Por Ramiro García Morete

“Condición sin la cual non (sic) es tener un grupo”. La Plata cumplía cien años y los milicos habían armado un festejo lleno de puestos y demás por calle 53. En el cine San Martin proyectaban “De Mao a Mozart”, film sobre la gira del violinista Isaac Stern en la que “se quería demostrar que los yankees son mejores que los chinos comunistas”. Hasta entonces, solo pensaba ese instrumento para tocar música clásica. Específicamente la Orquesta del Teatro Argentino, que tras el incendio ensayaba en el Anfiteatro. Esto vas a ser el resto de tu vida, sintió cuando a los siete años su padre le propuso tocar el violín. De adolescente también tocaría la guitarra, igual que hoy cuando complementa la composición en el editor de partituras Sibelius. La Máquina de Hacer Pájaros con Charly a la cabeza en el Astro había fomentado su gusto por el rock. Pero como bien dirá, ambos mundos iban por “distintos andariveles”. Lo cierto es que aquella tarde 1982 cruzó la plaza San Martín hasta que en la glorieta un grupo de jazz le “rompió la cabeza”: Swing 39. Comandado por Walter Malosetti, tenía un notable violinista llamado Héctor López Furst. El mismo al que le pidió instantáneamente el número en tiempos de teléfonos fijos. Y el que aceptaría darle clases de improvisación porque “viste que los que tocamos cuerdas estamos acostumbrados a tocar lo escrito”. Muy poquito después, conocería a un joven Néstor Gómez y surgiría Cordal Swing. El resto de la historia incluye una trayectoria no solo destacable sino amplia, yendo desde la música clásica a grabar con Patricio Rey. Sin embargo no hace tanto lograría finalmente conjugar esos carriles.

“¿Qué música tocás?, me preguntan. No sé”. Con un ensamble versátil y de calidad, el músico hallaría la formación perfecta para concretar esa música que, tal como cuenta, tiene en la cabeza. Y que ya suenan en función de este sexteto que abreva su amplio universo. En “Defectos espaciales”, los patrones rítmicos pueden ir desde el rock al candombe, desde el funky a la chacarea, desde el blues a la baguala. Pero lo que ocurre encima es una fusión de melodías que invocan a la fusión, el progresivo y la improvisación jazzera. Más allá del violín que es casi como una extensión de su ser, Sergio Poli es un compositor completo y versátil que -al igual que en sus acciones personales y políticas- piensa la música como un todo y de todos. Como algo que se comparte. Con su grupo y para aquellos que escuchen desde hoy en plataformas digitales “Defectos especiales”. El flamante álbum se presenta hoy a las 20:00, en el marco del Ciclo Cultural Uno Por Mes, que se lleva a cabo en el Auditorio de la Facultad de Bellas Artes, Diagonal 78 Nº 680, con entrada libre y gratuita.

“El tema del repertorio que te lleva de un lado a otro como zapallo en el carro, viene ya del disco anterior -cuenta Poli-. Con este ensamble cada vez más se van condensando las cosas que hice en toda mi vida. Cuando me preguntan ¿qué música hacés? No sé. No es rock. Tampoco es jazz. Quedé en un lugar intermedio. Del jazz tiene el costado de la improvisación. Del rock, hay mucho de la impronta”. La formación se completa con Maxi Abal (guitarras), Julián González (teclados), Santiago Epele (bajo), Daniel Viera (batería) y Potolo Abrego (percusión).

“Defectos especiales”, como se ha dicho, encuentra un sonido homogéneo y orgánico, registrado casi en vivo en una sola jornada en Mirífico, pero heterogéneo en ritmos. “Lo que define a un género es el ritmo, me enseñó Manolo Juárez. Después la armonía puede variar”.

Poli cuenta que suele componer con Sibelius, un programa de edición y escritura de música. La idea es no hacerlo desde el violín. “Procuro rajarme de él a la hora de componer. Rajar al automatismo de los dedos y lo que llamo memoria muscular. Después de 50 años que los dedos van solos. Eso te sirve para tocar, pero para componer tendés a repetirte. Por eso trato de escribir desde la cabeza”.

Poli cuenta que el disco no esconde ningún concepto y que el proceso fue natural, del mismo modo que permite que los músicos vayan tomando decisiones y colores. “Los tipos hacen lo que quieren. No empieza y termina conmigo. No es una obra de cámara del siglo XIX. Hay más libertades. El resultado es más que la suma de las partes”.

De cara a la presentación, no puede esconder el entusiasmo por la coyuntura: “Estamos ahí. Yo digo que este octubre fue muy especial. Arrancamos con Música x la Identidad. Luego el Encuentro Plurinacional que fue una maravilla. Hoy tengo el gusto de presentar el disco… y el domingo son las elecciones”.