España se encuentra ante un gran desafío que puede influir en el futuro de toda Europa: su futuro inmediato se dirime entre la concreción de un gobierno progresista compuesto por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Unidas Podemos, o un nuevo llamado a elecciones que abra la posibilidad a la extrema derecha franquista representada por Vox de consolidar su crecimiento.

El próximo lunes, Esquerra Republicana de Catalunya realizará una consulta a sus militantes y allí se sabrá si mantiene su voto negativo a la formación de un gobierno que encabezaría Pedro Sánchez o si se abstienen, permitiendo que el PSOE y Unidas Podemos conduzcan los destinos de España.

Para entender los desafíos de esta coyuntura, Contexto dialogó con Fran Casamayor, politólogo, analista y ex dirigente de Podemos.

¿Qué representa el acuerdo al que han llegado el PSOE y Unidas Podemos?
Para España –y, me atrevo a decir, para toda esta Europa de predominio neoliberal– este acuerdo representa la posibilidad de crear un modelo alternativo y demostrar que se pueden llevar a cabo políticas diferentes a las que se han puesto en marcha desde los mercados financieros. Es un acuerdo apasionante para la mayoría de la ciudadanía progresista española y genera una gran ilusión.

¿Por qué y cómo surge este preacuerdo?
Este preacuerdo es fruto de lo que se venía sosteniendo hace tiempo por parte de diferentes analistas políticos y diferentes voces de la política, que señalaban que aquella España del bipartidismo ya no existe.

En estas últimas elecciones los españoles han votado de forma muy diferente. Este es un cambio que se venía marcando y acentuando en cada una de las últimas elecciones y que en estas se ha hecho mucho más notorio.

Estamos ante una España plural, y eso hace que se requiera un entendimiento. Eso es lo que ha ocurrido con este preacuerdo entre Unidas Podemos y el Partido Socialista. Y eso era lo que se estaba pidiendo en la calle, porque no se comprendía por qué dos espacios políticos, que pueden tener algunas diferencias, pero que tienen muchas similitudes, no se pusieran de acuerdo. Esa debería ser la norma en la izquierda: que a pesar de nuestras diferencias podamos ponernos de acuerdo. La derecha en eso no suele tener ningún problema: en cada una de las comunidades autónomas hemos visto que, a pesar de ser diferentes partidos, cuando llega la hora de conformar gobiernos se han puesto de acuerdo.

¿En esta ocasión se pudieron dejar esas diferencias de lado?
Creo que, en este caso, luego de las elecciones del 10 de noviembre los progresistas hemos estado a la altura de las circunstancias y hemos demostrado que en poco tiempo nos podemos poner de acuerdo. El problema es que para ello hubo que llegar a un punto límite en el que hemos tenido que ir a una repetición electoral cuyo resultado muestra que, a pesar de que el bloque progresista suma más que el bloque conservador, y la foto fija es que el Partido Socialista ha ganado las elecciones, al hacer un análisis dinámico de los resultados se puede decir que la derecha ha crecido y lo ha hecho por su parte más extrema, que la representa un grupo franquista (Vox) que obtuvo 53 diputados en el Congreso.

Eso ha acelerado los tiempos y nos ha hecho ver que no podíamos seguir más con este espectáculo en el que se tenía los intereses particulares, los intereses de partido, los interese de las formaciones, por encima de los intereses de país.

Argentina, por ejemplo, demostró que los intereses del país deben estar por delante de cualquiera de los intereses de cualquier dirigente, grupo o espacio político. Por eso en Argentina los sectores progresistas le pudieron ganar a Mauricio Macri.

Ahora, en España, estamos demostrando que también nos podemos poner de acuerdo y podemos presentarles al país y a Europa una opción de progreso, de esperanza y de futuro.

¿Cuál es el mayor reto que tienen por delante?
Sabemos que este preacuerdo requiere asumir la cuestión territorial, debemos asumir la plurinacionalidad de España. Porque para que este acuerdo triunfe necesita el apoyo o al menos la abstención de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), para ello el reclamo que está presente es el de que se reconozca que hay un conflicto político.

Pedro Sánchez ya ha reconocido que en Cataluña hay un conflicto político, y Pablo Iglesias siempre ha sostenido que la cuestión catalana solo se puede afrontar desde la política y desde la democracia, asumiendo que hay un conflicto político y que, por lo tanto, se necesita diálogo. Esquerra Republicana debe entender que solamente con el Partido Socialista y con Podemos puede pactar una salida democrática al conflicto.

Por eso hay que evitar unas terceras elecciones que podrían representar una oportunidad para la derecha y un golpe duro no solo para el Partido Socialista y para Unidas Podemos, sino también para Esquerra Republicana. Solo con un gobierno progresista en España se puede solucionar la cuestión catalana.

¿La consolidación de un gobierno progresista en España puede frenar el crecimiento de la derecha?
España tiene ante sí la posibilidad de mostrarse como un referente, como una alternativa ante la derechización de Europa. El 15M en España representó un tapón para el crecimiento de los movimientos de extrema derecha. Hoy, a pesar del crecimiento de Vox, que es una derecha franquista que proviene del Partido Popular (PP), la formación de un gobierno progresista puede hacer, salvando las distancia, un nuevo 15M. Un cortafuego para España y para el resto de Europa.