tango como medio decantó: “nos sale naturalmente para decir lo que queremos sin ser forzado, porque es lo que venimos mamando desde hace 20 años, porque consideramos que muchas cosas están atravesadas por él. Antes había otros recursos literarios y temáticos. Ahora son otras, pero que nos siguen atravesando. Desde lo social y lo paisajístico. Yo realmente siento que el tango está en toda nuestra literatura interna”.

Si bien Novillo escribe las letras, el trio diserta sobre ellas. “Revisamos mucho y también hacemos revisar. En un momento de cambio de conciencia y de deconstrucción constante. Más en el tango, un género tan de barrio y que refleja siempre la sociedad, donde a veces uno comete errores”. Y agrega: “El vocabulario es el nuevo lunfardo que se nos metió, generado no tanto por el tango sino por la cumbia, que es el nuevo motor del lunfa actual”.

El trío, para despejar cualquier duda, adoptó el mote de “Tango compañero” y hasta interpretan la marcha peronista. “También utilizamos el grupo como una forma de militancia. Algunos de nosotros militan de a pie, otros en agrupaciones. Todos lo somos cuando hablamos, en el almacén, en las redes sociales. Hasta el silencio milita. Es verdad que tiene una consecuencia y más en la música, que aspira llenar los lugares en los que toca. Y asumimos ese riesgo. Tratamos de ser lo más explícitos, para que nadie se sienta incómodo. Igualmente las letras son respetuosas”.

Novillo aclara: “No todas las letras tienen que ver con lo político partidario. Algunas son de amor o algo social. Tenemos esa licencia. Escribimos lo que salga en el momento”.

Qué lo Tiró se presentará el 6 de diciembre tenemos fecha en La Caipo (9 e/ 58 y 59) y unos días después tendrá una presentación muy especial el 10 de diciembre en Bancroc, Villa Elisa. La cita, a las 21, está pensada para aquellos que regresen del acto de asunción del nuevo presidente.

Precisamente, cuatro años después de aquel domingo, el panorama -si bien no idílico- es algo más esperanzador para Novillo y compañía. ¿Cómo incidirá en el proyecto? “Es un tema que nos ha sentado a pensar. Nace primero desde la queja, luego pasa a esta cuestión del entusiasmo y termina este año con la esperanza como motor. Pero eso que buscábamos llegó y lo hizo de una forma que tenemos que estar atentos. Porque se armó un frente en la que confluye mucha personas, algunas de las cuales estábamos desencantados. Se sumaron a un proyecto que pidió la gente y tienen que ser leales. Nosotros tenemos que estar atentos a nuestras líricas para ser leales a nuestra militancia. Se vienen uno o dos años difíciles. Va a ser fácil bajarle la esperanza a la gente y atacar desde los medios masivos. Esto ya no es partidario. Ahora es Neoliberalismo sí o Neoliberalismo no”.