Por Ramiro García Morete

«Busca bien donde pensar / nada que no quieras / y lejos de volver atrás / Porque no estamos solos en este lugar». Hay un lugar que es –o en cierto modo dirá– «el barrio donde estoy cómodo». Como ocurre a veces –inclusive con el barrio– hay lugares de los que se parte para volver. Como La Loma, adonde regresó tras varios años en Capital Federal ya fuera tocando con Sortie o siendo baterista en Fantasmagoria. Igual que de niño, cuando sus padres cantaban en coros y en la casa sonaba desde tango, folklore, goldies y hasta un disco de Creedence. Su padre tocaba el acordeón, pero el primer instrumento sería la batería. Tomás, compañero de un colegio en el que nunca encajaría del todo, ya tocaba la guitarra con ocho años y lo incitó a formar una banda. A esa edad descubriría Zeppelin por su tío, Van Halen a través del hermano de su amigo y compraría su primer casete propio: Canción Animal de Soda. Sentarse en las baquetas le daría una perspectiva distinta y complementaria para animarse ya a escribir alguna canción más adelante. Como «Mariana», basada en un ser imaginario, que lo estrenó en la composición cuando integraba Shoel. «Aunque sea algo que invente refleja un espejo que canta cada frase», cantará en la actualidad y remitirá a una necesidad que siempre lo atravesó. O mejor dicho, un lugar: la canción. «La canción trasciende cualquier estilo. Después le ponés el traje que quieras», definirá. Aunque en su caso claramente esté marcada por el rock de los sesenta y los setenta, sumado a esos cambios armónicos tan personales que llamará «caprichos». Si bien ese sello se advertiría en el rock distorsionado de Sortie, todo un proceso tendría lugar un lustro atrás con un par de álbumes solistas que –según considera– encuentran su punto en el tercero: La Cicatriz. No se refiere a esos diez puntos que complicaron su mandíbula tras un accidente en bicicleta de chico, sino a algo que cierra un ciclo. Y naturalmente abre otro. Establecido como cantante y letrista, el multiinstrumentista condensó en un disco de cinco canciones un lenguaje sólido y propio alrededor de la canción de tradición rockera. Con su voz que combina lo rasgado del rock americano y cierta nasalidad británica, proyecta sus propias reflexiones existenciales y hasta versa sobre el poder en temas como Doce (El Rey). Reestablecido en la ciudad y con futuro disco en producción, Augusto Giannoni sabe que así como una cicatriz cierra una herida, una canción abre mil caminos.

«Este EP significa un cierre de una primera etapa», introduce Giannoni. «Una cicatriz de los primeros discos. El primer disco fue un experimento del sonido que buscaba, en el segundo se forma un poco más. Y aquí logro en esas cinco canciones llegar al sonido que estaba buscando. Las letras tienen una profundidad distinta. Después eso se va a transformar y va ir evolucionando. Pero sí sienta una base donde empezar, una base creativa».

Y lo define: «el lugar de mi voz, el modo de decir las cosas, el barrio donde estoy cómodo creativamente. El sonido sale primero desde lo creativo y después se potencia en el estudio. Porque el estudio no hace magia. Aunque con Marcelo Suranitti (ingeniero de grabación, mezcla y mastering) lo logré potenciar».

Giannoni entiende que lo logró trabajando, componiendo y probando. «También leyendo y retroalimentándome con otras disciplinas. Más que nada por una cuestión de trabajo para ir mejorando. Para esas cinco canciones otras que quedaron el camino».

El músico se siente afín al rock clásico: «Me gusta ese sonido. Pero siempre desde la canción. A nivel audio me gusta ese sonido clásico». Y extiende: «Como que crecí musicalmente de chico con esos conceptos. De rock, folklore, tango, cualquier estilo. La canción trasciende cualquier estilo. Después le ponés el traje que quieras. Y me gusta hacer lo que me interesa hacer. Más allá del momento sea otro o si está en cuestión el formato, me gusta mantener esa línea».

Sobre los tópicos que aborda, expresa: «Y no tanto. En las cuestiones existenciales está todo lo social. Lo atraviesa directamente. Siempre voy a opinar sobre lo que pasa. Pero prefiero hacerlo de una manera como más metafórica o entre líneas antes que algo explicito, que eso abunda».

Quien también tocó la batería en Plupart, cuenta que está trabajando nuevo material junto a Alfredo Calvelo y anticipa: «Se va a llamar Ángeles Negros. Tiene un espíritu de ying y yang. En las letras fui un poco más allá. Está como más espiritual y tiene un sonido con la acústica como base».

Los planes para lo que resta del año es terminar ese material y tras rearmar banda promocionarlo en La Plata y Capital. Giannoni se define: «Soy muy manija y aunque haya estado en momentos complicados, siempre tiré del carro. Las condiciones de esos momentos te ponían limites, pero siempre tirando para adelante. Nunca se me fueron las ganas».