Por Ramiro García Morete

“Yo sé que nunca voy a cambiarlo, aunque la gente me diga lo contrario/ yo sé que nunca voy a cambiar/ aunque vos no lo quieras tu voz nunca me va a condenar”. Darío Coriasco no recuerda si era el día de la bandera pero tiene muy presente aquel acto escolar en el Picasso de Wilde. Mauro Comisso -al que se referirá como “prodigio” o “arquitecto del sonido”- no superaba los siete años y tocaba la guitarra criolla para todos los padres. Un concierto casi tan inolvidable como aquel de Maiden en la cancha de Vélez, ya de adolescentes, cuando los tres despotricaban contra la música más comercial y preferían pasar un viernes viendo un DVD de los Red Hot antes que entrar a un bar. ¿Los tres? Sí. Porque además de Mauro y Darío, Ezequiel Castelaneli también era del barrio Don Bosco de Quilmes. Y no había más de cinco cuadras de distancia entre las tres casas. Desde patear la pelota a pasarse juntos en el secundario a la técnica de Bernal, crecerían unidos. Y claro está, la música sería esencial.

En el 2009, cuando Darío se compró un bajo, la banda de covers “Solo por hoy” -que habían tenido sus dos amigos en la sala armada al fondo de la casa de Ezequiel- quedó al margen. Un mes de juntarse sin mayor objeto que tocar temas de Ramones devino en el entusiasmo de hacer algo propio o distinto. Igual que hoy, cuando proyectan un show interactivo o tratan de aportarle una vuelta de rosca al hard rock que ejecutan con pericia y énfasis. Canciones como “Esperando” corroborarían la seriedad del asunto. Y Sissy le pondría voz. Pero tras el EP “Gloria y Libertad”, el vocalista emigraría. Sin dudarlo, la banda se encargaría de no detener la marcha y buscar el cantante adecuado a sus pretensiones. Gabriel Juri tendría la técnica y la impronta para alcanzar las notas altas que las poderosas pero melódicas composiciones requerían. Riffs enérgicos y destacados, bases consistentes y estribillos reconocibles forjarían la identidad de una agrupación que tras su disco homónimo del 2015 daría un importante salto de calidad y audio en el 2018 con “Convicciones”. Toda una declaración de perseverancia y actitud que se mantiene sólida como su sonido y cuyo nombre es Tennessy.

Darío Coriasco compara sus álbumes: “El primero fue en un rejunte de todo lo que habíamos hecho en la banda y el segundo fue ponerse componer de cero. Pensar los temas para generar un disco”. Eso implicó una idea de relato a lo largo de Convicciones: “Contar una historia, que creo que es lo que se perdió un poco en la industria. El CD tiene dos etapas. Una más más oscura, con temas más sombríos. Y se va aclarando un poco a medida que transcurre”. La canción que da nombre al álbum, explica, versa sobre dar una mano a alguien que está mal y así la portada lo grafica: “Reflejar que las etapas oscuras o deprimentes son solo una etapa y que después viene lo mejor”.

En el 2019, la banda lanzó Acústico, dos reversiones unplugged (con videoclips) de su primer EP, donde remarcan el sentido melódico que yace bajo la distorsión. “Tratamos de salir de lo encapsulado que estuvo el género en los ‘80. Ese es el valor agregado. El estribillo tratamos de que sea pegadizo. No tratamos de hacerlo agresivo, sino que se te pegue”.

La composición sabe ser colectiva, aunque Comisso se encarga en gran parte de armar las maquetas, estructuras y melodías. Las mismas sugieren letras posibles, que en gran medida son resueltas por el bajista. “Nadie tiene la palabra definitiva. Cuando hay una letra se le buscan problemas para obtener la mejor versión”.

En tiempos de trap y reguetón, Coriasco reflexiona: “Es un plano objetivo, puede que sea un momento adverso para el estilo. La verdad es que no lo tomamos como excusa para decir que a la banda le podría ir mejor. Pero siempre tenemos la sensación y la convicción de que lo que hacemos le llega a la gente. Tenemos las certeza de que mucha gente que no es del palo del hard rock o el rock, le gusta lo que hacemos y nos aferramos a eso. En relación a lo que es la época uno puede ponerse a ver y criticar un montón de cosas que están afectando al estilo y la difusión de las bandas que tratan de hacer rock. Yo lo que veo son muchas oportunidades que antes no estaban. No sé cuántas bandas independientes hubieran podido antes sin las oportunidades de difusión como Instagram, YouTube, etc. ¿Cuántos nos habrían conocido y así mismo, cuando música poder conocer nosotros? Yo lo veo más como una oportunidad que como un amenaza”.

La banda prepara un cierre de año especial en Muta Bar (Avellaneda) el 14 de diciembre, donde el público tendrá la posibilidad de elegir de forma interactiva cómo se desarrollará el concierto en tiempo real. “La idea es empezar a hacer shows que agreguen valor y estar cerca de la gente. Así como las marcas se perfeccionan acorde a la demanda, creo que hay que hacer lo mismo desde la música. El año que viene cumplimos 10 años y los shows van a tener una idea que haga integrar a la gente”.

De cara a esa considerable cifra de vida, la banda -que cuenta actualmente con Agostina Cassisa y Marlene Luna como coristas- no pierde el entusiasmo. “A veces es difícil encontrar cómo motivarse, porque uno emprende distintos caminos y va obteniendo resultados que no espera. Somos una banda under que busca otra proyección y posicionamiento. Pero siempre estamos pensando que vamos a encontrarle la vuelta. Nos agarramos de la gente nueva, nos agarramos de la gente que nos sigue viniendo a ver. Estamos exactamente igual de motivados que al principio. Si bien las responsabilidades y tiempos son otros, el aprendizaje nos ayuda a elegir los rumbos y eso acorta los caminos para encontrar una salida”.