Durante su reciente visita a la Argentina, el exministro y actual miembro de la Asamblea Nacional de Ecuador, Pabel Muñoz, dialogó con Contexto sobre la compleja situación que vive su país. El reciente estallido social, la persecución política a los dirigentes del correísmo, el rol de los medios de comunicación, la crisis del modelo neoliberal en América Latina fueron algunos de temas que surgieron en la extensa charla.

Durante varios días vimos la gran revuelta popular en Ecuador y la dura represión del gobierno. Finalmente, el presidente Lenín Moreno acepto derogar el decreto que dio pie al estallido social y todo pareció calmarse. ¿Cómo está Ecuador hoy?
En este momento la situación en Ecuador es de una tensa calma. Pasamos por once días de movilización que fueron absolutamente activos, fuertes, dinámicos, con mucho protagonismo de los movimientos indígena y estudiantiles, también de una parte del sector de los trabajadores, de los movimientos sociales y de sectores populares.

Lamentablemente, esta movilización tuvo como saldo diez muertos, centenares de heridos y miles de detenidos. La Defensoría del Pueblo dice que el 80% fueron detenidos sin causa ni proceso alguno, violentando sus derechos.

A eso ahora se suma la persecución política. La fuerza que yo represento, la Revolución Ciudadana, tiene un asambleísta elegido por el pueblo que ahora está preso, una prefecta [gobernadora], Paola Pabón, también presa y cuatro asambleístas asilados en la Embajada de México en Quito.

¿Luego de eso Lenín Moreno optó por la derogación del decreto que imponía el paquete de medidas pedidas por el Fondo Monetario Internacional?
Esos once días terminaron en una negociación de la que hay dos lecturas. Los sectores sociales y el movimiento indígena entienden que se liquidó el decreto ejecutivo que quitaba los subsidios al combustible, por lo cual se generaba un incremento en la tarifa del transporte público y el aumento en los precios de las mercaderías por el encarecimiento del transporte de ellas a los centros urbanos. Por otra parte, el gobierno entiende que la negociación fue suspender ese decreto mientras se canalizaba y se procesaba otro acuerdo en la Asamblea Nacional. Esto hace que parte de los sectores sociales estén pendientes de si es necesario otro escenario de movilización, a pesar de que los perseguidos también están del lado del movimiento indígena (hay un conjunto de causas sobre algunos de los líderes de las marchas). En cambio, el gobierno ha seguido con una ofensiva neoliberal, al punto que en la Asamblea Nacional en este momento se está tratando una iniciativa legal económica donde se insiste en la agenda del FMI y que el gobierno calificó con «carácter de urgente», lo que implica que su tratamiento debe ser muy veloz.

Ecuador está en ese punto de tensa calma entre sectores que pueden volver a movilizarse si se insiste en la agenda neoliberal y un gobierno que no pretende seguir con los lineamientos del FMI.

Luego del estallido social en Ecuador ocurrió el de Chile, y en Argentina Mauricio Macri acaba de perder las elecciones. ¿Hay una crisis regional del modelo neoliberal?
Creo que el modelo neoliberal está en crisis en América Latina, pero va más allá de eso. Lo que está detrás de las movilizaciones en Chile, en Ecuador, incluso en otras partes del mundo como en Cataluña, tiene como foco la crítica a dos grandes elementos: por un lado, la crítica al modelo neoliberal que concentra la riqueza en pocas manos y extiende la pobreza en las grandes mayorías y, por otro lado, a la democracia liberal moderna que ni escucha ni representa. Con distintas intensidades, con sus matices en cada caso, la apelación es a esos dos elementos.

En Chile, el país que se había destacado como uno de los «alumnos aventajados» del neoliberalismo en América Latina, también su población sale a decir «nuestra protesta no es solo por el incremento de 30 pesos en la tarifa del metro, sino que son treinta años de un modelo que ha generado grandes niveles de exclusión, desigualdad y una población cada vez más empobrecida».

Pero, por el otro lado, insisto, está esta democracia que cada vez se queda más corta en representar esas expectativas, en especial de sectores como las mujeres y los jóvenes.

El viernes 25 de octubre Chile tuvo la que muchos calificaron como la movilización más grande de su historia, y allí se veía una gran cantidad de jóvenes que cantaban lo que considero un himno generacional: «El baile de los que sobran». La referencia que tiene eso es que para el modelo capitalista hay un conjunto de población que sobra: son los grandes desplazados, los grandes marginalizados de nuestras sociedades.

Cruje ese modelo económico, pero también hay un rescate de dignidad de los pueblos latinoamericanos como las protestas de Ecuador y Chile o los triunfos electorales como los de Bolivia y Argentina.

¿En Argentina, en Chile y en Ecuador fracasaron los gobiernos que creen que un país se puede conducir igual que una empresa?
En algunos casos se puede hablar de la existencia de una especie de «gerentización» de la política (en Argentina se usa mucho la figura del CEO, en Ecuador más la figura del gerente). Esta forma de entender la administración del Estado me parece que es errónea desde el inicio. El Estado no es una empresa, no es un negocio, no es una entidad financiera, no es una entidad bancaria, etcétera.

El Estado necesita estadistas, no gerentes. Por eso hay algunos perfiles que pueden ser muy buenos administrando en el sector privado, pero muy malos administrando el sector público, porque las lógicas son distintas.

Pero lo que sucedió en Ecuador es un caso absolutamente vergonzoso. En mi país se conquistó el voto popular con una propuesta de gobierno y, en cuanto se ganó, se implementó la agenda de los que perdieron. Ahí no se trata de un problema de mala administración de lo público, sino de traición. Eso es mucho más doloroso.

Es terrible que se esté implementando la agenda de los banqueros, que se estén privilegiando los intereses importadores en lugar de proteger el mercado interno, la industria nacional y la defensa del trabajo local. Es terrible que los medios de comunicación hayan cerrado filas alrededor de la figura de Lenín Moreno para permitirle hacer lo que él ha llamado «la descorreización del país», que no es otra cosa que una profunda desinstitucionalización y la persecución política.

¿Cómo se enfrenta esta crisis democrática en Ecuador, que además tiene estos niveles de persecución política?
No se necesita ser una dictadura para gobernar de manera autoritaria, y esto es lo que pasa en Ecuador. Ante la pregunta sobre cómo procesar esta crisis en el corazón de la democracia, no hay una respuesta fácil, porque debe surgir de un gran proceso de discusión de la sociedad ecuatoriana. Un proceso de discusión que no puede terminar con las movilizaciones, sino que se debe extender para ver cómo se representan mejor los intereses territoriales, la agenda de mujeres, los intereses de los sectores jóvenes y la agenda indígena. Todo ello es parte de un gran proceso de repensar la política.

Pero la crisis de representación es un tema, otro muy distinto es que quienes somos oposición en Ecuador no sabemos cuánto tiempo podemos estar libres. Tengo muchos compañeros que están presos sin que se les haya respetado el debido proceso, en clara ruptura del Estado de derecho. El vicepresidente, Jorge Glas, que fue electo con Lenín Moreno, está preso. Estuvo más de dos años con prisión preventiva. Se le acaba de dictar sentencia, así que recién se le permite apelar la decisión de los juzgados. Cuatro asambleístas asilados en la Embajada de México en Quito, entre ellos se destaca la figura la ex presidenta de la Asamblea Nacional, Gabriela Rivadeneira. Mi compañera prefecta de Pichincha, Paola Pabón, está presa.

¿Cómo se enfrenta ese panorama?
Es una situación muy difícil. Hay que tratar de manejar el miedo. Hay que ser una oposición inteligente y siempre democrática y poder extender nuestro discurso de la mejor forma posible. En Ecuador los medios de comunicación están cooptados por los intereses que hoy nos gobiernan. En esta entrevista puedo plantear estos temas porque este es un medio de comunicación de Argentina que me da esta posibilidad, pero no tengo a quién decir todo esto en Ecuador.

¿Cuál es el camino a seguir?
En primero lugar, vamos a seguir trabajando en la construcción de un gran frente progresista en Ecuador. Necesitamos estar todos unidos bajo un frente democrático, un frente amplio. En segundo lugar, vamos a seguir siendo oposición de la agenda neoliberal porque esa agenda no es conveniente para nuestro país y porque no es lo que la gente demandó en las urnas, y en tercer lugar trabajaremos duramente para que en 2021, cuando son las elecciones en Ecuador, podamos ofrecerle a la gente una alternativa que le permita recrear la democracia y repensar el sistema económico.