Se consumó el golpe de Estado fascista. El presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, y su vicepresidente, Álvaro García Linera, presentaron las renuncias a sus cargos para que la oposición ponga fin a los hechos de violencia que desataron en todo el país.

La oposición, encabezada por el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, el fascista Luis Fernando Camacho, y el ex candidato a presidente Carlos Mesa, desataron la etapa violenta del golpe de Estado contra el gobierno de Morales.

La Policía se amotinó, se autoacuarteló y, en primera instancia, las Fuerzas Armadas se negaron a intervenir; luego se sumaron a los sectores que pedían la renuncia del presidente.

Los grupos de extrema derecha comenzaron a realizar ataques de carácter fascista y racista contra todo aquel que «identificaran» como seguidor del partido de gobierno, atacaron los medios de comunicación estatales y –según denuncian varias fuentes– amenazaron y secuestraron a familiares de ministros y diputados para obligarlos renunciar.

Las hordas fascistas lanzaron una cacería contra los militantes del partido de gobierno, el Movimiento al Socialismo (MAS).

El golpe contra Evo Morales es un golpe contra la democracia de toda América Latina.