El golpe de Estado fascista en Bolivia ha dado un paso más en la ilegalidad y se ha profundizado. En un marco de represión militar y policial, con grupos paramilitares que hacen listas «como las hacía Pablo Escobar» (como lo definieron los propios golpistas) para perseguir a dirigentes políticos y sociales, sin el quorum necesario para que la Asamblea Legislativa sesione y en clara violación de la Constitución, la vicepresidenta segunda del Senado, Jeanine Añez, se autoproclamó presidenta de Bolivia.

La autoproclamación de Añez fue celebrada con euforia por una de las caras visibles del golpe, el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, el líder fascista Luis Camacho.

Con el apoyo de los medios hegemónicos de comunicación, la complicidad de los líderes de derecha de la región, el silencio de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la evidente directiva del Departamento de Estado de Estados Unidos y la élite gobernante norteamericana, la autoproclamación de Añez busca crear una mascarada democrática para intentar disfrazar el golpe de Estado.

A través de la su cuenta de Twitter, el legítimo presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, denunció: «Se ha consumado el golpe más artero y nefasto de la historia. Una senadora de derecha golpista se autoproclama presidenta del senado y luego presidenta interina de Bolivia sin quórum legislativo, rodeada de un grupo de cómplices y apañada por FFAA y Policía que reprimen al pueblo».

«Denuncio ante la comunidad internacional que el acto de autoproclamación de una senadora como presidenta viola la CPE de Bolivia y normas internas de la Asamblea Legislativa. Se consuma sobre la sangre de hermanos asesinados por fuerzas policiales y militares usadas para el golpe», remarcó.

Por último, Morales explicó que «esta autoproclamación atenta contra los arts 161, 169 y 410 de la CPE que determinan la aprobación o rechazo de una renuncia presidencial, la sucesión constitucional sobre presidencias del Senado o Diputados y la Supremacía de la CPE. Bolivia sufre un asalto al poder del pueblo».

El rol de Estados Unidos y la élite gobernante norteamericana detrás del golpe de Estado en Bolivia se evidencia no solo en las lamentables declaraciones del presidente Donald Trump al celebrar el golpe, también lo hace en la participación velada –pero cada vez más clara– de los senadores ultraderechistas del Estado de Florida Marco Rubio, Bob Menéndez y la ex representante republicana Ileana Ros-Lehtinen, como así también en las acciones y los silencios del secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien volvió a convertir a ese organismo en un «ministerio de colonias de los Estados Unidos», y la complicidad directa o indirecta que los mandatarios de derecha de la región, que han trabajado claramente como alfiles de las políticas de Washington en cada uno de los procesos desestabilizadores.

En relación con el comunicado del Departamento de Estado en el que se celebra el golpe de Estado en Bolivia, en declaraciones durante una entrevista en Radio 10, el presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, aseguró: «Estados Unidos retrocedió décadas. Volvió a las peores épocas de los años setenta, avalando intervenciones militares contra gobiernos populares elegidos democráticamente».

Por su parte, en claro contraste con la posición del mandatario argentino Mauricio Macri, el Congreso argentino repudió el golpe de Estado en Bolivia. Cabe recordar que tanto Macri como el canciller Jorge Faurie, siguiendo el libreto trazado por Washington, se negaron a hablar de golpe de Estado.