Por Pablo Pellegrino

Después de permanecer casi cuatro años detenido, el empresario santacruceño Lázaro Báez, foco principal de las acusaciones por supuestas maniobras de corrupción en la obra pública durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, rompió el silencio con una explosiva declaración en el juicio oral por supuestas maniobras de lavado de dinero. 

Allí dio detalles sobre las principales acusaciones que pesan en su contra en esa causa, pero fundamentalmente acerca del involucramiento de la Agencia Federal de Inteligencia para que se convierta en «arrepentido» y se declare testaferro de la familia Kirchner. 

Luego de la comparecencia ante el tribunal, los diputados Rodolfo Tailhade y Leopoldo Moreau, integrantes de la Comisión Bicameral de Seguimiento y Fiscalización de los Organismos de Inteligencia, pidieron que «se cite de forma urgente al Sr. Báez» para que brinde la información que dio en la Justicia pero en el ámbito de esa comisión. 

«Soy una víctima de una campaña atroz de los distintos poderes reales de nuestro país. Esta campaña incluyó el encarcelamiento de políticos y empresarios demonizados por los medios sin pruebas, sin motivos serios», fueron las primeras palabras del empresario frente al tribunal. «No soy tan engreído como para creer que toda esa campaña es por mí. En realidad fui uno de los elegidos para poder atacar el modelo de país inclusivo, justo y soberano que soñó Néstor Kirchner», añadió. 

BAEZ: «Soy una víctima de una campaña atroz de los distintos poderes reales de nuestro país. Esta campaña incluyó el encarcelamiento de políticos y empresarios demonizados por los medios sin pruebas, sin motivos serios».

«Fui, soy y seré amigo de Néstor Kirchner», enfatizó Báez, aunque afirmó: «Esto no quiere decir bajo ningún concepto que yo fuera su testaferro, ni de él ni de su familia». «Me hicieron tan tristemente famoso que con solo decir Lázaro ya se sabe de quién se habla», manifestó. 

El empresario dijo haber sido «amedrentado casi a diario» durante los casi cuatro años de prisión que lleva desde abril de 2016. «Fui acosado por el servicio de inteligencia a la orden del actual gobierno, quienes realizaron múltiples amenazas y todo tipo de aprietes para que involucre al peronismo y a la expresidenta», señaló. 

Incriminar a CFK

Báez dijo durante la declaración que las operaciones de los servicios de inteligencia comenzaron a pocos días de haber sido detenido. Ante el tribunal que realiza el juicio, afirmó: «La frustrada operación comienza a los pocos días de mi detención, en abril de 2016, cuando me llevaron a un supuesto control oftalmológico que no tenía previsto en el Hospital Penitenciario Central. Cuando estaba esperando al médico, se me acerca una mujer muy bien vestida de unos sesenta años de edad acompañada por dos hombres de traje. Ella se identifica como la doctora Balbín, como enviada del presidente de la nación, Mauricio Macri, y que dice trabajar para la Agencia Federal de Inteligencia junto a la señora Silvia Majdalani». 

Balbín ya ha sido mencionada en otros expedientes judiciales junto a su hijo, Santiago Viola, con quien luego de la negativa de Báez lograron asumir la defensa de sus hijos. 

«Ante mi estupor, me siguió relatando que están allí para resolver mi problema. Me dijo que si yo colaboraba mis hijos no tendrían problemas y que se me devolvería gran parte de mis empresas y bienes y recobraría en forma inmediata mi libertad», amplió sobre ese encuentro, y añadió: «A cambio de esto yo solo tenía que convertirme en un arrepentido y decir que yo era el testaferro de la familia Kirchner, que todo le pertenecía a la expresidenta y que me encarcelaran inmediatamente». 

«También me advirtió que, de negarme a colaborar, el tema no sería solo contra mí, sino que mi familia sería la que sufriría las consecuencias y terminarían todos presos. Hablaba de mis hijos. Además me advirtió que mis empresas terminarían en la ruina, lo que a la postre sucedió», completó. 

Báez lamentó la aceptación de sus hijos para que el estudio Balbín asumiera su defensa, pero entendió que lo hicieron «por el dolor de ver a su padre injustamente preso». En este pasaje de su declaración, como en otros en los que se refirió a sus hijos, se quebró. 

El origen de la causa

En otro tramo de la indagatoria, que prometió ampliar si se lo permite el tribunal, Báez recordó el origen de la causa que comenzó en julio de 2013 con las declaraciones de Leonardo Fariña y Federico Elaskar en el programa Periodismo Para Todos de Jorge Lanata. 

En esa línea, recordó que durante aquellos días los dos personajes centrales de la historia se contradijeron al día siguiente de haber involucrado y calificado a Báez como testaferro de Néstor Kirchner, y retomó particularmente la historia de Elaskar, que ya declaró en este mismo juicio. 

En noviembre del año pasado, el financista Federico Elaskar, a diferencia de lo que había dicho durante el programa que dio origen a la denominada «Ruta del dinero K» cuando confesó haber lavado dinero a pedido de Báez, en el juicio apuntó directamente contra el equipo periodístico del ciclo y contra el sindicalista Luis Barrionuevo. 

En esa declaración, Elaskar mostró los chats que mantuvo con Nicolás Wiñazki, al que le pedía que no saliera la nota publicada. Además, pidió peritar su teléfono para corroborar los chats y las fotografías que tomó en un hotel donde lo alojó Barrionuevo. 

La versión del financista es que Barrionuevo le advirtió en 2013 que Lázaro Báez buscaba quedarse con su financiera «SGI», también conocida como «La Rosadita». «Barrionuevo me dijo: ‘Pibe, te van a matar, hablé con Lázaro y me dijo que te van a matar’», declaró Elaskar el año pasado, y mostró una emisión de un programa televisivo donde el gremialista se jactaba de haberlo tenido bajo su «protección» durante cinco meses. 

Sobreseimiento en Santa Cruz

Báez finalmente se refirió a las supuestas maniobras de lavado de dinero que llevó adelante y recordó que en una causa igual fue sobreseído por la Justicia de Santa Cruz. En esa línea, destacó que todo el dinero que manejaba era de su empresa Austral Construcciones, y que nunca fue propietario de Helvetic (una de las financieras señaladas como instrumento para el lavado) ni de SGI («La Rosadita»). «Si el único dinero que recibía Austral Construcciones era de la obra pública de Santa Cruz, ¿dónde encontramos dinero negro?», se preguntó. 

«Es decir que yo tenía dinero blanco producto de los pagos que generaba el Estado a través de partidas presupuestarias aprobadas por el Parlamento pero sin explicar por qué lo transformaba en negro. El absurdo no termina acá: ese dinero que era blanco y transformado por un rapto de locura a negro, vuelve a ser introducido en el sistema financiero para blanquearlo», añadió. Y concluyó dirigiéndose a los jueces: «¿Podemos seguir sosteniendo este absurdo?».