Por Ramiro García Morete

“Ahora comprendo lo que pudo haber sido/ Tocando un rock n’ roll para poder olvidar/ Los hechos del futuro fluyen como un río/ Acá estoy vivo, allá morí ayer otra vez”. En una pizzería de La Paternal, en marzo del 2013, las palabras del baterista fueron un baldazo de agua fría: “No puedo seguir más”. Apenas meses antes, habían editado el primer disco con un sello. De pronto el resto de los compañeros se acoplaron a la decisión de no seguir. Volviendo en el Plaza con su Les Paul y la pedalera, el mundo se le vino abajo. Una vez asimilado el golpe, revolvería algunos cuadernos con viejas letras. Puede que estuviera aquel que consevaba desde la primaria con la foto de Axel Rose. De hecho habían sido los Guns una de las bandas que llamaron su atención de niño, igual que cuando un sábado vio por TV un show donde Iggy Pop terminó desnudo. “Yo quiero ser eso”, pensó. En su hogar de Junin solo sonaba la radio y su padre se dedicaba al fútbol. Sin embargo a los tres él ya tocaba la “batería” con unas latas de pintura. Su entusiasmo crecería al punto de anotarse en el Conservatorio a los 12, poco antes de que junto a su abuela le regalaran la primera criolla. Sin embargo lo clásico no lo llamaba. Pasarían unos años hasta que finalmente pasara a tomar clases particulares sobre armonías y yeites de rock y la Washburn Stratocaster que aún utiliza con cinco cuerdas, afinada como Keith Richards. La que usaría para tocar y componer junto a Fieras Lunáticas, antes de emigrar a La Plata y estudiar traductorado de Inglés. Aun así no dejaría de formarse de modo autodidacta y de seguir componiendo. Por eso no dudaría mucho en aportar a esos cuadernos y en tomar clases de canto para largarse solo. “Aunque esté cansado de luchar y luchar/ La esperanza no se va a acabar” decía “Seguir”, una de las canciones que como “Cárcel de amor” no solo estaban esos cuadernos sino que acabarían el primer disco solista: “Destinos imposibles”. Se trataría de un relato sobre el desamor y la lucha por subsistir a través de la herencia del rock clásico. Sonido americano de Telecaster + Fender y les Paul + Marshal por cada lado sosteniendo canciones más ruteras y baladas mid-tempo. Un repertorio que le permitió armar una banda pero también ser defendido a solas, cuando entendió que no puede separarse de sí mismo. A menos que deje de tocar y al parecer, eso está muy lejos para Lucas Gunner.

El músico comienza hablando de su único LP, mientras ya tiene listas dos canciones prestas a salir. “Lo quiero mucho. Lo hice con mucha dedicación durante un par de años. Lo grabé en un buen estudio, lo produjo Javier Medialdea, y formé la banda que era un dream. Lo bueno para coronarlos fue el master en New York a cargo de Scott Hull, quien trabajó con Dylan o Sting”. Gunner no oculta la influencia del rock clásico: “A full. Mucha influencia de Led Zepelim, Guns Roses. Hay un blues rock, a lo John Lee Hooker. Pero siempre con toques más propios”.

Gunner desentraña la temática que atraviesa el trabajo: “Destinos imposibles es la historia de un flaco que terminó una relación y está tratando de encontrar su destino en la vida, no tanto en el amor. Es más amplio que eso. Un tipo que va caminando, tratando de salir de la oscuridad. Por eso el primer tema del disco es el resumen de la historia y el último (Ya no creo en el ayer) habla de mirar adelante”. Y así deja en claro que habla desde un narrador y no en su nombre: “Siempre hay cosas autorreferenciales y escribo en primer persona porque es lo que me sale. Pero no necesariamente son cosas que me han pasado sino pensamientos y también un personaje. No hay que confundir las letras con Lucas como individuo”. Y vuelve a definir la temática del disco: “No solo es el amor sobre un novio o novia, sino el amor a lo que uno hace”.

Respecto al material nuevo “el formato canción sigue. Ahora me metí en cuestiones más introspectivas. Hay una letra de un tema que habla sobre lo que hubiera sido yo de no dedicarme a la música e irme de mi ciudad. Gerente de un banco, con pibitos, en una casa grande y no rodeado de montón de discos y guitarras. Las letras son más introspectivas, más flasheras, más de lo psicológico y abrirse a otras cosas nuevas”.

Gunner considera que “Ya no creo en el ayer” (un guiño a Paul Mc Cartney) es la canción propia que más lo identifica. “Me gusta eso de ir para adelante, que lo que viene va a venir algo mejor. Mañana es mejor, como decía Spinetta”.

Pero como siempre es hoy, también piensa en el presente del rock de guitarras en relación a otras músicas actuales: “Yo me divierto yo. El día que deje veré. Es verdad que se escuchan otras cosas, pero de todos modos el formato de canción no va a dejar de existir. Sí cambió la manera de grabar o de editar música. En ese sentido me estoy adaptando. En la producción, que las canciones grabadas sean lo más moderno sin dejar el estilo”.