Por Ramiro García Morete

“Miro adelante y estás vos/ miro hacia atrás y estás vos”. La música siempre había estado y siempre estaría. Desde aquel casete de Pavarotti que con cuatro años escuchaba sentado chinito frente al equipo, cautivado por la vibración en el pecho. O las clases de guitarra con Eduardo Sarmiento, cuando aprendió no solo a tocar sino a escuchar disco. Ya se había fascinado por los Guns, Audioslave, Charly y otros, mucho antes de la Navidad en la que llegó la eléctrica Squier y de formar Bajo Cero, haciendo covers de los Arctic Monkeys. La música estaba atrás e iba estar adelante para Franco Di Pietro. Por eso siguió componiendo y subiendo unos videos a Facebook. Entonces llegaría el mensaje privado: “Armemos una banda”. Matías Danilin, baterista que conocía de Sabios Veladores y diversos eventos que había organizado de chico como el Asia Rock. Porque si bien uno había ido al Parroquial y el otro al Canossiano, la música siempre había estado ahí: en el corazón de Berisso.

Y mucho más cuando aceptó el convite y el primer ensayo incluyó a “un bajista que conozco”: Enzo Pujol, cuyo oído absoluto facilitaría las cosas de entrada. Hacia atrás, hacia abajo y hacia los costados, sus tres casas formaban una suerte de triangulo perfecto. El número tres que los marcaría tanto desde las bandas que cultivaban (Divididos, Carajo), el sonido que va más allá de la estadística (power trío) y el nombre que remite a una criatura de tres cabezas. Aunque entre los recreos de ensayos, las primeras invitaciones a cumpleaños y las experiencias compartidas resignificarían el nombre, porque –en palabras de Franco– “tenemos distinto cuerpo pero una sola cabeza: pensamos lo mismo en lo que queremos hacer”. Y la idea estuvo clara de entrada. Más allá de aquel primer demo para presentarse en el clásico Raíces, se tomaron un buen tiempo para pulir su fusión de hard, funk y canción hasta estar aceitados para concretar en Mirífico un disco sólido y poderoso: Fricción. Ese movimiento entre personas que en la portada se representa con una parte de sombra y otra de luz atraviesa un álbum que versa sobre los vínculos y los “estados emocionales”. Con más ganas de abrir las puertas de nuevos lugares que cuidar las del infierno, Cerbero.

“Somos una banda que cuando nos formamos nuestro objetivo era lograr un disco que sonara bien, que nos guste, que nos sintamos orgullosos del trabajo final”, cuenta Di Pietro. “Estuvimos laburando básicamente en estos tres años ahorrando en las fechas, no nos quisimos apurar en grabar, queríamos que las canciones maduraran. En sonido y composición, pero nosotros también como músicos”.

“En Cerbero escuchamos estilos musicales distintos, cada uno tiene sus influencias. Lo que surgió es que por ahí hay canciones más rockeras, más power, más alternativas, más funk rock, más canciones melódicos, pero la obra en sí tiene una variación de estilo que no pierde la identidad”.

Respecto a las letras, “básicamente quisimos transmitir estados de emociones en relación con hechos sociales, vínculos, relaciones, cosas que pasan en la realidad que uno ve y siente”.

Si bien la banda tiene un sonido definido de power trío, Di Pietro está atento a las nuevas sonoridades: “Me fascina. Soy muy moderno. En las guitarras que grabé busqué un sonido moderno. Quise buscar un audio moderno en guitarra. Hay que ser abierto y escuchar cosas nuevas”. Y analiza: “La gente está acostumbrada a escuchar muy nítido y rico en sonido en la actualidad. El oído se está desarrollando, así que hay que aprender a entender eso. Ser abierto y saber utilizarlo”.

Con planes de hacer un nuevo videoclip (hasta el momento lanzaron Invisible), la banda planea llegar a nuevos lugares dentro y fuera de la ciudad para el año que viene. Mientras tanto se presentará este sábado a las 21 en Lugosi (11 e/ 59 y 60) en formato acústico: “Es un desafío. Y eso es lo que le hace tener ese gustito. Siempre quisimos mostrar las canciones nuestras y darle otra cara. Esa versatilidad de juego musical que también tiene la banda”.